En una de tantas polémicas con los colegas de la familia Unanimo Deportes, me llegó a molestar, incluso, la manera como algunos se empeñaban en decir que el técnico del Napoli, Genaro Gattuso, sólo aparentaba querer ayudar al Chucky Lozano.
Chucky eliminó los fantasmas
En aquel entonces, y ante la irregularidad del Chucky, mi compañero Alberto Pérez Landa acusaba sin cesar al técnico napolitano de falso y mala fe.
Lo cierto es que para el momento que se vivía, Lozano no terminaba de encajar y rendir con consistencia y pese a algunas apariciones positivas, incluso llegando al gol, no era el jugador importante y titular habitual que es hoy en el inicio de la Serie A.
Gattuso dijo en su momento, y con la seriedad que lo caracterizó siempre dentro y fuera del campo, que iba a trabajar con el mexicano para ponerlo en el nivel que requería, y cumplió.
Atrás quedaron las teorías de conspiración y los millones de fantasmas que muchos resucitan acudiendo a la facilidad y a la enfermedad de la bandera, y denuncian discriminación.
Ese muy buen jugador que vimos en Pachuca y en la selección mexicana, y que después no dejó dudas en su paso por Holanda, a punta de trabajo y escuchando los ajustes que requería el técnico, que además lo ubicó donde mejor rendía, pasó a ser parte fundamental de su equipo.
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En el fútbol, como en la vida, claro que a muchos los discriminan y los ignoran más por animadversiones que por su talento, pero tampoco se vale llevar todo al victimismo, y me queda claro que el trabajo y la capacidad de asimilar los cambios y bajar la cabeza, terminan rindiendo frutos.
Que este ejemplo sirva una vez más para ratificar que, ante los malos momentos y conscientes del talento y la capacidad de cualquiera de los nuestros, los fantasmas deben ser aniquilados, y el trabajo y la disciplina son el camino a seguir.
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