viernes 22  de  mayo 2026
OPINIÓN

Los prescindibles de la primera ola

Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión

Diario las Américas | CAMILO LORET DE MOLA
Por CAMILO LORET DE MOLA

Rolo me confiesa que ahora mismo tiene miedo y no se atreve a irse de Cuba: “me vendieron como cajita de dulce de guayaba y los fiscales yumas me van a estar esperando en cuanto me baje del avión”.

Él cree que lo incluyeron en la lista de los que el régimen cubano está dispuesto a entregarle a Trump, “no les importa que en la negociación me esté rifando más veinte años tras las rejas”.

Prefiere quedarse en la isla, “voy a jugármela metido en mi casa de La Habana, total, si ya me jodieron, igual, me vendrán a buscar aquí que en España o donde me esconda”.

Según Rolo el régimen cubano sería premiado con creces si en un vuelo de La Habana a Miami le envían a Trump, como regalo, a los más de cien prófugos por delitos comunes que hoy permanecen en la isla.

Pero sin tratado de extradición los funcionarios cubanos están atados de manos, la fórmula más fácil seria asustar a los prófugos para que ellos solos abandonen la cueva y de paso avisarles a los cazadores del FBI para que los capturen a sombrerazos tan pronto lleguen a sus nuevos destinos.

Cuba se lavaría las manos ante los suyos, pero acumularía méritos de cara a Washington.

“En eso están”, dice Rolo. “nos meten miedo en todo momento, incluso llegan a recomendarnos que escapemos”, pero él se la huele, “si me van a entregar que se metan en el rollo y carguen con la culpa”.

Rolo insiste en negar la acusación que, desde una corte de Florida, hace más de quince años, pesa sobre su cabeza, “tuve que escapar porque me querían clavar un desfalco al medicare, alguien se aprovechó de mi clínica y era más fácil que yo pagara el pato que ponerse a investigar”

Según cuenta en Cuba lo dejaron repatriarse sin siquiera preguntarle que había pasado, y luego de tantos años de tranquilidad todo cogió candela,

“Somos los más fáciles de tirar en la olla de la negociación entre Trump y el Cangrejo”. Dice que es un secreto a voces que lo primero que Cuba ofreció fue entregarle a todos los que, como él, llegaron huyendo.

El tipo se nota nervioso al teléfono, “con estas gentes no hay arreglo, no se les olvida nada y lo mío nunca prescribe, no tiene fecha de vencimiento”.

Yo le puedo dar fe de la memoria de la fiscalía estadounidense: Hace varios años fui testigo de un encuentro virtual y excepcional entre los fiscales de La Florida y Perez de Morales, otro cubano prófugo que, gracias a los servicios de su abogado en Miami, consiguió la reunión extraordinaria para intentar un acuerdo que le permitiera recobrar su vida a cambio de una sanción moderada.

Fue infructuoso: después de varias horas los fiscales no convencieron a Pérez de Morales para que se declarara culpable, se entregara y luego negociara.

El cubano que siempre ha puesto por delante su inocencia no encontraba el sentido de tirarse encima semejante culpabilidad. Los fiscales nunca se vieron frustrados, se fueron recordándole que a ellos le sobraba el tiempo y contaban con la paciencia necesaria para seguirle velando.

Pérez de Morales era un operador de una agencia de remesas que a esa altura había sido traicionado por los supuestos amigos, miembros de la familia, los socios comerciales y hasta abogados inescrupulosos. Sospecho que ahora también lo traicionará el régimen de La Habana que por años se había hecho de la vista gorda mientras le sacaba hasta el último quilo y le dejaba sobrevivir a sus miserias desde el barrio de Santa Fe.

Regreso a la llamada de Rolo quien busca alternativas a la negociación en la que le han metido sin su consentimiento, “Sería más fácil mandarle a Diaz Canel, los yumas quedarían más contentos que con el avión de nosotros”, se ríe solo de su ocurrencia, sin esperar por mi reacción al otro lado del auricular, “total... ese hace menos por Cuba que yo, fíjate que le doy de comer a una veintena de trabajadores de mi compañía y el barrio no sobrevive sin mi mipyme, en cambio el singao lo que le da es calamidad a todos”.

Ya en serio Rolo pretende que el régimen negocie una amnistía antes que un sacrificio de sus propios ciudadanos, “que mientras pudieron nos saquearon hasta el último dólar y ahora no dudan en empujarnos al barranco”.

El quisiera usarme para denunciar internacionalmente lo que les tratan de hacer, pero le aclaro que para todo el mundo las supuestas víctimas a que hace referencia son delincuentes comunes que debieron ser entregados hace mucho tiempo.

“Yo no compadre, soy inocente”, insiste, “bueno, hay muchos diciendo lo mismo, quizás somos un tren de inocentes, pero deberían analizarlo caso por caso.

Se queda callado un rato y luego me increpa, “brother ¿qué puedes hacer por mí?”, ahora soy yo el que guarda silencio por unos segundos, “desearte suerte”, le digo y volvemos al mutismo, por fin Rolo contraataca, “no arreglo nada con esa mierda mi brother”, me dice con voz lastimera y lo dejo navegando en su diatriba sobre cómo lo incluyeron en un intercambio de regalos a cambio de protección para la fauna de los Castros. “me envolvieron con lazo y todo y me tiraron en la pecera de las pirañas, somos los prescindibles de esta historia compadre”.

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