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El valor de las mujeres venezolanas

Pienso en esos miles de mujeres que, después del asedio, habiendo vencido al miedo, descubrieron que su lucha de mañana va a ser la batalla por la supervivencia

Que bello y enaltecedor ver ese mar de mujeres venezolanas vestidas de blanco que marcharon el pasado miércoles para pedir la libertad de sus líderes opositores al Gobierno de Nicolás Maduro. Inspiradas, espero, en nuestras Damas de Blanco cubanas, llenaron las calles miles de ellas. Las calles que primero ocuparon los estudiantes siguen pues repletas de gente, pero hoy, en el momento en que escribo, las redes sociales empiezan a trasmitir otro tipo de noticia, donde los rostros reflejan una preocupación distinta. La Guardia Nacional Bolivariana también tiene una ocupación nueva: proteger algún que otro supermercado. n

Y es que el desabastecimiento, que ya viene hostigando a la población desde hace tiempo, se ha recrudecido con la toma de las ciudades y la posición defensiva del Ejercito. Si no faltaran suministros básicos desde antes, podría decirse que la situación de las últimas semanas lo habría provocado. Y con toda seguridad servirá de pretexto al oficialismo para justificarlo. nEn estos días de tanta pasión y valentía, casi nos olvidamos de que en el país desaparecieron productos de primera necesidad. Y que esa falta se hará sentir a todos los niveles, en todas las casas, desde las más humildes hasta las más acomodadas, porque hasta quienes pudieron hacer acopio y llenar la despensa, después de estas semanas las tendrán vacías. Como vacíos están los estantes de las tiendas. n

No sé quién gana la Guerra cuando hay hambre. n

Venezuela no es Cuba ni los tiempos que corren son los 60. En Venezuela no hubo libreta de racionamiento, aunque la regulación en la entrega de alimentos fue preocupación del propio Hugo Chávez, quien aprendió muy bien sus lecciones del castrocomunismo y debió saber que a un país desarmado y entretenido en la supervivencia se le acaba la voluntad de lucha. nCuando uno cuenta la secular escasez en Cuba, el interlocutor duda de la veracidad de la anécdota. De nada vale dar la receta del bistec empanizado de frazada de piso ni de la u201cropa vieja u201d de cáscara de plátano. Cuando contamos que en los 90 los niños desayunaban una vaso de agua con azúcar turbinada (un azúcar que había que dejar expuesta al aire para que no cogiera un moho verdoso muy peculiar u2026) y que a veces vendían un u201cpanecito de boniato u201d también tumefacto, quien escucha permanece incrédulo. Pero ya cuando hablamos de la repartición de pollitos recién nacidos para criar en las casas (los llamados Pérez Quintosa) y de los puercos disimulados en las bañaderas, nos miran como si fuéramos lunáticos. O se burlan. n

Y eso que tratamos de no ponernos escatológicos. Al menos, personalmente, intento no tocar el tema de la cola de años para adquirir un inodoro a través de las Asambleas del Poder Popular, ni de los usos y desusos del papel sanitario o del periódico en mi bendita isla. n

Sin embargo, el Ministro de Comercio de Venezuela sí que ha bordeado la escatología . Alejandro Fleming, según la mismísima Agencia Venezolana de Noticias, se refirió públicamente a lo que ha llegado a ser, como debe de ser, una preocupación nacional. Dijo Fleming: u201cLa Revolución importará al país un equivalente a 50 millones de rollos de papel higiénico ( u2026) para que nuestro pueblo se tranquilice y comprenda que no debe dejarse manipular por la campaña mediática de que hay escasez y demostrarle a esos grupos que no lograrán doblegarnos u201d. n

Se desconoce a qué grupos se refería Fleming. Debe ser el fantasma del imperialismo, que en Cuba tuvo y tiene la culpa de todo, incluyendo que de los raídos baños cubanos desapareciera, desde los años 60, ese artilugio para la higiene personal. nLo malo es que con estos pequeños detalles se construye la miseria generalizada de un pueblo. Así pasó en mi país y así está pasando en Venezuela. n

En Cuba se estableció desde el principio un mercado negro donde la población se surtía -y se surte hoy en día- de todo un poco. En esa isla larga y estrecha cualquiera tenía un pariente en el campo que u201cresolvía u201d algún que otro insumo. nPero Venezuela no tiene esa infraestructura semidelictiva todavía, porque este u201cSocialismo del Siglo XXI u201d ha sido como un cataclismo y ellos nada sabían, y nada saben, de lo que se les venía encima. n

Pienso en esos miles de mujeres que ayer, a lo mejor, cuando llegaron agotadas a sus casas, después del asedio, habiendo vencido al miedo, descubrieron que su lucha de mañana, en la calle, va a ser la batalla por la supervivencia. nCoraje les sobra. Lo han demostrado ejemplarmente. Nadie sabía la medida de esa valentía. n

Y quién sabe y nos sigan sorprendiendo y puedan ganarle también la Guerra del Hambre a su gobierno.
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