A menos de un mes de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos el país está en plena efervescencia política y en franca preocupación por la economía. No es para menos. El 2020, año históricamente difícil por los estragos del coronavirus, también es el año en que los estadounidenses decidirán a quién dejarle las riendas de la nación y, por ende, a quién le confiarán su inmediato futuro económico.

Los principales contendientes por la silla presidencial, el actual presidente Donald Trump y el demócrata Joe Biden, ya han dejado bien claras sus respectivas posiciones. Este próximo 3 de noviembre se verán las caras en unos comicios marcados por el COVID-19 y la creciente necesidad de devolverle al país la salud financiera que mostraba antes de la pandemia.

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Del mandato de Trump es de todos conocido que logró llevar a la nación a la tasa de desempleo más baja en medio siglo: un 3.4% en febrero pasado, antes de que el coronavirus nos impactara. También consiguió un alza en los mercados bursátiles y aprobó importantes tratados, como el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés).

El presidente Trump también impulsó la agenda de America First para reconstruir nuestra economía y brindarle a nuestra gente mayores posibilidades laborales. En este sentido, aprobó una orden ejecutiva que prioriza contratar a estadounidenses. Gracias a esa orden más de 525.000 puestos de trabajo quedarán en manos de ciudadanos americanos.

https://www.whitehouse.gov/briefings-statements/president-donald-j-trump-ensuring-americans-not-displaced-foreign-workers-using-federal-dollars/

¿Qué esperar de Joe Biden?

Mientras la actual administración se enfoca en los asuntos antes mencionados y muchos otros imprescindibles para nuestro repunte financiero, la plataforma económica del candidato demócrata a la presidencia, Joseph Robinette Biden Jr., "ha tomado prestadas ideas de todo el espectro ideológico de su partido", según indica The New York Times.

En su artículo “Estas son las propuestas de la plataforma del Partido demócrata”, el diario señala que en dicha plataforma "hay ecos de [Bernie] Sanders", quien ha sugerido que "la economía de Estados Unidos está amañada contra el pueblo estadounidense", así como también hay "apartados flojos que hablan de frenar los abusos de Wall Street y atacar la concentración corporativa desenfrenada".

El propio reporte considera igualmente que, en sentido general, "hay pocas sorpresas" en la propuesta demócrata y pone como ejemplos a algunas de las medidas que estaría tomando Biden si, definitivamente, ganara el puesto de la Casa Blanca.

Promesas de los demócratas

Básicamente, los demócratas han dicho que aumentarían el salario mínimo de los empleados a 15 dólares la hora, en lo que se considera una política respaldada por casi todos los miembros del partido.

También "quieren invertir en infraestructura, incluyendo una línea de trenes de alta velocidad, y adoptar medidas agresivas para fomentar la tenencia de vivienda propia", como, por ejemplo, "otorgar créditos fiscales de $15.000 dólares a los compradores primerizos".

De acuerdo con el mismo reporte de The New York Times, quizás "lo más destacable es que la plataforma promete rechazar cualquier esfuerzo por recortar, privatizar o debilitar la seguridad social", a fin de preservar "la fuente de financiamiento del popular programa gubernamental".

BBC News, por su parte, ha señalado que en la plataforma económica de los demócratas figuran las promesas de "poner fin al pago de salarios por debajo del mínimo para los trabajadores que reciben propinas y la de revertir los recortes de impuestos de la era Trump".

En su reporte “Trump vs Biden: cómo el candidato demócrata quiere cambiar EEUU si gana las elecciones”, el propio medio agrega que dicha propuesta "también apunta al fortalecimiento de las llamadas leyes "Compre productos estadounidenses", que incluyen ajustar la definición de lo que es considerado un bien de producción nacional".

Congruente con la anterior postura del contendiente demócrata, el mismo artículo resalta el hecho de que Biden ha mostrado interés al respecto en un intento de borrar las críticas que ha recibido de parte de Trump por apoyar "el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el que, según los críticos, envió puestos de trabajo al exterior".

Jugadas por la ecología

BBC News indica, además, que "el demócrata ha hecho de construir una economía de energía limpia un punto focal de sus propuestas". Es decir, Biden "quiere una inversión de 2.000 millones de dólares en energía verde, argumentando que impulsar la producción verde ayudará a la clase trabajadora, que es la que realiza la mayoría de esos trabajos".

Precisamente sobre esta propuesta ambientalista, CNN en español ha dicho que, en efecto, el candidato demócrata propuso gastar ese dineral "en medio de la asombrosa pérdida de empleos causada por la pandemia", según señala el artículo “Joe Biden: lo que debes saber sobre las propuestas políticas del candidato presidencial demócrata antes del foro de CNN”.

El mismo artículo puntualiza, asimismo, que Biden también ha pedido $400.000 millones de dólares para la fabricación de equipos en los Estados Unidos, entre ellos, vehículos de energía limpia y equipamiento para las industrias de telecomunicaciones, acero y otros materiales de construcción.

En torno a este tema vinculado con el cambio climático, Biden se ha propuesto el objetivo de poner fin a las emisiones de carbono de las plantas de energía para el 2035. "No solo vamos a hacer pequeños ajustes. Vamos a hacer inversiones históricas que aprovecharán este momento de la historia", ha dicho, al tiempo que algunos progresistas han mostrado su decepción ante el anuncio de que no prohibirá la fracturación hidráulica para la extracción de gas natural.

Nuevo Trato Verde

Bautizada como Green New Deal (Nuevo Trato Verde), y presentada formalmente por la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez y el senador demócrata Ed Markey, esta propuesta de acción legislativa implica una transformación económica y energética mayúscula basada en la protección medioambiental.

Según su basamento, analizado por Yahoo Noticias en el reporte “La profunda transformación que propone el Nuevo Trato Verde de los progresistas demócratas de EEUU”, su "objetivo es eliminar las emisiones adicionales de carbono de los Estados Unidos en 2030 y producir, para entonces, el 100% de la energía mediante fuentes limpias y renovables, como la eólica o la solar".

Claramente, ello supone inversiones inmensas y un giro radical de la estrategia nacional, pues el plan "implica construir una infraestructura de generación de energías limpias a vasta escala y también modernizar gran parte de los edificios para volverlos energéticamente más eficientes".

Algo parecido tendría que suceder en el sector del transporte con el fin de dar paso a vehículos eléctricos en sustitución de los autos de gasolina, y a nuevas líneas de tren de alta velocidad que sustituirían al transporte aéreo.

De acuerdo con el citado reporte de Yahoo Noticias, supuestamente, la idea "es propiciar la generación de muchos empleos – con un énfasis en la protección de las comunidades pobres y las minorías – y potenciar la economía".

Dicho y visto así, con ese marcado enfoque de “protección económica” y “creación de empleos”, pareciera un posible acierto digno de ejecución, pero la verdad es que detrás de ese “loable” objetivo, subyacen no pocos retos, obstáculos y, sobre todo, falta de sentido común.

Hipocresía elitista

Mientras los demócratas defienden el New Green Deal como si del gran trato por la mismísima presidencia se tratara, las críticas no se han hecho esperar. Moderados y conservadores lo consideran “poco realista, costoso y extralimitado”, mientras que el senador republicano Sean Duffy lo calificó de “hipocresía elitista” en un reciente debate en el Senado.

Tal como revela otro reporte de la BBC, el plan de la izquierda fue mayormente descalificado y los demócratas, por consiguiente, dijeron que fue un “montaje político”. Lo que no se esperaban, sin embargo, es que poco después, durante el primer debate presidencial, el mismísimo Biden dijera que, sencillamente, no lo apoya.

Un artículo de "The Epoch Times" se hizo eco de las palabras del demócrata cuando dijo: "El Nuevo Trato Verde no es mi plan", a lo que Trump respondió: "Él está hablando del New Green Deal (…) que costaría más dinero del que nuestro país podría ganar en 100 años".

Puesto a la defensiva, el demócrata aclaró que apoya el "plan Biden, que es diferente al New Green Deal radical", rechazando así que sería [algo] tan costoso. Presionado entonces a especificar el costo de la inversión, señaló que "el plan se pagaría a sí mismo", y tras enfatizar que no apoya a la propuesta de Alexandria, recibió el contundente vaticino de Trump: "Oh, ¿no [lo apoyas]? Bueno, esa es una gran declaración. Significa que acabas de perder a la izquierda radical".

¿Dudas de último minuto? ¿Estrategia política? Habría que ver. No obstante, algo salta a la vista: a pesar de su “echada hacia atrás” en plena transmisión por televisión nacional, el sitio web de su campaña sigue considerando a la polémica legislación como uno de los cimientos de su propuesta electoral.

El Plan de Joe Biden

El llamado Plan Biden para una Revolución de Energía Limpia y Justicia Ambiental, parece ser un poco más de lo mismo que el Nuevo Trato Verde. De hecho, el senador demócrata Ed Markey, quien copatrocinó el Green New Deal original, dijo en un tweet tras el debate presidencial que hay una estrecha alineación entre el plan de energía limpia de Biden y el tratado ecologista en cuestión.

Muy al margen de los evidentes puntos de contacto que pueda haber, lo cierto es que, sea uno u otro plan, ninguno está acorde a las circunstancias difíciles que vivimos por los efectos de la pandemia y por lo que representaría en términos financieros, y ambos suenan como un real canto de sirenas.

Claro que no es tan fácil engañar a la comunidad electoral nacional. Los estadounidenses con derecho al voto sabemos qué es posible materializar y qué no a estas alturas de los acontecimientos, y no solo cuando de cuestiones medioambientales se trata.

Los ciudadanos americanos que podemos elegir al presidente de los Estados Unidos sabemos que la plataforma del Partido Demócrata está plagada de promesas imprecisas y que su propuesta económica no es, precisamente, la excepción.

Quienes podremos ir a las urnas el próximo 3 de noviembre o votar por correo, a tenor de las medidas tomadas para contrarrestar el coronavirus, sabemos igualmente quién puede seguir echando al país hacia adelante y quién se caería de bruces ante el más mínimo traspiés.

Los cuatro años que Donald Trump ha pasado al frente del país más poderoso del mundo le han servido para demostrar, tanto a la nación americana como a la comunidad internacional, que la plataforma republicana y su programa político son claves para hacer grande a América otra vez.

Ya no se trata más de una icónica frase de campaña electoral. Make America Great Again es perfectamente posible, pero no con la izquierda en el poder.

Sobre el Dr. Rafael Marrero

Economista. Graduado de las universidades de Stanford y Cornell, es un reconocido experto en EEUU en contratación federal, emprendimiento para pequeñas y medianas empresas y gestión de proyectos. Autor del bestseller de "Amazon: La salsa secreta del Tío Sam".

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