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OPINIÓN

El cangrejo de las muelas de oro

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el "cangrejo de las muelas de oro", busca negociar con Estados Unidos y proyecta una imagen de líder preparado, a pesar de las críticas sobre su educación, estilo de vida y la opacidad de las finanzas familiares.

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

“Soy inmortal, porque camino de lado y así engaño al tiempo”, le dijo un cangrejo a Zeus, el Dios de los truenos

El diario New York Times, sostuvo una relación masoquista con Fidel Castro por más de medio siglo. Se dejó engañar o, mejor dicho, dejó que su corresponsal Herbert Mathews engañara a la opinión pública haciendo creer que el fatídico guerrillero escondido en la Sierra Maestra era realmente un Robin Hood, listo para salvar a Cuba.

De ahí que alguien con sentido del humor sobrepuso su fotografía en un anuncio de clasificados, donde el comandante decía, yo también obtuve mi trabajo gracias al York Times. La venta del hermano heredero incluyó 5 editoriales promoviendo la apertura con Cuba en medio de negociaciones supuestamente secretas, aunque no para el diario aliado del entonces presidente Barak Obama.

Ese patrón de justificar y glorificar tiranos no comenzó con los Castro. Walter Duranty el corresponsal del New York Times en la Unión Soviética, conocido como el apologista de Stalin hasta un premio Pulitzer ganó. A pesar de que decidió esconder los crímenes, calificó la hambruna de propaganda maligna, ignoró las atrocidades que presenció, promovió la narrativa soviética aun conociendo la verdad, todo por el beneficio de una posición privilegiada y acceso al dictador.

Ahora, tras 67 años de barbarie, la prensa izquierdista no pierde la costumbre. El diario, ahora es el USA Today y andan vendiendo la imagen del nuevo heredero, después de que les dio una entrevista exclusiva. Parece que la temporada se adelantó y hay muelas para repartir.

El culebrón comenzó diciéndonos que el nieto ocupa ahora el asiento de poder en la oficina del abuelo.

No se considera un político, pero está dispuesto a salvar la revolución sin sacrificar los principios. Nadie del equipo que aterrizó en La Habana, le preguntó cómo, ni qué haría, tampoco cuáles principios.

Ahora es el cangrejo de las muelas de oro quien está en posición de negociar el futuro de su país según los publicitarios del diario americano: "Puedo negociar con cualquiera, claro que con Trump" dijo el heredero.

El informe publicitario digno de Madison Avenue nos dice que Rodríguez Castro vestía jeans ajustados azul claro, una camiseta negra entallada de Hugo Boss (alrededor de $300.00) y los tenis son de la exclusiva marca Hermes, (unos $1750). Lo que no gana un cubano en un año, ni en dos ni en tres. Para completar el ajuar del heredero, un Rolex de acero inoxidable que puede costar de cincuenta a cien mil dólares.

Lo que se conoce del cangrejo es que ha sido siempre un vive bien y uno más de los hijos de la cúpula. El abuelo lo mantuvo cerca para evitar que siguiera por el mal rumbo del alcohol y otros desvíos. Ahora resulta que lo llevan entrenando para este momento desde muy joven. El diario nos dice que es el hijo de quien fue el cerebro detrás de la empresa familiar Gaesa, como si eso lo convirtiera en alguien capaz de dirigirla.

"Es el nieto preferido", dijo un profesor de política y relaciones internacionales. "Raúl Castro confiaba en su padre y él es el nieto al que más quiere", agregó el ahora experto en relaciones familiares.

Dijo que se graduó de la Universidad de La Habana con una licenciatura en contabilidad y finanzas. Según el Miami Herald, no fue un buen estudiante. Los que lo conocieron dicen que rara vez fue a clases y el título fue otorgado por ser quien es. Su maestría en finanzas lo especializa en cómo cargar los maletines repletos de dólares para depositarlos en bancos panameños.

El Cangrejo es dueño de tres bares en La Habana, se le conoce por las fiestas y las borracheras, pero otra de las muelas que nos vendió USA Today es que se despierta alrededor de las 5 de la mañana. Durante varias horas revisa informes clasificados de los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y las Fuerzas Armadas de Cuba. Guarda esos documentos en un portafolio de cuero de Salvatore Ferragamo (otros 3 mil dólares) y más tarde los comenta con su abuelo. A ninguno de los periodistas se le ocurrió pensar que Raúl Castro ya está tan ido que ni hablar lo dejan en los actos públicos.

Una de las muelas más tiernas del cangrejo es que leyó por primera vez algo negativo sobre su familia cuando tenía 12 años. Lo descartó de inmediato. "Yo conozco a estos hombres. Son buenas personas", insistió.

Mientras hablaba de su familia, se llevó la mano al cuello y sacó de debajo de la camiseta una gruesa cadena de oro.

"Yo no sé si tú eres creyente," comentó mientras mostraba un medallón de oro con las iniciales "FCR" y "RCR”, Fidel Castro Ruz y Raúl Castro Ruz.

"Pero si hay algo en lo que yo creo, es en estos dos hombres".

En un país que ha vivido décadas de escasez y les imponen la igualdad a sus ciudadanos, el heredero disfruta de una vida con acceso a aviones privados, yates de lujo y la posibilidad de viajar libremente.

Ganó fama de fiestero mientras recorría el mundo. Habla con entusiasmo de Nueva York, admira la gastronomía de París, e imagina una Cuba donde sus ciudadanos puedan comprar foie gras en los supermercados, aunque la mayoría de los recipientes de la libreta de racionamiento ni idea tienen de la delicia gourmet que puede costar hasta $80.00 la libra.

La muela más gorda fue cuando le preguntaron por los 23 viajes a Panamá a bordo de un avión privado, en los que fue visto realizando compras de artículos de lujo. Es que esos viajes, acompañado por la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, eran para buscar oportunidades de inversiones para Cuba. Y aquí nos soltaron la super muela: "Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo. Mi mayor pesar es que la gente pase trabajo. Pero me levanto todos los días para revertir esa situación," dijo.

El cangrejo insistió en que no posee riqueza propia. Asegura que su ropa de diseñador, los vehículos de lujo, los yates y sus costosos viajes internacionales son financiados por amigos adinerados y admiradores. Para suavizar el rostro del nieto del sicario, nos dejan con la imagen de disfruta cantar y bailar.

Un video de 2017 lo mostró sobre el escenario junto al dúo de reguetón Gente de Zona en Varadero, donde más bien parecía estar en trance o había consumido más de lo habitual.

Cuando habla de negociar con la Casa Blanca, negociaciones que el propio régimen de La Habana reconoce que se han estancado, el cangrejo lo hace con absoluta convicción. Gesticula con sus muelas y alterna un tono de voz pausado. Asegura que está decidido a no renunciar a la ideología por la que luchó su familia. Después de todo, afirma, fue su abuelo quien lo eligió para asumir este papel.

El cangrejo dejó claro que, pese a lo que afirman Marco Rubio y otros funcionarios de la administración Trump, Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos ni debe ser considerada un Estado patrocinador del terrorismo. Están dispuestos a realizar cambios y que las víctimas regresen a invertir y así salvar a los victimarios.

Al menos el diario dejó claro que el Departamento de Estado calificó públicamente las medidas anunciadas por Cuba de un simple gesto de apariencia, sin cambios de fondo. Pero para que entiendan la falta de cerebro del cangrejo con carapacho de diseñador, dijo que como él presenció cuando su abuelo firmó el acuerdo con la administración Obama, esa experiencia lo convierte en una persona especialmente preparada para el momento actual.

El novelón concluyó cuando el cangrejo entró por la puerta trasera del restaurante El Antojo, en La Habana Vieja, escoltado por sus guardaespaldas. Volvía a vestir sus característicos jeans ajustados azul claro. Esta vez los combinaba con una camiseta blanca entallada de Dolce & Gabbana y tenis de diseñador a juego. Mientras un DJ ambientaba el lugar con música, acomodó sus muelas en un sofá de cuero de la cava del tercer piso de El Antojo, donde una ropa vieja cuesta 4,200 pesos, dos tercios de lo que la mayoría de los cubanos ganan en un mes. Nos dice el diario: “Las calles oscuras de La Habana Vieja se extendían por kilómetros, decenas de cubanos caminaban por el Paseo del Prado intentando escapar del calor sofocante”.

Saboreando un vino tinto de California que no figuraba en el menú, el cangrejo contó que fue Fidel Castro quien le enseñó a beber vino tinto mientras comía chicharrones con limón. Al terminar la noche, interpretó a capela una canción de Nicky Jam. Su visión para Cuba después del vino californiano dijo, pasa por “alcanzar tanta prosperidad que es difícil imaginarla."

"Pronto", aseguró, “los cubanos podrán encontrar en Cuba todo lo que buscan en otros países". Ah, pero faltaba el acto final para coronar al cangrejo: Al salir del restaurante, y como parte del performance, por esas casualidades de la vida, un desconocido se le acercó, a pesar de los guardaespaldas, para darle un abrazo.

"Mi sangre", expresó el extraño, "yo sé que contigo regresará la luz a La Habana". Así de simple, consorte, continuidad castrista. Ahora depende de los cubanos escoger, a pesar del hambre, si se tragan la muela podrida y pestilente del cangrejo con el carapacho de concreto.

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