En lo que será la segunda cumbre del año, el presidente de China, Xi Jinping, se reunirá este jueves con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca.
El líder de China llega a Washington
A la espera de acuerdos sobre IA, aranceles y otros temas, la relación entre Estados Unidos y China se define por la "estabilidad estratégica" y una rivalidad latente.
La inteligencia artificial como arma militar china
El Partido Comunista Chino busca consolidar su poder a través de la IA, integrando avances tecnológicos civiles y militares bajo un estricto control estatal, advirtiendo sobre riesgos de estabilidad interna.
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El último encuentro de ambos líderes en Pekín, el pasado mes de mayo, arrojó pocos resultados significativos para Estados Unidos, más allá de un aumento de las ventas de soja a China.
Ahora bien, un nuevo desafío se suma a la agenda bilateral: el mundo se ha visto sacudido por las graves advertencias sobre la inteligencia artificial (IA) y sobre cómo ésta podría llegar a dominar el planeta y amenazar a toda la humanidad.
Es bueno recordar que Estados Unidos y China no solo están a la cabeza de esas tecnologías, sino que además compiten en la carrera por desarrollar la IA y cimentar su supremacía sobre el rival.
Por lo pronto, y a menos que ocurra un cambio significativo en las circunstancias, la relación entre Estados Unidos y China se centra en lo que Pekín denomina “estabilidad estratégica”.
Desde la óptica estadounidense, la relación bilateral fue resumida magistralmente por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, al compararla con un partido de waterpolo: en la superficie, Donald Trump y Xi Jinping mantienen un diálogo estable y dentro de las reglas, pero bajo el agua, es donde ocurre la acción y China ha estado "dando muchas patadas últimamente" tomando en cuenta que compiten igualmente en los ámbitos económico, militar y diplomático.
No obstante, es del interés común que ambos líderes se lleven bien y que la cumbre del jueves culmine con una amplia gama de acuerdos sobre IA, aranceles comerciales y otros temas clave, pero ¿son realistas estas expectativas?
En el plano personal, Trump y Xi parecen llevarse bien, aunque no hay que pasar por alto que el líder chino le lleva una ventaja importante al estadounidense y es que seguirá siendo presidente incluso después de que Trump concluya su segundo mandato y ceda el cargo a un republicano o un demócrata.
Esto significa que Xi puede planificar sus respuestas a las crisis actuales desde una perspectiva a más largo plazo mientras que Trump, a quien le quedan dos años y cuatro meses de mandato, buscará resultados espectaculares y más inmediatos.
En resumen, Xi puede limitarse a mostrar su enigmática sonrisa y mirar más allá de la era Trump.
Por eso, si bien no se descarta que hablen de la posibilidad de regular los avances en IA, ninguno de los dos líderes querrá quedar en desventaja frente al otro.
Actualmente, Estados Unidos le lleva la delantera a China en este aspecto y como el propio Trump ha declarado, quiere mantener esa posición por lo que lo más probable es que, ambos acuerden una declaración conjunta sobre la IA sin llegar a comprometerse demasiado, como si reclaman algunos de los principales ejecutivos de las empresas de IA más destacadas.
En otro aspecto, es poco probable que Trump encuentre receptividad en Xi si le pide que retire su apoyo a Irán en el actual conflicto.
Existe la presunción de que China proporciona información de inteligencia por satélite para ayudar a Irán a fijar como objetivo a los buques de guerra estadounidenses en la región del Golfo.
Así que las sonrisas y apretones de manos servirán para mejorar la imagen pública, pero Estados Unidos y China seguirán siendo rivales por el poder y la influencia geopolítica, independientemente de lo bien que transcurra la reunión.
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