El presidente Donald Trump regresó de su gira por Oriente Medio la semana pasada, dejando tras de sí efusivos elogios por los aparentes logros diplomáticos y comerciales que logró.
El futuro de Ucrania atrapado en una ruleta rusa
Trump impulsa nueva diplomacia global tras su gira por Oriente Medio, mientras busca un acuerdo directo con Putin para detener la guerra en Ucrania
Su sorpresivo anuncio de que levantaría todas las sanciones contra Siria y se reuniría con el nuevo líder rebelde del país antes de partir de Arabia Saudí hacia Catar, provocó un entusiasta aplauso de su audiencia saudí en Riad.
La decisión de dar al nuevo líder en Damasco la oportunidad de traer estabilidad y prosperidad a Siria tras 14 años de guerra civil, subrayó el enfoque diferente que está adoptando La Casa Blanca para resolver antiguos desafíos regionales.
Ahora bien, ningún desafío es mayor que el impasse entre Moscú y Kiev y el cómo poner fin a la guerra en Ucrania.
Después de que el presidente Putin se negara a asistir a las conversaciones entre Ucrania y Rusia en Estambul, quedó claro que la única manera de atajar la situación es que el líder ruso y el mandatario estadounidense hablen directamente.
Las muy publicitadas conversaciones entre Moscú y Kiev, en Turquía, desinflaron las esperanzas de muchos por ver significativos avances para lograr la paz, aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, luego de su conversación con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que "Quería conocer su opinión sobre cómo se desarrollaron las conversaciones de ayer. No fueron una completa pérdida de tiempo".
En realidad, representaron el primer contacto directo entre ambos países en tres años y ambas partes acordaron intercambiar 1.000 prisioneros de guerra de cada lado.
Aunque no hay una fecha fija para la cumbre Washington-Moscú, la presión recaerá sobre Moscú para acordar una fecha a finales de este año.
A juzgar por la decisión de Putin de enviar solo una delegación de bajo nivel a Estambul para las conversaciones, parece que el Kremlin solo tenía en mente su conversación telefónica con Trump para fijar los siguientes pasos.
Mientras tanto, sus militares siguen adelante con su intento de apoderarse de más territorio en Ucrania. Rusia ya ocupa casi el 20% del país, incluyendo Crimea, que fue anexada en 2014.
A menos que Trump logre convencer a Putin de que detener la guerra le conviene tanto a él como a Ucrania, la posibilidad de un alto el fuego duradero y un eventual acuerdo de paz antes de que finalice este año, parece inalcanzable.
Esto dificultará cada vez más que la administración Trump detenga los combates en un futuro próximo, como el presidente prometió, incluso antes de asumir el cargo.
En realidad, el objetivo de Putin es consolidar el reconocimiento en la escena mundial y Ucrania solo representa un medio para lograr la atención.
Sin embargo, Trump ha demostrado estar lleno de sorpresas. Su apretón de manos con el presidente Ahmed al-Sharaa, el nuevo líder sirio que hace poco encabezó una milicia vinculada a Al Qaeda, demostró que está dispuesto a negociar con las personas más improbables.
Así que, quizás contra todo pronóstico, Putin se dará cuenta de que probablemente le convenga más llegar a un acuerdo con Trump que esperar meses o años a que se produzca un avance en el conflicto.
Incluso Putin debe comprender que, con más de 800.000 soldados rusos muertos y heridos en tres años de combates, es hora de que cesen las pérdidas de vidas y destrucción.
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