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OPINIÓN

La administración Trump, bajo la sombra de Rusia

Ahora hay una preocupante sensación en el ambiente sobre si la conexión rusa se está extendiendo por todas partes
Por SONIA SCHOTT

La interferencia rusa en la escena política de Washington parece ser más fuerte que nunca, y es que la posible conexión del presidente Donald Trump con Moscú, cuyo alcance todavía está por determinarse, ya le ha hecho perder una figura clave de su equipo y hay otra que está en la mira.

Las revelaciones de unas conversaciones entre el fiscal general Jeff Sessions y el embajador ruso Sergei Kislyak han ocasionado que comiencen a preguntarse en los círculos políticos de Washington: ¿Cuántos más, entre asesores y funcionarios de Trump, han tenido reuniones con el diplomático ruso durante la campaña electoral?

Los no revelados encuentros y conversaciones telefónicas, con el representante del Kremlin ante La Casa Blanca, no serían tan significativos si no fuera por el hecho de que la inteligencia estadounidense cree que Rusia intentó influir en la campaña presidencial.

Como resultado de esta extraordinaria denuncia, cualquier reunión “a discreción” con el funcionario ruso es considerada sospechosa.

Por lo pronto, el fiscal general ha anunciado su inhibición en la investigación del Departamento de Justicia sobre la supuesta injerencia rusa en los comicios estadounidenses, pero es difícil avizorar cómo Sessions podrá sobrevivir como el mejor abogado de la Nación, si como parece se le olvidó informar al Senado, durante su audiencia de confirmación, que se había reunido con el embajador Kislyak en dos ocasiones, como parte del equipo de Trump.

En un episodio anterior de la saga rusa, el teniente general retirado Mike Flynn debió sacrificar su cargo de consejero de Seguridad Nacional cuando se supo que había mentido al FBI y al vicepresidente Mike Pence sobre sus contactos con el embajador Kislyak.

Sessions ha esbozado varias razones por las cuales no le dijo al Senado que había hablado con Kislyak, entre ellas, la cierta confusión que le causó la naturaleza de la pregunta que lo hizo responder como senador y no como miembro de confianza de Trump.

Ahora hay una preocupante sensación en el ambiente sobre si la conexión rusa se está extendiendo por todas partes. ¿Por qué dos miembros de alto rango del equipo de campaña de Trump se reunieron con el embajador ruso? ¿Fue la aparente preferencia de Moscú por Trump la razón de estas reuniones con Kislyak?

El presidente ha desestimado todo el asunto como parte de un complot en su contra, pero las 17 agencias de inteligencia del país, incluyendo el FBI, la CIA y la oficina del director de Inteligencia Nacional, acordaron por unanimidad que Moscú conspiró contra Hillary Clinton lo que ayudó a Trump a ganar las elecciones.

Durante la investigación del Senado inevitablemente habrá fugas de información y no pasará mucho tiempo antes de que The New York Times o periódicos rivales publiquen más revelaciones dramáticas, lo que provocará la ira de Trump en Twitter otra vez.

Y así, aunque Trump debe continuar lidiando con los desafíos diarios de la política nacional e internacional, las interrogantes sobre su fiscal general y la renuncia de su consejero de Seguridad Nacional han sacudido su administración a tan poco tiempo de asumir el cargo y han debilitado su posición como líder del mundo occidental.

Tal vez esto es lo que Moscú siempre tuvo en mente, cuando elaboró su estrategia y puso al embajador Kislyak en el papel principal.

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