Por lo que se ve, la política antiinmigrante del presidente Donald Trump no da tregua, ni esperanza de que el horizonte pinte mejor. Leía en Telam, la agencia de noticias oficial de Argentina, que el gobierno de Estados Unidos negó la entrada al país y deportó al artista argentino Juan García Mosqueda, cuando trató de ingresar a través de uno de los aeropuertos en Nueva York. García es residente legal de Estados Unidos y, desde hace diez años es dueño de una galería de arte.
¿Conoces el miedo?
Sin entrar en detalles de la descripción que hizo el artista sobre la situación que vivió, no quiero imaginarme lo que hubiese sucedido si el detenido hubiera sido un inmigrante sin el estatus legal para estar en Estados Unidos. ¡Lo que hubiese podido ser, Caballero!
Hoy por la mañana conversaba con una mujer mexicana, indocumentada, con una hija que es ciudadana de Estados Unidos. Me manifestaba su miedo ante el riesgo de ser encontrada por las autoridades y porque no se le permitiera ver a su hijita antes de ser detenida. Como ella hay cientos, miles de padres con el mismo tipo de inquietud. Me preguntaba qué podría hacer por lo menos para estar tranquila de que su niña estaría bien aún sin ella y mientras es posible reunirse con ella.
Lo único que se me ocurrió sugerirle, además de que consulte con un abogado especialista en inmigración por supuesto, fue que hiciera una carta certificada por un notario en donde deje claro con quién desea que permanezca su hija mientras ella está detenida y es llevada a México. Eso, le dije, es lo que por lo menos te podría dar la tranquilidad de que tu pequeña está con quien tú consideres la cuidará como si fueras tú.
Quienes tenemos la fortuna de no vivir la angustia que comparten los indocumentados, probablemente no comprendamos lo que significa vivir con miedo. Con temor a no volver a casa después del trabajo o de dejar a los niños en la escuela, con miedo al agente de policía que cuida la zona escolar los detenga por conducir a un poco más del límite de velocidad permitido.
¿Qué pasará con la nana de los niños de su vecino? Ella llegó a Estados Unidos con visa de turista pero, como la inmensa mayoría de los indocumentados, se ha quedado en el país mas de la cuenta. No imagino como pretenderían las autoridades encontrarlos. ¿Acaso emprenderían una “cacería de brujas” a partir de denuncias de ciudadanos? ¡Que lamentable sería que cayéramos en eso!
Sería un nuevo capítulo en la miserable cacería de inmigrantes indocumentados. Uno en el que podríamos convertirnos en lo más bajo al denunciar a quien viene en busca de oportunidades para trabajar y ganar dinero sin meterse en problemas ni cometer algún crimen mayor, tras haber entrado o permanecido en el país sin permiso. Porque, tenemos que reconocer que quienes lo hacen ya de por si violan las leyes de Estados Unidos.
No digo que tenemos que hacernos “de la vista gorda” y dejar que todos se queden o todos se vayan. Lo que creo es que generar una ola de pánico entre los inmigrantes indocumentados puede causarnos problemas con consecuencias igual de graves.
Imagine que los padres no lleven a los niños a la escuela por miedo a que “los atrape un policía o la migra” o que el mismo miedo les impida ir al médico o una sala de emergencia cuando estén enfermos. Creo que tan solo ese par de ejemplos debe ponernos a pensar que el hacer que la comunidad indocumentada viva con miedo, podría causar que a las reglas se les escape un tiro que le de al país un tiro en el pie.
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