Para cerrar mi comentario de la pasada semana sobre la situación de la vivienda y el transporte en el Gran Miami, comenzaré recreando lo que sería una gran ciudad plena de oportunidades de trabajo, pero carente de quienes realicen las funciones que le corresponderían a cada cual para hacerla funcional.
Buscando salida a un problema. (II)
Al paso que van las cosas será absurdo para quien viva en Kendall, North Miami o Naranja, aceptar una posición laboral en Downtown Miami, única y exclusivamente por el tiempo que le llevaría transportarse de un sitio a otro. Hoy día quienes logren hacer cualquiera de las travesías anteriormente señaladas, en las horas de mayor congestión vehicular, en menos de noventa minutos, puede considerarse dichoso. O sea, para cumplir con una jornada laboral de ocho horas hay que emplear once horas al mínimo. Ante esta realidad se presentan varios panoramas:
Miami se convertiría en una enorme metrópolis no funcional, solamente por el hecho de no contar con el personal que la ponga a funcionar, y no por falta del mismo, si no, por la dificultad de la traslación de este dentro del área metropolitana.
Otra posibilidad sería vivir en una ciudad donde solo tengamos viaductos elevados que enlacen con vías ferroviarias para facilitar el movimiento del personal, y eso sería ante todo desastroso para la esencia ambiental de Miami y demasiado costoso para llevarlo a la práctica.
Lo más plausible sería reestructurar la zona más antigua y dañada de la ciudad en una ciudad dinámica, concentrada y funcional, como demandan los tiempos modernos. Donde pueda operar un sistema de transporte sin mayores inconvenientes o dónde las personas sean capaces de trasladarse a sus trabajos en bicicleta o caminando en cuestión de pocos minutos; y no es que esté inventando el dulce de calabaza china, ya esas ciudades existen y están creciendo en nuestro condado.
En el Gran Miami podemos ver los primeros intentos en las ciudades de Kendall y Doral, por no decir que la ciudad de Hialeah representa, desde hace años, uno de los mejores ejemplos al respecto. La misma combina servicios para la atención de la salud, consultores profesionales, educación hasta niveles superiores, centros comerciales, restaurantes, hoteles, transporte municipal, centros de trabajo y vivienda para sus trabajadores (aunque en estos momentos también escasea); y Hialeah es una ciudad conformada primariamente por trabajadores, y sin duda alguna funciona para sus ciudadanos. Como dicen sus habitantes: “en Hialeah todo está al alcance de la mano en menos de cinco minutos.”
Ahora se inicia una nueva experiencia en la zona de Wynwood. Una compañía constructora acaba de comprar toda una manzana de propiedades para demoler las casas que actualmente existen en ella y erigir en su lugar doscientas viviendas y locales de comercio en edificaciones de servicio múltiple.
Esto significa que una zona deprimida se convertirá en el inicio de la ciudad del futuro en la ciudad de Miami. Wynwood goza de una excelente ubicación en el núcleo urbano. Rodeada por el Distrito del Diseño y el Distrito de las Artes, con importantes vías de comunicación y centros de trabajo en sus alrededores es el sitio ideal para el inicio de un gran cambio urbanístico. El temor de algunos vecinos es que luego de que finalice la construcción que se iniciará el año entrante, se quiera repetir el ejercicio, como efecto dominó, en el área; algo que no sería ilógico, ya que habría viviendas disponibles para ubicar a quienes quieran vender propiedades aledañas y no abandonar el área, la cual, sin duda alguna progresará.
¿Qué representaría para el ciudadano común este desarrollo y cambio de vida? Ante todo, mejores oportunidades de trabajo, mayores facilidades de locomoción, mejoras en la calidad de vida, mayores salarios y oportunidades de negocio, en fin, el progreso trae progreso y el que al mismo se enfrente quedará fuera del juego.
Tony Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.”
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