Descontento laboral en Miami
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u00bfSe está cocinando un ambiente de inconformidad laboral en Miami? La pregunta me vino a la mente el viernes de la semana pasada, luego de presenciar la marcha que convocó el Sindicato de Maestros del Condado en la Avenida Brickell.
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En realidad, la concurrencia a la marcha fue algo reducida. Dio la impresión de que se habían reunido sólo los maestros y trabajadores más allegados a la organización laboral. Pero siempre ha sido así. Al inicio, las protestas sindicales sólo convocan a unos cuantos, que luego se transforman en muchos, si existen las condiciones sociales necesarias para que eso ocurra. n
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Pero extrañamente ocurre que el malestar social suele expresarse muchas veces con más frecuencia luego de una larga recesión, cuando la recuperación ya se inicia, y no cuando la recesión todavía atraviesa por su peor momento. Como las vacas gordas vuelven, el trabajador considera que tiene de nuevo derecho moral para reclamar una porción mayor de la riqueza. Y como el empleo mejora, se siente también más seguro para levantar su voz, puesto que pierde algo del miedo natural a que lo despidan o sancionen si reclama.
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Es muy probable, en realidad, que el ambiente de inconformidad laboral sea mayor de lo que suponemos en la actualidad, y que haya permanecido oculto sólo porque las altas tasas de desempleo contuvieron durante todo este tiempo cualquier intento de reclamo.
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Durante los largos años de estancamiento económico, los sindicalistas depositaron en el gobierno de Barack Obama sus esperanzas de capear el temporal. Luego, algunos se decepcionaron. Las cifras de popularidad del presidente lo reflejan. Al comenzar la recuperación, podría ocurrir que se produzca no sólo un nuevo fortalecimiento de Obama sino, además, o independientemente de aquello, una suerte de radicalización social por su izquierda, que en alguna medida lo desborde.
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En un escenario así, habría algunos peligros potenciales.
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En el bando de los trabajadores, podrían aparecer los demagogos, que siempre intentan llevar el agua del descontento hacia su molino, y que para eso lo quieren todo, ahora, de inmediato y sin limitaciones. nEn el bando de los empleadores (incluyendo el estado empleador), podrían fortalecerse los intransigentes, que niegan el descontento social, o lo atribuyen a factores externos inexistentes, y que, por consiguiente, se niegan a cualquier concesión, incluso la más pequeña.
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Una postura equilibrada de centro, encuentra en esas circunstancias graves dificultades para sostenerse. Y eso implica que habrá que hacer un esfuerzo consiente para darle apoyo.
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