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OPINIÓN

Creadores de miseria, se los demuestro con historia

Sea con Trump o con la gente de la Cuevita en la calle, tenemos de desaparecerlos del mapa, de la Historia no. Los cubanos no podemos olvidar esta plaga que nos auto impusimos desde enero de 1959, hace sesenta y siete años

Por Omar Sixto

Sigo revisando el texto de mi próximo libro, El tren de los egos, y a cada rato me tropiezo con algún dato que me demuestra, una vez más, lo próspera que era Cuba antes de la imposición del comunismo totalitario. Y no me refiero a lo próspera que era poco antes de que los cubanos le entregaran su destino a un narcisista desquiciado como Fidel Castro.

No, me tropiezo con datos de esa prosperidad que ya se daba en 1833, hace casi doscientos años. Cuando se planeaba la construcción del primer ferrocarril de Iberoamérica, que es de lo que trata mi libro, se calcularon los productos agrícolas que los trenes transportarían desde las fértiles llanuras del sur de La Habana hasta el puerto.

Y estos cálculos no son de toda la provincia, sino solamente de lo que se transportaría desde Santiago de las Vegas, Bejucal, Buenaventura y Melena del Sur. Un corto tramo del tren que por entonces proyectaban. Solo treinta kilómetros, menos de la mitad del ferrocarril a construirse. Se los muestro:

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Hoy, en mayo de 2026, los campesinos de esa zona sobreviven sin luz, sin aperos de labranza, sin semillas que sembrar, sin petróleo para riego, sin incentivos para producir. La tierra de nuestra isla sigue igual de fértil, pero si incluso un campesino logra sembrar y cuidar sus cultivos, cuando los coseche e intente vender los frutos de su trabajo llegará el Estado omnipresente, a través de sus inspectores o policías y se los decomisarán. Esto, si antes no se lo robaron los rateros, que abundan, durante la noche.

Luego la dictadura culpa a Trump, al "bloqueo" o a lo que sea. Todo menos ellos. Pandilla de inútiles, es ese Estado fallido el que se interpone entre los cautivos de la isla y la prosperidad, el obstáculo entre ellos y la libertad. Mientras esa Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba exista, nuestra bella isla continuará de rodillas, pobre, amordazada y reprimida.

Sea con Trump o con la gente de la Cuevita en la calle, tenemos de desaparecerlos del mapa, de la Historia no. Los cubanos no podemos olvidar esta plaga que nos auto impusimos desde enero de 1959, hace sesenta y siete años.

En 1834 Cuba no era independiente, pertenecía a España, pero su economía era libre y por ende próspera. Tanto lo era, que ya por entonces era el sostén económico de su metrópoli. Era más rica que España y la mantenía.

No era mendiga, como lo es hoy.

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