lunes 9  de  marzo 2026
OPINIÓN

Los niños invisibles de Colombia claman justicia frente al silencio del Estado

Desde hace más de sesenta años, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), han estado en guerra contra el Estado, manteniendo en jaque a la sociedad colombiana

Por Edgar Cherubini Lecuna

Mientras escribo esta nota, se están evaluando los resultados de las elecciones legislativas de Colombia para Congreso de la República —Senado y Cámara de Representantes—, además de consultas interpartidistas para escoger candidatos presidenciales celebradas el domingo 8 de marzo de 2026. Las lecciones presidenciales de Colombia de 2026 se realizarán el 31 de mayo para elegir al presidente y vicepresidente de Colombia para el período 2026-2030. El proceso se ha caracterizado por un clima de intensa polarización, sin pasar por alto que el candidato de la oposición al Pacto Histórico que sustenta al gobierno de Petro, Miguel Uribe Turbay fue asesinado el 11 de agosto de 2025 por un sicario adolescente. Paloma Valencia es la sucesora.

Los primeros análisis dan como ganador al frente de izquierda en el Congreso pese a las dudas sembradas sobre el oscuro financiamiento de esa campaña y los crudos testimonios de las víctimas de las FARC, que aún piden justicia. Se trata de jóvenes de ambos sexos que de niños fueron reclutados por la guerrilla y que pedían no votar por los candidatos de la coalición al congreso y a la presidencia de la república, sus victimarios. “Nos usaban como carnada para los comandantes”; “Me arrastraron desnuda frente a 200 guerrilleros”; A los 9 años, el "castigo" de las FARC para Vanesa García por orinarse en la caleta donde estaba fue la humillación pública al arrastrarla desnuda frente a 200 guerrilleros y dos horas de tortura metida en un caño gélido padeciendo hipotermia, la sacaron de allí moribunda. Hoy, Vanesa rompe el silencio para confrontar el cinismo de sus victimarios: “Quiero contarlo para que se den cuenta de las clases de porquerías que son. Se han reído de nosotros en nuestra propia cara”. “me sacaron de la casa a los 9 años y a los 11 comencé a ser abusada sexualmente por un comandante de la columna móvil Teófilo Forero que le decían el Paisa. Esta es una de las voces de las miles de víctimas de las atrocidades cometidas por las Farc (NTN24 https://x.com/lanochentn24/status/2029727914422394884?s=51).

Desde hace más de sesenta años, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), han estado en guerra contra el Estado, manteniendo en jaque a la sociedad colombiana. A este escenario de conflicto bélico se sumaron el Ejército de Liberación Nacional (ELN) creado y financiado por Cuba y posteriormente por el chavismo, poderosos carteles de la droga y grupos paramilitares como el AUC. En esta larga historia de violencia, la aparición de los niños soldados es una de sus indignantes consecuencias.

Basta con recordar el informe que en el año 2004 ofrecieron una docena de organizaciones humanitarias, entre las que se encontraban Human Rights Watch, Save the Children y UNICEF, donde estimaban un promedio de 11.000 niños, niñas y adolescentes reclutados por los ejércitos guerrilleros de las FARC, el ELN y las Autodefensas Unidas de Colombia AUC. Los menores, con edades comprendidas entre 9 y 16 años, entrenados para el combate y manipulados psicológicamente, han sido utilizados desde entonces para acciones de alto riesgo tales como la activación y desactivación de minas antipersonales, asaltos con armas cortas, espionaje, transporte de explosivos y servidumbre sexual para la tropa. Han sido reportados y documentados cientos de casos de niños, niñas y adolescentes que murieron o quedaron mutilados a consecuencia del manejo de minas antipersonales. No existe ninguna diferencia entre los “niños bombas” utilizados por Hezbollah y Hamas en el Medio Oriente, con lo ocurrido a sus pares colombianos, es el mismo guion. Las FARC, el ELN y las Disidencias de las FARC son por igual responsables del reclutamiento de menores en las zonas fronterizas con Venezuela, amplia geografía por donde se desplazan con total impunidad esos grupos narco terroristas debido a las alianzas y apoyo logístico brindado por Chávez desde que llegó al poder de la mano de Fidel Castro y después por Maduro y las organizaciones criminales que lo sustentan. Imposible olvidar la frase de Chávez: “Venezuela limita por el Oeste con las FARC”. Comunidades indígenas al sur del Orinoco han denunciado la utilización de sus niños y jóvenes por las guerrillas del ELN y FARC, debido al conocimiento de la selva o como mano de obra en la extracción de oro que la guerrilla realiza a cielo abierto en territorio venezolano.

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Niña reclutada por las FARC  Cortesía de UNICEF.

Niña reclutada por las FARC Cortesía de UNICEF.

Los niños sicarios

No dejaré de insistir en este drama sin final. En Colombia, pese a los oscuros intereses y manipulaciones en los entretelones de los acuerdos de paz de la Habana (2016), después de diez años la paz continúa siendo una remota posibilidad. Entre otros compromisos, se contemplaba resolver el espinoso tema de los niños reclutados. Por esa razón, el 26 de enero de 2017, se exigió a las Farc entregar a los menores de 15 años, declarando: “La guerrilla ha incumplido esa parte del acuerdo, (los niños) deben salir ya de las filas de las Farc, como fue estipulado en el pacto con los insurgentes el 15 de mayo 2016”. Parte del problema es que no existen datos oficiales sobre el número total de menores que aún están en manos de los narcoterroristas o cuántos han sido desmovilizados “por la puerta trasera” para evitar denuncias sobre violaciones de DDHH, algunas fuentes afirman que fueron 18.000 niños reclutados por esas organizaciones.

En los acuerdos de Paz, se aprobó un protocolo para facilitar su reintegración a la vida civil, cuando las Farc ingresaran a las “orwellianas” Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), demarcaciones diseñadas para agrupar a los guerrilleros como un primer paso para la ingenua “dejación de armas y desmovilización”. Por otra parte, Coalico, que hace parte de la Coalición Internacional contra la utilización de niños soldados, constituida en 1998 por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Jesuit Refugee Service, entre otras ONG’s, emitió la grave denuncia que, durante el primer año de negociación, las FARC habían reclutado medio millar de nuevos niños. La senadora María Fernanda Cabal argumentó que 2024 fue el año con mayor número de niños reclutados por grupos ilegales en los últimos cinco años.

Esos niños entrenados durante años para odiar y asesinar, se les han cercenado sus derechos, sufriendo humillaciones a su dignidad y a su inocencia. ¿Cuál ha sido o será el destino de los miles de niños y adolescentes (muchos de ellos ya son adultos) reclutados y entrenados por las FARC y el ELN en todos estos años? ¿Cuántos son? ¿Quiénes son? ¿Dónde están? Es un grave error político que, en aras de una supuesta justicia transicional para lograr la Paz con esos criminales narcoterroristas, se invisibilice a estos niños. El senador Uribe es una de sus víctimas recientes. Esperemos que si gana la presidencia Paloma Valencia le dé prioridad a solucionar esta desgracia aunque es de esperar que la izquierda torpedeará desde el Congreso cualquier iniciativa para no perjudicar a sus camaradas.

Pocas imágenes resultan tan perturbadoras como la de un niño convertido en sicario, como el que cometió el asesinato contra el candidato Uribe Turbay. Un menor de edad que mata por encargo no es solo una tragedia individual, es el reflejo brutal de una sociedad que ha fallado en sus valores esenciales. Cuando un niño empuña un arma, no lo hace solo por voluntad o por maldad, lo hace porque el mundo adulto, las instituciones y los valores que deberían protegerlo han desaparecido o han sido sustituidos por estructuras criminales. Allí, la infancia no es una etapa protegida, sino un vivero de mercenarios. No se trata solo de castigar a quienes reclutan a menores, se trata de garantizar que ningún niño o niña vea en el crimen su única salida. Porque cuando un niño mata, no es él quien ha perdido la inocencia: es toda la sociedad la que ha perdido el rumbo.

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