Hay heridas que no se perpetúan por accidente, sino por decisión. Existen sistemas políticos que convierten el poder en patrimonio familiar y el Estado en una herencia. Cuando eso ocurre, deja de gobernarse una nación para administrarse un régimen. Los cubanos conocemos bien esa realidad.
De tal palo tal astilla
Cuando el poder se transmite por sangre, la libertad paga el precio.
Durante más de seis décadas, el pueblo cubano ha visto cómo una estructura de poder se ha sostenido mediante el miedo, la vigilancia y la represión. Cambian algunos nombres y algunos rostros, pero permanecen los mismos métodos: la persecución del pensamiento libre, el hostigamiento contra quienes disienten y la criminalización de la conciencia.
No es casualidad que en la Sagrada Escritura Jesús mismo afirmó: «La verdad los hará libres.» (Juan 8,32). No dijo que el silencio libera, ni que el miedo salva. Es la verdad la que rompe las cadenas…
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