Por PACIANO PADRÓN
De la defensiva a la ofensiva
Las fuerzas democráticas a la defensiva haN sido la constante en Venezuela ante la ofensiva del socialismo comunista en el poder, no solo en los últimos 20 años del régimen progresivamente narco-dictador, sino desde antes, desde el 4 de febrero de 1992, cuando el teniente coronel Chávez Frías se asomó al escenario con su fallido golpe de Estado. Son 27 años de agresividad e intimidación, de ofensas y arrinconamiento. Hoy muta la situación, cuando la alternativa de cambio deja la defensiva y salta a la palestra a poner los puntos sobre las íes. Es hora de ofensiva, y como pueblo lo estamos haciendo bien, bajo la conducción del joven Guaidó.
La defensiva, la actitud de resistir y rechazar la agresión, es de ordinario la defensa de lo que se tiene, sin proponerse un objetivo superior. Quien actúa a la defensiva espera el ataque para repelerlo, resiste el choque. Por el contrario, la ofensiva busca el objetivo donde se encuentre, toma la acción y la iniciativa, ataca, embiste, acomete e irrumpe, busca el asalto y toma de posiciones, procura el retroceso del adversario. Estamos cambiando de manera diametral, pensada, serena y sin precipitaciones, con la firmeza que da saberse con la razón.
Para la ofensiva es indispensable -lo dice cualquier manual de estrategia- la superioridad numérica y armamentística. Al instalarse la Asamblea Nacional el pasado 5 de enero, quien asumió su presidencia para la cuarta legislatura de este quinquenio, a sabiendas de que el país no tenía presidente electo para tomar la primera magistratura el 10 de enero -y a la vista del artículo 233 Constitucional- sabía que como presidente de la Asamblea debía ser presidente encargado de la República, mientras el pueblo elige en propiedad un nuevo conductor. Dijo entonces Guaidó que estaba dispuesto a asumir su responsabilidad, lo ratificó en discurso del 10 de enero, y añadió que no estando en democracia, teniendo que enfrentar a un dictador con apoyo del crimen internacional organizado, requería respaldo contundente del pueblo, de los soldados y de la comunidad internacional. Fue entonces cuando convocó el primer cabildo abierto en Caracas, para el día siguiente, 11 de enero. Como quedó dicho, para la ofensiva es indispensable la superioridad numérica.
El mensaje de Guaidó comenzó a entenderse, su posición de ataque, de ofensiva de las fuerzas del cambio ante el status quo. Los cabildos abiertos y las manifestaciones espontáneas comenzaron a surgir entre los venezolanos que están en la patria, así como entre los que están en la diáspora. Hoy las fuerzas del cambio son un río crecido, son una emoción hecha pueblo asumiendo la ofensiva. En pocos días la desesperanza se tornó en alegría, en expectativa, el alma volvió al cuerpo. La esperanza impulsa el cambio. En estos días ha crecido la solidaridad internacional, el desconocimiento a Maduro y el reconocimiento a la Asamblea Nacional y al Tribunal Supremo de Justicia legítimo como poderes de la República. Ya es evidente para todos que Maduro es usurpador y su gobierno jurídicamente inexistente.
El respaldo militar no se ve, ni debe verse hasta la hora precisa. Como ya está dicho, “los militares son leales al gobierno, hasta que dejan de serlo”, haciendo entender con esta perogrullada que los militares no anuncian su cambio de posición, sino que actúan llegada la hora. Estamos en los días. De la defensiva a la ofensiva para la construcción del país que queremos. Viva Venezuela libre.
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