El factor Putin y las elecciones
24 de julio de 2018 - 19:07 - Por SONIA SCHOTT
Los 12 rusos han sido acusados de piratear las computadoras de los miembros del equipo de campaña de Hillary Clinton, así como del Comité Nacional Demócrata con la intención de divulgar información considerada perjudicial, que pudo haber persuadido a los votantes en contra de Clinton, aunque esa posibilidad resulta difícil de probar

Las agencias de inteligencia estadounidense fueron tomadas por sorpresa por el propio presidente Donald Trump, al anunciar que el enemigo número uno de Estados Unidos, el líder ruso Vladimir Putin, vendría a Washington a finales de este año, luego de ser invitado por la Casa Blanca.

El impacto político que provocó la noticia, se hizo evidente con la reacción del propio director nacional de inteligencia, Dan Coast, quien no fue capaz de ocultar su asombro al enterarse del extraordinario anuncio.

De esta manera, Coats, que supervisa las 17 agencias de inteligencia de Estados Unidos, solo atinó a decir que esa visita “va a ser especial”.

En realidad, será una situación realmente única, tomando en cuenta que Trump pasó dos horas a solas con Putin durante el encuentro bilateral en Helsinki y ni siquiera altos funcionarios como Coats tenían idea de lo que vendría después del primer encuentro.

La invitación se produjo apenas una semana después de que 12 oficiales de la inteligencia militar rusa fueran acusados de intromisión en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016.

Diversas agencias como la CIA, el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional llegaron a la conclusión unánime de que Moscú estaba detrás de la interferencia en las elecciones de 2016 y es difícil imaginar que el gobernante ruso no estuviera al tanto de lo que estaban haciendo los oficiales militares rusos, tal y como consta en el reporte conjunto "Evaluación de las actividades e intenciones rusas en elecciones recientes de los Estados Unidos”, el proceso analítico y la atribución de incidentes cibernéticos, de enero de 2017.

Los 12 rusos han sido acusados de piratear las computadoras de los miembros del equipo de campaña de Hillary Clinton, así como del Comité Nacional Demócrata con la intención de divulgar información considerada perjudicial, que pudo haber persuadido a los votantes en contra de Clinton, aunque esa posibilidad resulta difícil de probar.

Es obvio que Trump no quiere prestar oídos a estos señalamientos, pero hasta ahora se ha hablado de interferencia rusa en las elecciones.

Entretanto, Mueller no ha presentado pruebas de conspiración entre Trump o su equipo y el Kremlin, aunque el propio Putin admitió la semana pasada que siempre había querido que Trump ganara las elecciones.

La preocupación entre expertos estadounidenses se centra en que Rusia, a falta de una fuerte respuesta por parte Trump, se sienta animado a continuar tratando de influir en la política nacional.

Es imposible no imaginar el impacto que debe haber causado la noticia en el fiscal especial, Robert Mueller, a cargo de la investigación sobre la intervención rusa en las elecciones, quien debe haber estado tan conmocionado como Coats o el resto del establishment político, cuando escucharon sobre la próxima visita.

¿Qué pasaría si Mueller presenta nuevas evidencias devastadoras antes de que Putin llegue a Washington?

Trump ha dejado claro que está decidido a continuar con su plan, desafiando la posibilidad de cualquier prueba adicional que Mueller produzca para engrosar el sustancial material que ya vincula a Rusia con la piratería de correos electrónicos durante las elecciones.

Es cierto que no todo han sido críticas hacia Trump.

Miembros del Partido Republicano, como los senadores Lindsey Graham, de Carolina del Sur, o Marco Rubio, de Florida, han evitado criticar la iniciativa del gobernante de invitar a Putin, pero han dejado claro que la Casa Blanca debe enseñar más músculo a Moscú e intensificar las sanciones.

Entre tanto, el equipo de Seguridad Nacional enfrenta el gran desafío de planear una cumbre con Putin en la Casa Blanca, sin la certeza de saber si el neoyorquino se apegará al guion.

Si tras la reunión en Helsinki, Trump admitió que creía que Rusia estaba detrás de la piratería informática, ahora le resultará muy difícil absolver a Putin de cualquier culpa cuando se reúnan en Washington.

Aunque tampoco querrá provocar un incidente, tal y como sucedió durante su primer encuentro, cuando sostuvo que Putin había negado cualquier intromisión.

¿Podrá Trump decir lo mismo en la próxima cumbre? Seguramente no, pero lo decisivo en todo caso será ver cuánto impacto tendrán estos encuentros para su liderazgo, de cara a las elecciones de mitad de mandato el próximo 6 de noviembre.