¿Cómo nace un policía?
Fue mi abuelo quien me entregó el diploma que me acreditaba como detective de la República y en ese momento la directiva se puso de pie y la mitad del auditorio también
nCon esta excusa, mi abuelo me convenció para presentar los exámenes de admisión, que pasé sin mayor dificultad, y comencé el curso de detective que duró seis meses. Los alumnos debíamos quedar internados en la Academia, aprendiendo, entre otros temas, las Técnicas del interrogatorio, Criminología, algunas materias de Derecho, Tácticas de tiro, etc. n
nEstaba feliz y me estaba apasionando el mundo policial. Sin embargo, me creaba problemas la disciplina semimilitar que aplicaba la Academia. Este aspecto también lo había calculado mi abuelo. Creciendo solo, no tuve a nadie que me diera órdenes, y aun cuando fui siempre muy respetuoso, no era disciplinado. n
nEstuve tentado a renunciar al curso por este motivo, pero uno de los psicólogos del Instituto me explicó que la formación militar era únicamente para la Academia, con el propósito que aprendiera que en la institución es primordial respetar las jerarquías y la disciplina era un requisito fundamental en un cuerpo subordinado y armado. Decidí completar la formación y me gradué de detective. n
nEl día de la graduación, el auditorio estaba repleto de personas, en el estrado se ubicó toda la Directiva de la PTJ y el Ministro de Justicia. Cuando fui nombrado, hubo un salto en la secuencia del protocolo, intervino el jefe nacional de Investigaciones, tercer hombre más importante dentro de la Institución, para expresar unas palabras y presentar a un señor que estaba sentado entre el público de la primera fila: u201cSe trata de un profesor -explicó el jefe nacional de Investigaciones-, un perseguido político del régimen de Pérez Jiménez, que vivió en la clandestinidad hasta la caída del dictador. Más adelante con el nacimiento de la democracia, pasó a formar parte del equipo fundador de la PTJ, en ese entonces bajo el liderazgo del Dr. Rodolfo Plaza Márquez, donde se convirtió en profesor de profesores, fue director de Investigaciones, hasta que alcanzó como el cargo de subdirector de la institución u201d. n
nEstaban elogiando a un comisario general, profesor de todos los que estaban en el estrado: Honorio Aranguren. u00a1Se trataba de mi abuelo! Yo no lo había visto entre el público y fue una grandísima sorpresa. n
nCuando mi abuelo Aranguren subió al estrado, todos los profesores se pusieron de pie y lo saludaron y abrazaron con admiración y respeto. Fue mi abuelo quien me entregó el diploma que me acreditaba como detective de la República y en ese momento la directiva se puso de pie y la mitad del auditorio también. Acostumbrado a estas ceremonias, me hizo entrega del diploma con el protocolo adecuado, luego me abrazó fuerte y me dijo: u201cEstoy seguro de que lo harás muy bien. u00a1Que Dios te bendiga! u201d. n
nFue un día increíble e inolvidable. Sólo recordarlo, se me aguan los ojos y confieso que cuando estoy encerrado en mi calabozo, hasta una lágrima corre si me viene a la mente ese recuerdo. Sorpresas afectuosas como esa, en mi vida había recibido de verdad muy pocas.
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