El régimen que hoy encabeza Delcy Rodríguez no es un gobierno de transición. Es la continuidad disfrazada del mismo proyecto narcoterrorista que Hugo Chávez inició en 1999 y Nicolás Maduro continuó, y radicalizó hasta consolidarlo en un ilegítimo régimen narcoterrorista. La única novedad es la sofisticación de la táctica y la estrategia; ganar tiempo, lavar imagen y negociar con Washington, mientras explota las múltiples crisis globales que pueden distraer u obstaculizar el plan de Estados Unidos para Venezuela.
Delcy Rodríguez y la estrategia de supervivencia del chavismo
Cómo el régimen lava su cara criminal mientras gana tiempo ante Trump y el mundo
La última visita, del Secretario de Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, este 4 de marzo de 2026, y su recepción por el viceministro Oliver Blanco en Maiquetía, no es un gesto aislado. Es la pieza visible de una estrategia mucho más profunda.
Burgum, presidente del Consejo Nacional de Dominio Energético, llegó acompañado de empresarios estadounidenses interesados en minerales críticos y cadenas de suministro seguras. Blanco, ex militante de Acción Democrática, ex asesor de Henry Ramos Allup y fundador de medio de comunicación digital El Cooperante, fue elegido deliberadamente como cara presentable o fachada, para dar la impresión de que el régimen está dispuesto al diálogo y a la cooperación energética con cambios internos “plausibles” o no manchados por la criminalidad de los numerosos funcionarios integrantes del narco régimen.
Esta maniobra tiene antecedentes claros. Desde Chávez, quien utilizó las instituciones democráticas para destruirlas desde dentro, hasta Maduro, quien optó continuar con mayor represión abierta y el control militar total, el objetivo siempre fue el mismo, mantener el poder absoluto. Delcy Rodríguez, como encargada provisional del ilegitimo régimen, ha optado por una tercera vía, que podemos denominar la supervivencia híbrida. Ofrece estabilidad en el sector minero y petrolero a cambio de oxígeno financiero y tiempo político, mientras mantiene intactas las estructuras criminales que sostienen el régimen desde hace más de 27 años.
El contexto global juega a su favor como nunca. La guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, ya muestra costos altos para Estados Unidos e Israel después de solo cinco días. Retaliaciones en el Golfo, bajas reportadas y el riesgo de cierre parcial del Estrecho de Ormuz han obligado a Washington a priorizar el Medio Oriente. Paralelamente, Rusia continúa su invasión a Ucrania, China mantiene la presión sobre Taiwán y la alianza Irán-Rusia-China sigue fortaleciéndose.
Venezuela no es un espectador, es un nodo activo de ese eje, la bisagra de estas potencias en el Caribe contra EEUU. Suministra petróleo y componentes a Rusia; recibe cooperación militar con Irán (drones, misiles, inteligencia); ha suministrado uranio, que ahora se encuentra o ha determinado que ya ha enriquecido hasta el 60% en procesos no registrados, y vende minerales estratégicos a China. Hezbollah, brazo armado iraní, mantiene presencia histórica en territorio venezolano, entre otros grupos terroristas.
En este escenario, el plan estadounidense de tres etapas (estabilización inmediata, recuperación energética y transición política controlada) se enfrenta a un contratiempo estratégico. Delcy lo sabe y lo está explotando, como debe tenerlo presente con sus aliados Rusia, China e Irán, entre otros. Su objetivo es claro: sobrevivir hasta las elecciones de medio tiempo de 2026 en Estados Unidos o hasta que el desgaste de Trump por Irán y otros frentes obligue a Washington a aceptar una negociación menos dura.
El nombramiento de Oliver Blanco el 23 de febrero de 2026 como viceministro para Europa y América del Norte es la pieza maestra de esta táctica. No es un chavista histórico del PSUV. Es un ex opositor joven, con conexiones en medios y en la oposición tradicional. Su perfil empático y no chavista puro, sirve para apantallar la imagen criminal del régimen ante el Congreso, gobierno de los EEUU y la opinión pública estadounidense. Al recibir a Burgum, Blanco no solo facilitó la agenda energética, también envió el mensaje de que el régimen está abierto al diálogo interno y puede ofrecer estabilidad en un momento en que Washington necesita minerales críticos para su competencia con China y otras perspectivas actuales.
Mientras tanto, María Corina Machado tiene previsto regresar al país con un liderazgo moral y popular innegable. Su presencia es la mayor amenaza para esta estrategia de supervivencia. Por eso, el régimen ya prepara el contragolpe, posible acción judicial en su contra y busca seguir dividiendo a la oposición usando figuras alacranas como Blanco, creando un lobby oportunista ante EEUU y Europa que facilite una transición negociada y cosmética.
Venezuela no está viviendo una transición. Está viviendo una guerra de desgaste en la que el régimen busca convertir su derrota militar en una victoria política disfrazada. La historia del chavismo, como la de todos los regímenes comunistas-socialistas, nos enseña que estos no se rinden por buena voluntad. Se derrumban cuando se les cierra todo el oxígeno económico, diplomático y político, y cuando la sociedad civil y la diáspora los exponen sin tregua.
El tiempo corre. Si se permite que el lobby alacraniano se consolide, si se acepta una negociación energética que no condicione el desmantelamiento total de las redes criminales, Venezuela corre el riesgo de repetir los errores cometidos desde 1999 e incluso antes, y que le sirvieron de caldo de cultivo al difunto traidor para alcanzar el poder y emprender su proyecto hegemónico totalitario, un cambio de caras que deje intactas las estructuras profundas del autoritarismo. La comunidad internacional, la diáspora y los venezolanos dentro del país tenemos la responsabilidad histórica de impedirlo.
Por: Antonio Rivero G.
General de Brigada (r) y analista político-militar. Vive exiliado en Miami.
NULL
FUENTE: Antonio Rivero G./ General de Brigada (r) y analista político-militar.
