“Dónde estarán los amigos, distancia, que compartieron mis juegos, quién sabe dónde se han ido…”
¿Qué les ha pasado a los discípulos de Fidel Castro que de pronto se han visto sin sus viejos aliados, financistas y protectores?
“Dónde estarán los amigos, distancia, que compartieron mis juegos, quién sabe dónde se han ido…”
Distancia, Alberto Cortez y Facundo Cabral
Se acaba de celebrar la cumbre Escudo de las Américas en la ciudad del Doral, organizada por el presidente Donald Trump, donde acudieron aliados de la región con el propósito de promover libertad, seguridad y prosperidad.
Por supuesto, Cuba no fue invitada, aunque muchos de sus antiguos aliados sí.
Presente estaba la nueva Argentina de Milei, sin los corruptos Kirchner, la Bolivia que fue de Evo Morales, que la representa ahora el conservador Rodrigo Paz Pereira. El nuevo presidente electo de Chile, el anticomunista José Antonio Kast, y el presidente de Honduras, Tito Asfura, entre otros, han devuelto las brigadas médicas a Cuba porque no comparten la esclavitud del siglo XXI que practican los comunistas caribeños.
¿Qué les ha pasado a los discípulos de Fidel Castro que de pronto se han visto sin sus viejos aliados, financistas y protectores? Bueno, les pasó un fenómeno doble llamado Donald Trump y Marco Rubio. Gran parte del foco de la conferencia se centró en Cuba y las palabras del presidente fueron tajantes:
”Al igual que logramos una transformación histórica en Venezuela, estamos enfocados en el gran cambio que llegará a Cuba pronto. Cuba está al final de la cuerda. No tienen dinero, no tienen petróleo y una muy mala filosofía. Un régimen que ha sido malísimo por demasiado tiempo. Están viviendo sus últimos momentos; Cuba tendrá una nueva vida que será grandiosa", vaticinó Donald Trump.
El presidente electo de Bolivia, Paz Pereira, dijo que la sociedad cubana está esperando a que el mundo la convierta en una prioridad. “Será más pronto de lo que esperamos; pasará muy pronto”, dijo.
El presidente Daniel Noboa de Ecuador, donde los comunistas cubanos gozaban de inmunidad en la época del aliado Rafael Correa, declaró al embajador cubano persona non grata y expulsó al personal de la embajada cubana en Quito.
En la reunión de St. Kitts, antiguos aliados, cuestionaron el sistema de gobierno en Cuba y la falta de elecciones transparentes, y es de suponer que el reclamo de ayuda humanitaria a Cuba esté siendo reevaluado después del escándalo de la venta de la enviada por México.
Pero lo interesante de la Cumbre Escudo de las Américas es que su prioridad es la coalición de países creada para combatir los violentos cárteles de la droga.
Los vínculos de Cuba y el narcotráfico son antiguos, y se reinventan. Por ejemplo, durante la frontera abierta en Estados Unidos, en menos de dos años, 425.000 cubanos entraron pagando 5.000 dólares por visas a Nicaragua y 10 mil a los coyotes que les cruzarían la selva del Darién, que no eran más que miembros de los narco-carteles. Cuando un país construye hoteles de lujo a pesar de la falta de turismo y no repara las termoeléctricas, todo indica que el lavado de dinero es la especialidad de los sicarios a cargo del país.
Debe ser por eso y en medio de las negociaciones con el régimen de Cuba, que el fiscal federal del distrito sur de Estados Unidos, Jason Reding Quinones ha creado un grupo de trabajo que incluye, fiscales y oficiales de la agencia contra las drogas, la DEA, el FBI y demás agencias que participaron en la captura de Nicolas Maduro, para crear un caso legal contra varias personas en la cúpula y el partido comunista cubano.
Supongo que, dentro de ese exclusivo grupo, ya sabrán a quiénes me refiero, pero quizás les pase como a Maduro, que nunca entendió que cuando Trump le dijo que se fuera, creía que se trataba de una amenaza hueca a pesar de tener frente a sus costas el mayor despliegue de poderío americano que había visto la región. Cuando el presidente Trump dice sobre Cuba: “Va a ser una toma amistosa”, bien se puede estar refiriendo a la sutil manera de ofrecerles la salida por las buenas o mediante el viaje exprés que llevó a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores a una celda en Brooklyn sin vista al mar.
Cuando llegue el final, has de reconocerlo, pienso yo, pero no siempre sucede así. Parece que ni siquiera las protestas callejeras y toques de cazuela que están teniendo lugar esporádicamente por toda Cuba les transmite el mensaje del cansancio y la ira que va en aumento dentro de una población a la que no le comenzaron las penurias con Trump, pero con la incompetencia y la avaricia de un sistema explotador que hasta lucra con el sufrimiento del pueblo y vende las donaciones humanitarias como confirmó el reportaje de la televisión Azteca, que encontró los alimentos enviados por México en las tiendas gubernamentales donde solo se compra en dólares.
Aquella antigua imagen de un delirante Fidel Castro en Teherán gritando que Cuba e Irán podían poner a Estados Unidos de rodillas se vino abajo con el poderío israelí y americano ayudando a un pueblo que era masacrado en las calles en medio de sus protestas y eliminando a los fanáticos ayatolás. Rusia y China han hecho mutis y todo indica que no se van a dejar arrastrar en un conflicto que nada les aporta.
Solos, amargamente solos, sin aliados ni amigos. Gozaron de 67 años de enriquecimiento personal, abuso de poder y mala planificación. Ahora le llegó el turno a la libertad y la prosperidad; los cubanos no merecemos menos.
El futuro comenzó ya y cada día se acerca más. Al cubano de la isla: no lo dejes ir. Aférrate a él con toda tu fuerza y voluntad; no aceptes nada menos que la total libertad y la posibilidad de poder ofrecer a tus hijos y nietos la prosperidad que te negaron a ti. Díaz-Canel anunció urgentes reformas económicas, 67 años después de uno de los fracasos económicos más penosos de la historia, a lo que el Departamento de Estado respondió que las reformas propuestas ahora “no llegan lo suficientemente lejos como para enmendar décadas de incompetencia que han convertido la economía cubana en algo totalmente disfuncional”.
Muy poco y muy tarde. Llegó el final y todo final da la oportunidad de un nuevo comienzo. Y este comienzo, que nos pertenece a todos, debe tener la compasión de poner fin al sufrimiento del pueblo cubano, pero también, en nombre de la justicia, la firmeza de condenar a aquellos que, de una manera tan fría y calculadora, lo concibieron y lo implantaron tan feroz y cruelmente.

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