Los recientes eventos en Caracas no son episodios aislados. El sobrevuelo y aterrizaje de aeronaves MV-22B Osprey del Comando Sur (SOUTHCOM) en la Embajada estadounidense el pasado 23 de mayo, sumado a las declaraciones del Presidente Trump sobre considerar a Venezuela como el "Estado 51", marcan un punto de inflexión irreversible. Venezuela ha dejado de ser una plataforma de proyección antioccidental para convertirse en un territorio bajo una influencia estratégica estadounidense sin precedentes.
Como oficial con 30 años de servicio, formado en la defensa de nuestra soberanía, observo esta realidad con la complejidad que el momento exige. El desmantelamiento del proyecto totalitario que destruyó nuestra patria durante 27 años es una victoria histórica, pero la forma en que reconstruyamos nuestra relación con el mundo definirá nuestra existencia como nación en este nuevo orden geopolítico.
La Fase de Estabilización y el Control del Tablero
Desde la Operación “Absolute Resolve” en enero de este año, hemos visto una secuencia calculada de visitas de alto nivel; desde el Director de la CIA hasta el Departamento de Energía y del Interior, el Subsecretario de Guerra y el General Francis Donovan. Estos movimientos confirman un cambio radical, que no obedece a la voluntad expedita de reconocer, no errores sino sus crímenes, quienes han tiranizado a nuestra nación desde la llegada del difunto traidor al poder en 1999 y en franca enemista contra los Estados Unidos, bajo la predica ideológica marxista antimperialista. Obedece es a la imposición libertaria de un plan estadounidense y que nos encontramos en la Fase de Estabilización del plan.
El objetivo inmediato es asegurar la apertura petrolera como herramienta de sostenimiento económico global, permitiendo a Washington estabilizar los precios de energía y proteger su economía interna de cara a las elecciones de noviembre, dada la necesaria intervención contra la amenaza armamentista nuclear de Irán y su marcado apoyo al terrorismo islámico contra los Estados Unidos, Israel y países europeos. La sumisión del régimen provisional de Delcy Rodríguez, evidenciada en la entrega de Alex Saab y la apertura de instalaciones críticas, es la prueba fehaciente de que el control operativo ya ha cambiado de manos.
El Desmantelamiento del Enclave Euroasiático
El valor estratégico de este momento reside en desmontar definitivamente el posicionamiento que China, Rusia e Irán consolidaron en nuestro suelo. Durante más de dos décadas, el proyecto ideológico Chávez-Castro utilizó a Venezuela como una plataforma de proyección de potencias enemigas de la libertad contra los Estados Unidos.
A través del petróleo, se pretendió formar un bloque de naciones subordinadas a regímenes totalitarios o de izquierda en Suramérica (como Cuba y Nicaragua) para socavar la libertad y la democracia de Occidente. La seguridad hemisférica que hoy se plantea va mucho más allá del narcoterrorismo, se trata de recuperar la "cabeza de playa" de Sudamérica en la fachada caribeña y atlántica. Venezuela seguirá siendo un objetivo geoestratégico para estas potencias, y solo una alianza firme puede impedir que vuelvan a utilizar nuestro territorio para amenazar la estabilidad continental.
Hacia la Gran Alianza Estratégica Preferencial
En lugar de una anexión como el "Estado 51", narrativa que hoy sirve como herramienta de presión máxima pero que enfrenta inmensos desafíos legales, propongo una Gran Alianza Estratégica Preferencial. Un modelo superior que supere los acuerdos post-1945 con Israel o Japón, basado en el respeto mutuo y la seguridad común.
Los datos respaldan esta visión:
- Eficiencia Energética: Venezuela ofrece un ahorro del 20% en costos de transporte hacia las refinerías del Golfo frente a cualquier competidor del Medio Oriente, neutralizando la manipulación de precios de potencias hostiles.
- Blindaje Hemisférico: Consolidar nuestra posición garantiza que el Caribe y el Atlántico permanezcan como espacios de libertad, cerrando definitivamente el paso a la interferencia rusa y china en nuestro "patio trasero".
Conclusión
Estamos ante el cierre del proyecto soviético-cubano en el Hemisferio Occidental. Para Venezuela, es la oportunidad dolorosa pero real de salir del abismo, de las bandas criminales que instauraron una tiranía en el país y llevaron al mayor estado de miseria muerte y destrucción la nación venezolana, bajo la predica ideológica del socialismo del siglo XXI. Para los Estados Unidos, es asegurar su flanco sur de manera definitiva, con proveedor seguro, estable y una región libre de amenaza criminal.
La propuesta de convertir a Venezuela en el estado 51, lanzada por el Presidente Trump en mayo de 2026, no debe leerse como un destino jurídico ineludible, sino como el cenit de una estrategia de máxima presión y realismo energético. Mientras el régimen provisional de Delcy Rodríguez sobrevive bajo un tutelaje estadounidense visible, simbolizado por los Ospreys del SOUTHCOM en Caracas, el verdadero reto para el nacionalismo venezolano no es el aislamiento, sino la construcción de una Gran Alianza Estratégica. Debemos aspirar a un modelo de cooperación que, al estilo de Israel o Japón, garantice nuestra seguridad hemisférica y el flujo energético sin disolver la identidad soberana que nos define como nación con su libertario e independentista ascendiente histórico.
Este análisis es solo el primer paso. En próximas entregas, profundizaré en los pilares técnicos y de defensa de esta Gran Alianza, un esquema que ya está bajo la lupa de los círculos de poder en Washington. La tarea es construir una Venezuela libre, soberana y próspera, en una alianza inteligente y digna. Esa es nuestra gran obra histórica.
Ing. Antonio Rivero G.
Gral. Brig. (R) del Ejército Venezolano.
M.Sc. (Estrategia)
Analista Geopolítico-Militar
X: @antonioriverog