Durante años, Colombia fue el principal aliado de Estados Unidos en América Latina. Esa relación no era un asunto simbólico ni protocolario. De ella dependían buena parte de la cooperación en seguridad, la lucha contra el narcotráfico, la inversión extranjera, el intercambio comercial y el respaldo internacional que permitió enfrentar algunas de las mayores amenazas contra nuestra democracia.
El espaldarazo de Trump al Tigre de la Espriella
Cuando el presidente de Estados Unidos decide involucrarse públicamente en una elección colombiana, está enviando una señal sobre la importancia estratégica que tiene nuestro país para la región
Por eso, el espaldarazo público del presidente Donald Trump a Abelardo de la Espriella tiene una importancia que va mucho más allá de una campaña presidencial. No se trata simplemente de un apoyo electoral. Es una señal política de enorme magnitud enviada desde Washington sobre el futuro de la relación bilateral entre ambos países.
Estados Unidos sigue siendo el principal socio estratégico de Colombia. Recuperar una relación sólida, basada en la confianza y en objetivos comunes, será determinante para enfrentar algunos de los desafíos más graves que hoy tiene el país. El crecimiento desbordado de los cultivos ilícitos, el fortalecimiento de las estructuras criminales, la expansión territorial de grupos armados ilegales y la pérdida de control del Estado en amplias zonas del territorio nacional son realidades que ningún colombiano puede ignorar.
Las cifras hablan por sí solas. Colombia supera hoy las 320.000 hectáreas de coca sembradas y enfrenta una situación de seguridad que recuerda algunos de los momentos más complejos de su historia reciente. Mientras el narcotráfico se fortalece, las organizaciones criminales aumentan su capacidad económica, armada y territorial.
Frente a ese panorama, la decisión de Trump de apoyar a Abelardo de la Espriella es interpretada por muchos como el reconocimiento de una visión que plantea recuperar la autoridad del Estado, fortalecer la cooperación internacional y retomar una lucha frontal contra el narcotráfico y las estructuras criminales que han desangrado al país durante décadas.
A ello se suma otro elemento que no puede pasarse por alto: el eventual fortalecimiento de la relación con aliados estratégicos como Israel, un país que históricamente ha sido un socio importante para Colombia en materia de seguridad, tecnología, innovación y cooperación.
Lo que está en juego en esta elección no es únicamente un cambio de gobierno. También está la posición que ocupará Colombia en el escenario internacional durante los próximos años. Por eso, este importante respaldo de Trump no debe analizarse desde la emoción ni desde la simpatía política. Debe entenderse desde la geopolítica.
Cuando el presidente de Estados Unidos decide involucrarse públicamente en una elección colombiana, está enviando una señal sobre la importancia estratégica que tiene nuestro país para la región y sobre el tipo de liderazgo con el que considera posible reconstruir una alianza que durante décadas fue fundamental para la estabilidad y la seguridad de Colombia.
El respaldo de Trump llega al candidato ganador de la primera vuelta presidencial, al hombre que logró derrotar en las urnas al proyecto político que hoy es señalado por millones de colombianos como responsable del deterioro de la seguridad, el fortalecimiento del narcotráfico y la pérdida de autoridad del Estado en amplias regiones del país. Se trata del gobierno que pretende refundar aún más la patria con su candidato, Iván Cepeda, quien representa la complicidad con los grupos narcoterroristas y el continuismo.
La primera vuelta produjo un hecho político imposible de ignorar: Abelardo de la Espriella dejó de ser visto como un fenómeno electoral para comenzar a ser observado, dentro y fuera de Colombia, como un posible jefe de Estado. Muchos entendieron que existe un enorme deseo de recuperar el rumbo del país, restablecer el orden, fortalecer la lucha contra las estructuras criminales y reconstruir la relación con los aliados históricos de Colombia.
De tal suerte, este espaldarazo tiene un significado que va mucho más allá de una campaña electoral. Es una señal de confianza hacia quien hoy muchos, dentro y fuera del país, ven como el hombre con mayores posibilidades de llegar a la Casa de Nariño.
El Tigre ganó la primera batalla. Las encuestas muestran una tendencia favorable y el mundo ya empezó a mirar hacia lo que podría ser el próximo gobierno de Colombia. Nuestro país tendrá la última palabra en las urnas, pero es evidente que Abelardo de la Espriella dejó de ser una apuesta para convertirse en la alternativa que hoy lidera la carrera hacia la presidencia.
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