@camila_mendoza
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Hace unos días el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner publicó una columna titulada: “Chile vuelve a las andadas populistas”. En dicho artículo replicado en diversos medios de comunicación, Montaner expresa su opinión sobre las multitudinarias movilizaciones generadas a lo largo de Chile, en las que millones de ciudadanos –de estratos sociales y rangos etarios transversales- han salido a marchar pacíficamente para exigir el fin de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones).
¿Qué ha pasado en Chile? ¿Por qué se quejan? Pregunta Montaner en su columna de opinión. Afirmando que existe una “creciente irresponsabilidad de muchos chilenos”, y expresando que “una parte sustancial de la población ha regresado a las andadas populistas caracterizadas por esgrimir derechos y evadir responsabilidades”.
De paso, y en el mismo texto, Montaner celebra el sistema de AFP y su mecanismo, manifestando su total incomprensión de las demandas que subyacen a las protestas que hoy siguen desarrollándose en Chile.
Como periodista, y como joven chilena que no pertenece a ningún partido ni coalición política, quisiera comentarle al señor Montaner el por qué surge la fuerte convulsión social que atraviesa mi país a raíz del sistema de pensiones.
En nuestra cultura sudamericana, donde el desorden es constitutivo de nuestro ser -desde el tráfico en las ciudades hasta la política-, desafortunadamente poseemos muchos sistemas viciados desde su origen. Y el sistema de AFP es uno de ellos.
Se trata de un sistema previsional fundado por el Decreto Ley N° 3500 en el año 1980. Época de dictadura militar en Chile, régimen antidemocrático del cual José Piñera Echenique (fundador de las AFP a quien usted menciona) participó activamente como ministro de Augusto Pinochet.
El peso moral o ético de este hecho, no es parte del debate; la magnífica preparación académica del señor José Piñera, tampoco lo es. Pero el resultado del sistema que él ayudó implantar de forma inconstitucional (punto importante sobre el cual se podría profundizar), eso sí es parte importante de la discusión.
¿De qué se quejan los chilenos?
Se quejan porque a diferencia de lo que usted señala Montaner, las AFP no son “un magnífico negocio para los presuntos jubilados”. Basta tomarse una hora para leer y analizar las estadísticas reales, escuchar el debate en el Congreso y a los líderes políticos y sociales -de cualquier posición política- para percatarse de que el sistema de AFP es un total fracaso en Chile.
Primero, se prometió que las AFP iban a pagar tasas de reemplazo cercanas al 70% del ingreso líquido de una persona. En palabras más simples, se dijo que las personas al jubilarse recibirían el 70% del salario líquido que percibían antes de retirarse.
¿Cuál es la realidad en Chile? La realidad es que los jubilados están recibiendo tasas de reemplazo del 30% en el caso de los hombres, y de 22% en el caso de las mujeres (cifra lejana al 70% proyectado por estas aseguradoras).
¿Qué ha traído como resultado esto? Que aproximadamente el 80% de los jubilados de Chile viven con pensiones inferiores a los 150 mil pesos (215 dólares), una cifra miserable que los condena a recurrir al Pilar Solidario (subsidio para la pobreza en la vejez), el cual la presidenta Michelle Bachelet dispuso en el año 2008 para ayudar a mejorar la precaria situación de los adultos mayores.
¿Por qué se ha tenido que recurrir a un Pilar Solidario, es decir, a recursos estatales señor Montaner? Porque el sistema de AFP se construyó para un país que no existe.
Primero, es un sistema edificado para personas que reciben altos ingresos, por tanto, para personas con capacidad de ahorro; y segundo, es un sistema concebido para personas que cuentan con trabajos estables en el tiempo, por ende, para personas que pueden cotizar de manera constante.
En resumen, el descontento popular del cual usted fue testigo en su visita a Chile, es un problema derivado del mercado laboral de mi país, que en su mayoría ofrece empleos precarios y en los cuales reina la subcontratación, que como usted bien sabe, es una de las formas más fáciles de burlar la ley, de transgredir y de vulnerar todos los derechos de los trabajadores, entre ellos, el derecho a cotizar para un retiro digno.
¿Por qué empresas extranjeras se llevan cada año millonarias comisiones fantasmas gracias a las AFP?
¿Por qué los directivos de las AFP no cotizan en las AFP?
¿Por qué en Chile no se siguen los principios fundamentales de seguridad social que recomienda la OIT (Organización Internacional del Trabajo)?
¿Por qué las Fuerzas Armadas y la Policía de Chile no se sumaron a las AFP, y actualmente cotizan y forman parte de otro sistema de pensiones (CAPREDENA y DIPRECA)?
Son temas que valdría la pena desglosar de forma seria y responsable antes de hablar de “populismo”, “irresponsabilidad sostenida” y “evasión de deberes”.
Montaner, usted que llega a miles o millones de lectores cada semana, por favor, no estigmatice a los chilenos y en particular a este movimiento social de esa manera; y la próxima vez que visite Chile, converse con la gente en la calle, con el trabajador común. Al final, las reflexiones más vitales y genuinas no se dan detrás de un escritorio, sino en las conversaciones con la gente.
Usted menciona, al finalizar su columna, la ilusión de alcanzar el “modelo chileno”, con “US$ 23 500 dólares de PIB per cápita”. Orgulloso se siente uno como chileno de los grandes pasos que ha dado el país, pero por desgracia Chile no es solo un listado de indicadores, cifras y estadísticas.
Los que hemos nacido y crecido en provincia sabemos que nada tiene que ver el país con ese exhibicionismo numérico y autoalabanza que ayuda a encubrir vacíos abismales, como el de las AFP o como el de nuestro sistema educacional, que no ha permitido a los estratos más bajos de la sociedad acceder a una educación de calidad, no gratuita, de calidad que pueda aportar a mejorar el capital humano del país.
La vida social y política de Chile no puede reducirse solo a cifras. Buscar acercarse o analizar la contingencia del país no debiese restringirse a escuchar a una derecha economicista que suplanta ideas por cifras, o a una izquierda que suplanta las ideas por consignas.
Agradezco de forma sincera que usted utilice su tribuna para hablar sobre la contingencia de mi país, pero vale la pena, todavía vale la pena escudriñar e investigar antes de referirse a “tembladeras populistas”, palabras que usted expresa -a mi juicio- de manera destemplada y sin filtro, casi como linchando a los millones de manifestantes en su columna que es replicada con vehemencia en el nuevo espacio público que hoy son las redes sociales.
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