El terror asaltó la semana pasada a decenas de personas que se encontraban transitando por el puente Simón Bolívar en la frontera de Colombia y Venezuela. Las imágenes parecían del lejano oeste. La explicación posterior fue que se trató de un enfrentamiento entre las mafias del régimen venezolano, disputándose el territorio que se ha vuelto prolífico para explotar a víctimas necesitadas de cruzar el país por distintas circunstancias. Riqueza rápida y segura.

En eso andan los grupos de Iris Varela y Fredy Bernal. Cualquier elemento que interrumpa sus negocios será eliminado a sangre y fuego, lo que ha potenciado los ya numerosos problemas en el estado Táchira, azotado por necesidades y bandoleros de Colombia y Venezuela.

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La disputa entre cabecillas del régimen también pretende ampliar su poder ante la debilitada Fuerza Armada Nacional. Es así como Bernal se arroga la potestad de dirigir acciones especiales de alto riesgo, versión bananera de James Bond chavista designado en el Táchira con permiso para matar. Sin mostrar un Martini con aceituna, Bernal ha tomado pueblos con hombres portando armas de guerra y ha dirigido colectivos paramilitares, dejando viudas, huérfanos y propiedades destruidas o tomadas como botín de guerra.

Bernal suele actuar con cierta autonomía. Así lo hizo con su primer espaldarazo a Chávez al alzarse desde el Comando Especial Táctico de Apoyo (Ceta) o al después reclamarle debilidad (o cobardía) por renunciar el 11 de abril de 2002.

No está claro lo que tiene Bernal en su cabeza pero es evidente que su escenario natural es la violencia. Cuando detecta debilidad entre los suyos, él salta y reclama porque es de los pocos que no es cobarde. Lo está haciendo ahora al advertir que viene la réplica del 30 de abril, con lo cual admite que ni Maduro ni Padrino López tienen el control en la FANB. Tampoco Diosdado. La vulnerabilidad Bernal la admite anunciando una inminente réplica. Puede saberlo además porque tiene gente infiltrada en las agencias federales americanas.

Maduro se sostiene en el poder con alfileres, pero allí está. El 30 de abril resaltó la fragilidad del usurpador y la escasa lealtad entre su equipo, sin embargo allí sigue.

Un aspecto a destacar es la manera en que se evidenciaron las diferencias internas dentro del régimen y que a pesar de eso, fueron postergadas frente a la prioridad de mantenerse en el poder. Tal vez esa sea su fortaleza, mientras a Juan Guaidó, zamuros opositores le soplan el bistek.

Las bandas de Iris Varela y Freddy Bernal pueden odiarse y disputarse el control, pero se unen para tratar de acabar con sus enemigos. Y para ellos, la Iglesia es uno de los mayores. Y monseñor Mario Moronta, obispo de San Cristóbal, a quien desean aplastar.

Por eso el Primero de Mayo enviaron grupos armados a atacar al párroco y feligreses en la iglesia de Fátima en el barrio Sucre de la capital de Táchira. Más de 40 GNB entraron con motos al recinto religioso y lanzaron bombas lacrimógenas, contra 200 personas, asfixiando a ancianos e intoxicando a niños.

Días antes, Jairo Clavijo, sacerdote de la iglesia Santa Lucía en Rubio, fue declarado objetivo militar a través de panfletos enviados presumiblemente por miembros del ELN que, para los efectos, es como si los firmara el PSUV. La iglesia y 10 viviendas familiares quedaron marcadas.

Ya en Semana Santa, a Monseñor Moronta se le había impedido realizar el tradicional lavado de pies a los reclusos, al prohibirle el ingreso al Centro Penitenciario de Occidente. El atropello lo asumió con ruido Iris Varela.

Moronta ha venido alzando su voz en defensa de la democracia y en apoyo al presidente encargado, Juan Guaidó. El régimen que se impone en Táchira sobre el terror, ha convertido la fe en un objetivo de guerra. El plan es impedir que la gente acuda a las iglesias. Por eso el director del hospital del Seguro Social “Doctor Patrocinio Peñuela Ruiz” decidió clausurar la capilla luego de la muerte del párroco, quitándole las placas que la identificaban y retirando los santos. Tuvo que ir Moronta con la feligresía a restituir sus derechos.

Y entonces Iris Varela salió a mostrar el esplendor de su basura. Acusó a Mario Moronta de encubrir a sacerdotes que violaban niños en el seminario y en la catequesis. Monseñor, sin amilanarse, anunció que la demandará en tribunales nacionales e internacionales. Lo dijo con claridad: “Esta Iglesia no es alcahueta ni encubre a sacerdotes pedófilos” y recordó que la diócesis que dirige ha demostrado no dejar pasar por alto ninguna denuncia o sospecha de pedofilia.

Moronta también informó que funcionarios de la administración de Maduro se habían acercado para consultar la alternativa de asilo para ellos por parte de la Iglesia. Su respuesta fue afirmativa. Golpe al hígado.

La información de estos hechos ha sido transmitida a El Vaticano. Parece que una vez más el papa Francisco no se da por enterado.

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