OPINIÓN

Cuestionada reelección de Lula, continuismo paradictatorial e inseguridad para las Américas

El mandatario brasileño, Lula, enfrenta acusaciones de fraude electoral, lo que genera incertidumbre en el continente y un Brasil dividido por su ideología política.

Por CARLOS SÁNCHEZ BERZAÍN

Luis Ignacio Lula da Silva, organizador del Foro de Sao Paulo y único fundador vivo del socialismo del siglo 21 -sobreviviente a sus mandantes Fidel Castro y Hugo Chávez- ha proclamado su triunfo electoral como presidente de Brasil por cuarta vez, con denuncia de “anulación de las elecciones” por Flavio Bolsonaro, el ganador de la primera vuelta. Por evidentes razones de impunidad Lula ha resistido dejar el poder y con su cuarta presidencia mantendrá un Brasil dividido, asegurará el continuismo del soporte a las dictaduras y la inseguridad para las Américas.

Los procesos electorales en manos del socialismo del siglo 21 han cometido tremendos y probados fraudes y manipulaciones en Venezuela, con Chávez y Nicolás Maduro, en Nicaragua con Daniel Ortega y Rosario Murillo, en Bolivia con Evo Morales y Luis Arce, en Ecuador con Rafael Correa, en Colombia con Gustavo Petro, en Argentina con los Kirchner y han sido denunciados en Guatemala, Honduras, Perú, México, y en todos los países de Latinoamérica. El cambio de sistemas, leyes, jueces subordinados, la manipulación de los registros electorales y la persecución judicializada de opositores para inhabilitarlos, han sido práctica común para manipular resultados electorales en la región.

El socialismo del siglo 21 ha trastocado las prácticas electorales cambiando la moral social. Con discurso populista han legalizado el soborno electoral promoviendo grupos colectivistas con incentivos económicos y en especie, han institucionalizado bonos desde el gobierno usando recursos estatales como fondos de campaña electoral, han regularizado el “asesinato de la reputación” de los oponentes y sobre todo practicado la división de las fuerzas de resistencia y oposición democráticas creando los “opositores funcionales”. La lucha por el poder siempre fue dura, pero reglas claras y jueces imparciales preservaban resultados que en manos del socialismo del siglo 21 son imprevisibles.

Lula es uno de los actores de la degradación y manipulación del sistema electoral en las Américas como líder del socialismo del siglo 21 o castrochavismo que lo ha impuesto, extendido y mejorado como su metodología, bajo la regla de Fidel Castro de que “el poder no se entrega”.

Además de la alteración paulatina del sistema electoral brasilero, de la penetración del sistema de justicia con incondicionales, Lula ha sostenido en las Américas todos los fraudes, manipulaciones y crímenes electorales con violación de derechos humanos, como el caso de su apoyo incondicional con sometimiento de la política exterior brasilera para sostener y buscar habilitar los crímenes del narcoterrorista Nicolas Maduro hoy sometido a la justicia, el actual apoyo a los dictadores Ortega y Murillo de Nicaragua, sus gestiones y viajes para preservar la dictadura de Morales y Arce en Bolivia, su apoyo a Petro en Colombia, su coartada del antiimperialismo y más.

Lula no entregará el poder, es la doctrina del dictador Castro y Lula es el último castrista con poder real. Tiene la misión de sostener el sistema de agresión permanente a la libertad y la democracia fundado en la delincuencia organizada trasnacional, que se viene abajo desde el cambio geopolítico iniciado por Estados Unidos en 2025. Los anuncios de anulación de elecciones de Flavio Bolsonaro tienen en contra el sistema, los jueces y los hechos consumados el “fait acompli”.

Los efectos del “triunfo de Lula” son muy graves para un Brasil dividido, que tiene en la inseguridad ciudadana por el crimen uno de los resultados del gobierno de Lula. La crisis de credibilidad institucional y la manipulación judicial. El miedo cotidiano se expresa en que “gran parte de la población, hasta un 81%, teme quedar atrapada en tiroteos urbanos” y que “cerca del 65% evita circular por las calles en ciertos horarios debido al riesgo”. El crimen organizado se ha estructurado en gran escala con el primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermello.

El soporte a las dictaduras de Cuba, Nicaragua y a la resistencia al retorno a la democracia en Venezuela y Bolivia están garantizados por Lula porque no tiene razones para cambiar lo que ha hecho durante sus tres gobiernos anteriores y su extensión con Dilma Roussef. Brasil es y continuará siendo el principal gobierno paradictatorial al servicio de la dictadura de Cuba y de todas las expresiones delictivas en el poder político y en retirada por la irrupción de los pueblos que quieren libertad.

La reelección de Lula es una señal a favor de sus protegidos y socios criminales —que celebran— como Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, Evo Morales y Luis Arce, Rafael Correa, Gustavo Petro, Cristina Kirchner, Pedro Castillo y sus grupos delictivos que siguen sometiendo y resistiendo por las armas y el narcoterrorismo la liberación de los pueblos. Es señal de inseguridad para las Américas que ya no son indefensas, pero también es recordatorio de que la lucha por la libertad no es fácil y sigue.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

www.carlossanchezberzain.com

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