viernes 20  de  febrero 2026
OPINIÓN

Segunda y breve carta de Marco Rubio

Le pido encarecidamente que considere el sentir de quienes han sufrido directamente las consecuencias del comunismo en Cuba, expandido desde allí hacia el mundo, incluido Estados Unidos

Diario las Américas | ZOÉ VALDÉS
Por ZOÉ VALDÉS

Estimado compatriota, apreciado secretario de Estado de Estados Unidos, permítame enviarle las siguientes meditaciones sobre las negociaciones en torno a la libertad de Cuba:

Me dirijo a usted por segunda vez a través de esta carta, motivada por la profunda admiración que siento hacia su mente clara y su capacidad de análisis y acción. Desde mi primera misiva después de que se produjera el segundo mandado del presidente Donald Trump y que usted fuera nombrado, he seguido atentamente su labor y, tras su intervención en el Consejo de Seguridad en Múnich, no puedo sino reiterar mi respeto por su brillantez, exactitud y sabiduría. Su discurso en este importante foro internacional fue un ejemplo de liderazgo y compromiso, y acrecentó mi esperanza en un futuro mejor para los pueblos oprimidos, además de verle ya como un futuro presidenciable para Estados Unidos, y no soy la única.

Sin embargo, he de confesar que mi optimismo se vio seriamente golpeado tras leer el artículo publicado por Axios. En él se detalla que las negociaciones sobre la libertad de Cuba se estarían llevando a cabo entre usted y los herederos del castrismo—hijos y nietos, especialmente con el nieto conocido como "El Cangrejo". Esta información me ha dejado perpleja y profundamente decepcionada.

¿Realmente no había nadie, vamos a decir, menos bajo, con quien negociar nuestra libertad? ¿Acaso nuestra lucha de décadas (casi siete ya), el sacrificio de tantos muertos, presos políticos y exiliados, merece ser humillada de una manera tan mezquina?

Comprendo la complejidad de las negociaciones internacionales y la necesidad de encontrar interlocutores válidos para avanzar en la causa de la libertad. Pero ruego que entienda mi sentimiento y el de muchos cubanos: la idea de que nuestro destino se dialogue con los mismos descendientes de quienes han perpetuado la tiranía castro-comunista resulta dolorosa y humillante. Es difícil aceptar que, después de tanto sufrimiento, la esperanza de cambio dependa de acuerdos viles y peseteros con quienes representan la continuidad de ese desastroso régimen.

Le pido encarecidamente que considere el sentir de quienes han sufrido directamente las consecuencias del comunismo en Cuba, expandido desde allí hacia el mundo, incluido Estados Unidos.

Ruego que todas nuestras voces, las de los exiliados, presos políticos, organizaciones políticas opositoras, y familias rotas, sean escuchadas y dignificadas en el proceso. Solo así, la negociación por la libertad de Cuba podrá tener sentido y honor. Y, sería una verdadera liberación con justicia y vergüenza, que honraría nuestra historia, a José Martí, y a la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra virgen mambisa.

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