El arduo camino de los Marlins
La esperanza de muchos se disparó cuando escucharon sobre la posibilidad de que un grupo conformado por Derek Jeter y Jeb Bush estaba cerca de adquirir a los Marlins de Miami.
Luego de un largo proceso, que básicamente opacó la temporada entera del 2017, Derek Jeter –con Bruce Sherman y no Bush—concretaron la compra de los Marlins, logrando que esos aficionados pudieran tomar un respiro de optimismo, luego de una larga espera de poder ver a su equipo al menos con récord positivo, algo que no consiguen desde el 2009.
La alegría duró poco.Desde que Jeter adquirió al equipo no ha hecho otra cosa que tomar decisiones impopulares, que aunque tal vez sean necesarias no serán comprobadas en corto plazo. No sólo es el hecho de su afán por querer recortar presupuesto, principalmente con un cambio que envíe al primer Jugador Más Valioso en la historia de la franquicia, Giancarlo Stanton, lejos de Miami. Ni las insignias del equipo se han salvado; tras la salida de Jeff Conine, Jack McKeon, Tany Pérez y Andrew Dawson. Hace unos días el periodista Jon Heyman filtró una presentación que tiene la intención de describir los objetivos de los nuevos propietarios para atraer a nuevos patrocinadores, fanáticos y una cultura de béisbol al sur de la Florida, además de adquirir más dinero aún; $250 millones extras de inversionistas para poder llevar a cabo las operaciones de béisbol.
Al leer estos objetivos planteados por el grupo de Jeter, cualquiera pudiera pensar que se está hablando de un equipo en expansión, y no de uno que ya tiene en su gabinete dos trofeos de Serie Mundial. La intención de este grupo es clara, erradicar la historia de los Marlins para comenzar desde cero.
Quizás lo dejado por el antiguo dueño es peor de lo que imaginamos, tal vez no haya otra opción que desarmar por completo, no sólo el roster, sino todo lo que esté relacionado con la antigua administración, con la excepción de Mike Hill, presidente de operaciones de béisbol, quien de manera inexplicable ha podido sobrevivir a las decisiones de Jeffrey Loria y de Jeter.
Es complicado pedirle a esta afición paciencia, emulando un repetitivo y desgastado discurso que recuerda los malos momentos vividos en los últimos años. Sin embargo, todo indica a que volveremos a vivir un proceso similar.
Es probable que este proceso de transición sea largo, pero con la esperanza de que el “revolcón” sea el último en mucho tiempo, y que, con los movimientos indicados, la buena alimentación de las granjas de prospectos, las contrataciones adecuadas de prospectos internacionales, y contratos inteligentes, se pueda desarrollar una cultura ganadora de una vez por todas en Miami.
Entiendo que las decisiones de Jeter no sean del agrado de todos, pero hay que intentar jugar al “abogado del diablo” con él para que este proceso sea más llevadero, pues todo indica que no habrán alternativas ni atajos para conseguir tener un conjunto competitivo. Lo dejado por Loria no debe ser un acertijo fácil de descifrar, y el tener que solucionar todo ello lleva tiempo.
Claro, erradicar la historia de una franquicia que acumula dos Series Mundiales no luce como lo más recomendable, pero para los aficionados del deporte en general en la ciudad, mi consejo será tener paciencia y cruzar los dedos para que este proceso dé sus frutos, porque de lo contrario, estaríamos entrando en una administración similar a la anterior, materializando la peor pesadilla de los fanáticos de Miami: un segundo Jeffrey Loria í
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