Por PACIANO PADRÓN*

Antonio Ledezma acaba de sentenciar: “Guaidó es indetenible, Maduro insostenible”. Lo que no se sostiene se cae. El régimen y su proyecto de socialismo del siglo XXI están agotados hace rato, el pueblo no tiene confianza en la administración usurpadora, y los propios chavistas están cansados del fracaso, avergonzados de sumar más responsabilidades en lo que es un verdadero desastre. Solo el cogollo corrupto y usurpador, quienes tienen beneficio directo del gobierno, pretende prorrogar lo improrrogable. En VenAmérica hemos sostenido categóricamente que el cambio en Venezuela es indetenible, actuamos en ese camino y estamos persuadidos de que así es.

Los últimos tres meses han sido decisorios para determinar la hora del cambio, se han precisado los pasos a dar, y el novedoso y creciente liderazgo de Guaidó ha permitido aglutinar fuerzas y, sobre todo, renovar la esperanza. Este 2019 ha arrancado con muy buen pie, no tengo dudas de que estamos en el año del cambio.

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No pretendo hacer balance de los logros en el último trimestre, pero sin duda alguna que tanto en el ámbito internacional como en el nacional, hemos dado un salto exponencial, que ratifica nuestra confianza en que el cambio va.

No son conchas de ajo el que 60 países del mundo hayan reconocido a Guaidó como Presidente Encargado de la República de Venezuela, y mantengan formal relación diplomática con su gobierno que tiene el carácter de temporal. Por cierto, la semana pasada, en Washington, Carlos Vecchio presentó al Presidente Trump sus credenciales como Embajador de Venezuela ante el gobierno de la Casa Blanca. Pero hubo más, en Washington, sede de la Organización de Estado Americanos, se dio un paso trascendental cuando la OEA reconoció formalmente a Juan Guaidó como Presidente Encargado, y ahora la voz de Venezuela en la OEA es la de Guaidó, a través de su representante Gustavo Tarre, un embajador de lujo, un hombre preparado para la batalla política y diplomática. Como entonces se dijo, “cesó la usurpación en la silla de Venezuela en la OEA”, desde donde nunca más se escuchará la voz del impostor.

Comenzó a transitarse en Naciones Unidas, en New York, el reconocimiento de Guaidó, mientras el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, ya lo reconoció, y está en proceso de reconocimiento por el Banco Mundial, BM, y el Fondo Monetario Internacional, FMI. Suman ya muchos millones y millones, los dólares congelados que no llegarán al usurpador Maduro, que están a la disposición del Presidente Encargado.

En el escenario venezolano hemos visto dos fenómenos paralelos. Por un lado el deterioro de las relaciones entre los factores que sostienen la usurpación, los inmensos conflictos internos surgidos en el terreno del chavismo-madurismo, donde priva el desaliento y la mayoría piensa que no vale la pena seguir sosteniendo lo que no tiene pies ni cabeza. Muchos piensan que prorrogar la agonía es no solo hacer un daño al país, sino también producir un irreparable mal al chavismo y al llamado socialismo del siglo XXI, creen que prorrogar el fin del régimen es “enterrar de cabeza el sueño de Chávez”.

Por otro lado, vemos avanzar el proyecto de la alternativa democrática, por supuesto que no cien por ciento libre de problemas, de conflictos en los enfoques y de diatriba sobre los tiempos y modos de actuar. Pero en lo esencial la unidad se impone y avanzamos con un mínimo de coherencia, lo que permite pronosticar un desenlace cercano, un final exitoso. Maduro es insostenible.

* Director de VenAmérica

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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