El lunes pasado, mientras caminaba hacia a una cafetería situada al frente del hospital “La Maddalena”, Palermo, Región de Sicilia, Italia, se produjo la captura de Matteo Messina Denaro, el mafioso más buscado y buscado y buscado, por las autoridades de ese país.
La captura de Matteo Messina y los que faltan
¿Su nombre y apellido, por favor, señor? Le inquirieron los policías a un sesentón, bien ataviado que se disponía a tomar un refrigerio antes de ingresar al centro de salud en el que venía siendo tratado de cáncer estomacal.
Por primera vez en mucho tiempo el asesino respondió con la verdad por delante. “Ya sabes quién soy, Matteo Messina ¿Para qué me preguntas?” El audio grabado fue difundido a través de la Internet en tiempo real -casi- por el prestigioso “Corriere de la Sera”.
Messina estaba a punto de cumplir tres décadas sin solución de continuidad, huyendo como esos roedorcillos que residen en los sumideros.
Los mirones congregados, hasta tanto el asesino fue conducido a reclusorio de máxima seguridad, estallaron en júbilo al enterarse de su identidad. Messina no ha sido, como otros, un capo popular. O excapo, porque apenas fue a dar con sus huesos al calabozo se han desatado las apetencias de sus compinches por reemplazarlo.
Los italianos conservan muy fresco el recuerdo de las acciones que provocaron la persecución de este redomado malhechor. Ocurrieron en los inicios de la década de los 90.
Dos docenas de enviados al otro mundo por vendettas. Sin contabilizar el secuestro y asesinato de un niño de 12 años; el estrangulamiento de una mujer en avanzado estado de gravidez y para redondear con su rol protagónico, la muerte de dos fiscales antimafia a quienes ordenó colocarles, en Milán, Roma y Florencia, uno tras otro, explosivos con potencia de sobra hasta hacerlos volar en pedazos.
El niño en cuestión había sido torturado de manera salvaje. Parte de sus restos mortales se hallaron en un bidón de ácido muriático. “Para que mis enemigos y quienes infrinjan la omertá, sepan de lo que soy capaz con ellos y con sus parientes” fue la advertencia del hoy recluso.
En los últimos 30 años Messina jamás fue visto en público. Las autoridades para reconocerlo a la vista se hallaron en la necesidad de reproducir una imagen del gangster generada por computadora a partir de varias fotografías de finales de los 80, tomadas de algún álbum de la familia Messina. Como nota curiosa, en septiembre de 2021 la policía de inmigración del Reino de los Países Bajos detuvo por unos días a un nativo de Liverpool, Reino Unido, en la creencia que se trataba del referido “padrino”.
Su condición de perseguido por la justicia no fue óbice para la continuidad de su carrera. Como líder del “Clan Corleone”, Messina Denaro capitaneó actividades de crimen organizado como el vertido ilegal de desechos, lavado de dinero, tráfico de drogas, el venerable -venerable para sus padres, abuelos y tatarabuelos- cobro de protección o “vacuna”. Además de su sed de sangre, era reconocido su habilidad para negocios como la gestión de activos y la infiltración en empresas económicas legales, incluidas las de energía eólica. Disfrutó de la protección de una amplia red de mafiosos, pero también de una no menos amplia de ministros y personajes influyentes. “Mafiosos civiles” los llaman en Italia. Los enchufados de siempre en Venezuela que juegan a estar bien con Dios y con el Diablo.
Su arresto ha conmocionado a Italia. Apenas fue informada de la captura, la primera ministra Giorgia Meloni voló a Sicilia para felicitar a las fuerzas locales de seguridad, mientras llovían elogios del espectro político, cultural, académico, sindical, en general. “Estamos lejos de haber ganado la guerra contra el crimen, pero esta captura es una victoria importante”, expresó la señora Meloni.
Venezuela se ha convertido en santuario de criminales. Además de los que ya sabemos, a salvo de la Interpol, cazarrecompensas, de escuadrones de capturas que no pueden asomar sus narices (menos aún sus bigotones pegostosos), más allá de Maiquetía, hay muchos que llegan en medio del mayor sigilo, en calidad de huéspedes especiales. “El Chapo” Guzmán, por varios meses en Margarita, como lo informó “La Razón” con carácter de exclusividad y lo confirmó después el entonces prófugo. Ahora que han capturado a Messina, me viene a la memoria uno de sus lugartenientes, más temibles, Salvatore Miceli. Anduvo como Pedro por casa en Caracas e incluso fue recibido varias veces en Miraflores.
Cansados de pagar vacunas y en la ruina, casi por las exigencias de sus supuestos protectores, “El Chapo” y Miceli se vieron en la necesidad de irse con sus ametralladoras y sus prontuarios para otra parte.
Si eso es con sus altos panas ¿Qué podemos esperar nosotros?
NULL
