La dictadura cubana es una de las pandillas más ineptas e ineficientes a la hora de producir riqueza. Más bien es experta en generar pobreza y esfumar la riqueza. Fidel Castro se pasó cuarenta años hablando y prometiendo un futuro luminoso que nunca llegó.
Ganando tiempo
Los días felices se han ido esfumando. La atención de Trump, como la de mi nieto, duró poco. A veces regresa sobre el tema de Cuba, pero de inmediato se va para otros rumbos. Y nosotros en el limbo.
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Al contrario, convirtió un país que el 1.º de enero de 1959 era próspero y autosuficiente en una isla miserable, improductiva y pedigüeña. Un páramo vitrina de los logros del socialismo totalitario.
Pero así como son ineptos y empobrecedores, los dictadores cubanos, empezando por el barbudo y hasta los tripudos que hoy encabezan la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, han sido y son unos expertos en manipular la realidad y los hechos, en tergiversar las narrativas y, sobre todo, en ganar tiempo.
No tienen competencia en lo de marrulleros y pendencieros. Duele reconocerlo.
Lo han demostrado cientos de veces a lo largo de estos sesenta y siete años. Cuando hemos pensado que ya los teníamos contra las cuerdas, siempre han encontrado una vía para zafarse. Duele reconocerlo.
Ahora mismo, desde que el pasado 3 de enero de este año, las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos removieron como un furúnculo apestoso a Nicolás Maduro y a su esposa, los Barrigones de La Habana se quedaron sin su principal aliado y casi único sostén económico.
Más aún, con Maduro en una celda en Nueva York, a la que llegó después de mearse repetidamente durante el trayecto, el presidente Donald Trump puso su atención sobre la cabeza más maligna de la hiedra totalitaria continental. Junto con Marco Rubio, fijó sus ojos en La Habana.
Fueron días felices para los que queremos ver una Cuba libre, próspera, pero sobre todo feliz. Parecía que ahora sí la libertad venía llegando.
Si bien Trump removió del Caribe al grupo de ataque encabezado por el portaviones Gerald Ford hacia el Mediterráneo, con la misión de volar por los aires a los teócratas asesinos de Irán, nos dejó por aquí al grupo del USS Iwo Jima, que en la práctica fue el que extrajo al meón y a su esposa.
Las oxidadas defensas antiaéreas de la dictadura destructora no merecen la presencia de una gran fuerza militar en caso de que se dé la orden de ataque. Basta ver a Díaz-Contados de un lado a otro visitando bases militares donde unos chicos famélicos hacen pantomimas con unos cacharros antiguos y deteriorados.
Los días felices se han ido esfumando. La atención de Trump, como la de mi nieto, duró poco. A veces regresa sobre el tema de Cuba, pero de inmediato se va para otros rumbos. Y nosotros en el limbo.
Un día dicen que Marco Rubio está conversando con el crustáceo oligofrénico; otros días vemos que el embajador Mike Hammer y el “apuesto” canciller Rodríguez Parrilla coinciden en el Vaticano.
Luego sale Trump, cuando se vuelve a acordar del tema cubano, a anunciar una posible “toma amistosa” de Cuba. ¿Toma amistosa?
¿Será amistosa como la amistad que dice ahora tener con Delcy Rodríguez?
Si usted une los puntos descubrirá que, aunque Trump diga que “el gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, pero están hablando con nosotros ahora”, los hechos indican que los marrulleros y pendencieros de La Habana están haciendo lo que bien saben hacer: ganar tiempo.
Por un lado, montan un espectáculo sobre una peligrosa invasión de exiliados a sus patrióticas costas. Peligrosos terroristas que arribaron a la cayería inmediata a Corralillo, en el centro de la isla. Uno de los peores lugares para desembarcar si usted pretende iniciar una acción armada efectiva.
Diez, dicen ellos, “terroristas”, llegaron a sus costas a bordo de una lancha de 23 pies, fabricada en 1981 y cargada con un arsenal que logísticamente es imposible de cargar, junto a diez personas, en ese cascarón de embarcación.
“Terroristas” bien entrenados: uno era camionero, el otro creo que artista y así por el estilo, hasta un albañil. Acusan a una cubana valiente de ser la autora intelectual. Buenas intenciones que terminan sirviendo a la dictadura. Les sirven para cambiar la narrativa.
Yo no les creo ni una coma a esos dictadores.
Gimen por una lanchita con diez cubanos, como si hace casi setenta años Fidel Castro no hubiera desembarcado con 80 cubanos y un argentino. Luego se la pasó mandando cubanos a “infiltrarse” en no sé cuántos países. Al argentino lo mandó primero al Congo y luego a Bolivia, donde lo infiltraron a plomazos.
Montan un show para manipular la narrativa y ganar tiempo.
Marco Rubio, en vez de estar hablando de la libertad de Cuba, lleva una semana dando explicaciones por el “incidente”.
Todos entretenidos: que si conversan con el Cangrejo o con Rodríguez Parrilla, que si en la lancha cabían dos toneladas de armas y equipos, que si quién es Maritza Lugo, o por qué, si eran “terroristas entrenados”, abatieron a cuatro de ellos mientras que del lado totalitario solo un Barrigón recibió un raspón en la panza.
Mientras nos tienen entretenidos, Claudia Sheinbaum anuncia que está pensando reanudar los envíos de petróleo cómplice a Cuba, Marco Rubio autoriza suministrar combustibles al “sector privado” en Cuba, como si nadie supiera que ese “sector privado” es de la misma dictadura.
Conversan, logran que les concedan buchitos de petróleo, se autoatacan con unos incautos —valientes, pero incautos—, movilizan a toda su red de la mentada “solidaridad” para que lloriqueen junto a ellos. Lo mismo de siempre, lo mismo en lo que son expertos: ganar tiempo.
Hace dos días pudimos ver lo que un pueblo logra cuando sale a la calle a exigir sus derechos y a repudiar a sus opresores. Este fin de semana Estados Unidos e Israel descabezaron a cohetazos a la teocracia iraní. Los cubanos, sin embargo, siguen en sus casas, sin electricidad, sin comida, sin medicinas y sin libertad.
No los juzgo, que conste.
Mientras no logremos su atención completa, Trump, Rubio y su administración seguirán ocupados en sus asuntos, que no son pocos. Mientras tanto, los dictadores de la isla seguirán ganando tiempo.
Empezamos marzo, faltan nueve meses para las elecciones de medio término de noviembre de este año. Trump y los republicanos van en desventaja. Lo más probable es que la diminuta mayoría legislativa que hoy disfrutan desaparezca.
Los Barrigones de La Habana solo tienen que sobrevivir nueve meses más. Como el feto maligno que son. Incluso podrían aceptar una “toma amistosa” por parte de Trump, que nueve meses no es nada.
En una de esas nos ganan de nuevo. Tan cabrones que son, y tan ingenuos o cómplices algunos de los que ganarán esas elecciones en noviembre, que en una de esas hasta devuelven a Maduro a Caracas y colorín colorado.
Ganando tiempo, solo necesitan nueve meses.
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