Hay un viejo asunto pendiente, con nuevos alcances, que busca abrirse paso en la agenda de Washington e incluso pelea la presencia de la multifacética crisis sanitaria que aqueja a Estados Unidos y el resto del mundo.

Aunque las elecciones presidenciales en noviembre ya deberían ocupar el lugar estelar de la agenda, obviamente la rápida propagación de la pandemia cambió el curso de los acontecimientos. Sin embargo, la política siempre tiene muchos recursos.

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Un buen ejemplo de esta dinámica tiene que ver con el teniente general retirado Michael Flynn, primer asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, quien ahora está inmerso en una batalla legal entre el Departamento de Justicia y un juez de un tribunal federal.

El desarrollo de este asunto pudiera tener un impacto importante en la campaña electoral. Esto se debe a que Flynn fue uno de los funcionarios de más alto perfil que ha sido investigado por el fiscal especial Robert Mueller, en relación a la supuesta interferencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016.

En su momento, Flynn fue acusado de mentirle al vicepresidente Mike Pence y al FBI sobre los contactos que supuestamente tuvo con el embajador ruso en Washington, cuando era miembro del equipo de campaña del republicano.

Durante el proceso investigativo, y como parte de un acuerdo con Mueller, Flynn accedió declararse culpable y cumplir una condena de hasta cinco años en prisión. Eso sucedió en 2017 pero las circunstancias de ese arreglo han cambiado de repente.

Y es que Flynn despidió a los abogados involucrados en la decisión de declararse culpable y contrató a un nuevo equipo de gran peso que acusa al FBI de parcialidad y de conducta impropia, lo que cambia su declaración anterior.

El fiscal general de Estados Unidos, William Barr, hizo una revisión del caso y, para sorpresa de algunos sectores, el Departamento de Justicia solicitó formalmente a un juez federal que retirara el caso contra Flynn.

El juez Emmet Sullivan, quien tiene fama de ser muy riguroso, no sólo se negó a aceptar la solicitud del Departamento de Justicia sino que, además, nombró a un juez retirado para llevar a cabo otra revisión del caso Flynn.

En esta batalla legal, el expresidente Barack Obama cobró protagonismo, luego de que el propio presidente Trump y sus aliados lo responsabilizaran como parte de un complot para perjudicarlo.

Y es que durante la revisión del caso Flynn por parte del Departamento de Justicia, salieron a la luz algunas conversaciones previas hechas por la administración Obama que ponían bajo la lupa a Flynn por sus contactos con los rusos.

Eso llevó a Trump a afirmar que Flynn había sido atacado ilegalmente y que la decisión de ser investigado por el FBI vino de Obama y su vicepresidente Joe Biden, ahora presunto candidato presidencial.

Para contribuir a las tensiones bipartidistas se filtraron unos comentarios de Obama, durante una reunión privada con sus exasesores, donde se le oye decir que el retiro de los cargos contra Flynn representa un riesgo para el estado de Derecho.

Sus palabras provocaron una respuesta airada del senador Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, quien lo acusó de incumplir la tradición de que los expresidentes no interfieran con las políticas del presidente en ejercicio.

El enredo tiene implicaciones. El también senador republicano Lindsey Graham, presidente del Comité Judicial del Senado, ha anunciado audiencias para el próximo mes de junio sobre el caso Flynn, bajo las sospechas de que Trump y sus colaboradores fueron injustamente atacados por la administración Obama.

Flynn fue una de las figuras clave de la acusación, según la cual el equipo de campaña de Trump coludió en secreto con Rusia para garantizar que Hillary Clinton perdiera las elecciones de 2016.

La investigación de Mueller concluyó que no había evidencia para respaldar esas denuncias. Posteriormente, Trump fue absuelto por los cargos de abuso de poder y obstrucción de justicia, derrotando el intento de los demócratas de destituirlo de su cargo.

El caso Flynn podría agravar las divisiones partidistas y convertirse en un tema político candente entre Trump y Biden.

Hasta que se haya completado la revisión solicitada por el juez Emmet del caso Flynn no hay nada claro, pero es probable que si falla en contra de Flynn,aún podría ser indultado por el Presidente.

De cualquier manera, el nombre Michael Flynn no se irá en silencio, especialmente cuando la campaña electoral entre en sus etapas finales.

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