ESPECIAL
@DesdeLaHabana
Gobernantes de atrezo, emigración y eterna crisis, fotografía de un país
Cualquier intento de escapatoria al deterioro que azota al país, constituye una quimera para los cubanos de a pie que piden a gritos la dimisión de los gobernantes o una acción de fuerza que acelere el fin
LA HABANA. - Lo último que vio Tatiana, 37 años, desde la ventanilla del taxi antes de volar a Guyana, fue una ciudad a oscuras por los maratónicos apagones, a un grupo de vecinos quemando montañas de basura en las calles y a otros sonando sus calderos y gritando libertad.
Cuando en algún momento del verano de 2022 Tatiana decidió abrir un pequeño negocio audiovisual junto a su esposo, sus planes eran conformar una familia y prosperar en la tierra donde nació. No pudo ser. Las absurdas regulaciones, enmarañados trámites burocráticos y creciente corrupción se convirtieron en un campo minado insalvable.
“Tener un negocio en Cuba es estresante. Es como lanzarte de un avión sin paracaídas. El gobierno cambia las leyes sin previo aviso y hablar con cualquier funcionario estatal es igual a chocar contra un frontón. No tienen la menor idea de cómo funciona el mercado. Solo piensan en sacarte dinero”, confiesa Tatiana.
Dos años después, Tatiana cerró su tienda. “Después probé vender ropas importadas, celulares y perfumes. Pero no tuve suerte. Perdimos bastante dinero. A eso hay que añadir la crisis económica que empeora por año, las contradicciones de los gobernantes, que un día dicen que estimulan la apertura de comercios particulares y al siguiente culpan al sector privado del caos que vive el país”.
La mejor opción
La mejor opción fue emigrar. Ni ella ni su esposo tienen un plan de futuro. “Solo escapar de esta locura. Por muy mal que nos vaya, nunca estaremos peor que en Cuba”. Dejan atrás a sus padres, a sus abuelos y las costumbres familiares. Culpan al régimen por la miseria sistémica y la falta de libertades. “Sin reformas políticas no habrá transformaciones económicas sostenibles”, asegura Tatiana el día antes de viajar a Guyana.
En los últimos cinco años, alrededor de dos millones de cubanos han emigrado de la Isla. Huyen a cualquier parte. El destino preferido era Estados Unidos hasta que en 2025 la administración Trump prohibió el visado a los cubanos, revocó programas como el parole laboral y suspendió hasta nuevo aviso la reunificación familiar.
Se cerró la frontera norte. Pero la emigración no se detuvo. Cientos de miles salieron rumbo a España y otros destinos europeos. Una nueva ola migratoria que escapa del manicomio castrista se está asentando en Uruguay, Brasil, Chile, Argentina, Paraguay, El Salvador, República Dominicana, Guyana y Trinidad Tobago, entre otras naciones del continente americano.
La mejor inversión
Leodan, chef de cocina, afirma que “el protocolo habitual de muchas personas es abrir un negocio e intentar ganar dinero lo más urgente posible. Pero la mejor inversión es emigrar. Llevo tres años 'machacando en baja' (ahorrando dinero) en una paladar privada. Cuando reúna las 'balas suficientes' (los dólares), ojos que te vieron ir, no los verás volver”, y hace un gesto con la mano como si fuera un avión despegando.
Pero todos no pueden saltar la cerca. Carlos, operador de martillo neumático en una empresa de arreglo de calles, quisiera irse aunque sea para Haití. "Pero no tengo dinero y me toca jamarme esta salación de apagones de un montón de horas, diez o quince días sin agua y comer caliente de vez en cuando”.
Muertos de hambre
El salario de ocho mil pesos a Carlos no le alcanza para comprar dos litros de aceite. “Los que trabajamos pal'Estado somos unos muertos de hambre. El que no recibe dólares, es out por regla (pasa mucho trabajo). Estamos malviviendo. La situación es insoportable. Los dirigentes se han quitado la careta. No les da pena exhibirse gordísimos y bien jamados, con la gente flaca y hambrienta. Ya no basta con sonar cazuelas".
"Vamos a tener que alzarnos en una montaña. Dentro de dos o tres meses no habrá libreta (de racionamiento) y una libra de arroz costará 500 o 600 pesos. Sin comida, sin luz, sin agua, sin gas, sin dinero. Habrá que elegir entre morirse lentamente o revirarse contra el mayoral”, pronostica Carlos.
El descontento ciudadano es creciente. Giorvis, desempleado, está cansado de ver cómo Díaz-Canel se burla de la población."Hace unos días salió una foto suya en la prensa nacional, vestido como si fuera el padrino de una familia mafiosa. Con tantos problemas que tenemos, el gobierno quiere aparentar normalidad organizando eventos, marchas o decenas de parejas bailando casino en una plazoleta”.
Laura, ama de casa, cada noche se sienta en el portal de la bodega de su barrio a descargar (hablar) con sus amigas. “Esto es una tortura sicológica. Apagones de treinta horas y la poca comida que uno puede comprar se echa a perder por falta de frío. Cada vez que Díaz-Canel abre la boca o aprueba un plan, supuestamente para mejorar la economía, las cosas empeoran aún más. Tienen que renunciar. No van cambiar".
Morimos de hambre
"Por capricho y prepotencia, en esa guerra que sostienen con los americanos, están dejando que el pueblo se muera de hambre. Nos están utilizando de rehenes para que el mundo nos coja lástima y envíen ayuda que luego ellos se roban. Estamos viviendo en un campo de concentración a cielo abierto”, subraya Laura.
Yordano, bicitaxista, se sumó a seguidores de una iglesia evangélica. “Men, no es fácil ver a tu hijo lleno de ronchas provocadas por los mosquitos, en las noches de apagones y sin ventilador. He estado ocho horas echándole fresco con un trozo de cartón. Y mi hijo llorando por el calor y los mosquitos. Te juro que he salido a la calle con la intención de asaltar a alguien, quitarle el dinero o la moto eléctrica. No es fácil estar 'sofocado' (sin dinero) y sin futuro. Jesús me salvó de cometer un disparate”.
Luis Alberto devenga un salario de 5,300 pesos como obrero. Siente que su vida está al límite. “Después de salir de la fábrica, camino más de diez kilómetros vendiendo flautas de pan. Hago de todo. Lo mismo chapeo un cantero que boto escombros. Pero el trabajo honrado no me permite mantener a mi esposa y dos hijos. A veces pienso que es una pesadilla y en cualquier momento voy a despertar".
"Mientras los cubanos cada día estamos peor, al borde del abismo, el gobierno gasta millones en la celebración del centenario de Fidel, con invitados extranjeros, alabando a un socialismo de mierda que nos ha convertido en indigentes”, denuncia Luis Alberto.
Su calvario es similar al de muchos cubanos. Luis Alberto suele llegar pasada la medianoche a su precaria habitación en una cuartería habanera. A veces come un poco de arroz con una tajada de aguacate. Otras un trozo de pan. Cuando sale a trabajar no hay electricidad, al regreso tampoco. Antes de acostarse, va con un cubo plástico hasta un tanque herrumbroso a cargar un poco de agua para bañarse.
Luego coge dos maracas y las suena frente un altar. Ruega a Shangó que el pueblo cubano pueda librarse de la actual lacra gobernante. Se queda un rato cabizbajo postrado frente al trono. Después se persigna y se va a la cama. Está convencido de que sus orishas lo escuchan.
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