Todos quieren justicia, todos desean lo justo. Esta virtud individual expresa un profundo valor ético, que solo es posible garantizarla en la norma legal y práctica del país. Los pueblos que viven bajo tiranía, este pilar fundamental de la vida moral es vilipendiado y se crea una casta superior por encima de la ley.
La justicia, un valor absoluto en humanos y reprimido por Cuba comunista
Figuras históricas y teóricos han legado reflexiones sobre la justicia y la resistencia a la injusticia, destacando la importancia de no acatar leyes inmorales que atenten contra la dignidad humana.
La dignidad humana está asociada indisolublemente a los derechos inalienables o derechos humanos básicos: Derecho a la vida; Libertad de palabra, de expresión y de prensa; Libertad religiosa; Libertad de reunión y asociación; Derecho a la misma protección de la ley; Derecho a un juicio justo e imparcial. Estos son valores ético-morales propios del ser humano, lo que constituye un absoluto en este género y, bajo la fe, es la semejanza heredara del Dios Bíblico.
Desde los albores de la civilización hubo preocupación por la justicia y expuesta en los códigos legales. Preocupaciones sabias como: “Hay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía” (Isaías 10: 1) o, casi mil años antes, “No tuerzas el derecho, no hagas acepción de persona, ni tomes sobornos”. “La justicia, la justicia seguirás” (Deuteronomio 16: 18-20).
Las situaciones deplorables de las vidas de muchas personas, por sus existencias en sistemas de esclavitud, conllevaron a rebeliones justas por emanciparse y ser seres libres. Por esto, el libertador Moisés también escribió: “Pregonaras libertad en la tierra a todos sus moradores”. Frase célebre grabada en la Campana de la Libertad que resonó para América y la humanidad.
La Campana de la Libertad despertó a todo un pueblo y fundaron una república, con los poderes de gobiernos independientes y en equilibrios -estado de derecho-, donde el mismo pueblo era la fuente de derecho y lo escribieron en su Constitución, “Nosotros el Pueblo”.
La Revolución Americana (1776) continua vigente y sigue siendo un paradigma para la humanidad. Los cubanos tomaron de su republicano y trasladaron su esencia cívica humanitaria hacia la Constitución de 1901 y 1940, en ambas existen la luz que ilumina nuestras luchas por la libertad y la justicia, la Carta de Derechos.
La justicia y la libertad están hermanadas, se interrelacionan sagradamente para exaltar la dignidad de la persona libre, mancilladas bajo la presencia de una tiranía, que depreda la libertad, desvalorando el alma humana; esas injusticias premian solo a los poderosos con libertad. Por ambos conceptos, el hombre debe luchar para construir una sociedad libre.
La Revolución Americana está en varios documentos su justificación intelectual y bíblica. Uno expuesto 25 años antes del inicio de la rebelión estadounidense, ampliamente distribuido y acogido en los días antes y después del comienzo del fervor revolucionario, los sermones sobre el derecho y el deber de resistir la tiranía, entre ellos, el “Discurso sobre la sumisión ilimitada”, del pastor Jonathan Mayhew.
Muchos han sido los teóricos o intelectuales que han expuesto estas sublimes ideas de justicia y libertad. Algunos los estudiamos en las escuelas independientes cubanas de desobediencia civil, con el objetivo de realizar el desafío político noviolento para la desintegración de la tiranía y alcanzar la libertad y la justicia.
Aquellos teóricos son: León Tolstoi: “Lo incorrecto no deja de estar mal porque la mayoría participa en él”. Mahatma Gandhi: “Nadie está obligado a cooperar con su propia perdida o en su propia esclavitud”.
Martin Luther King: “Siempre es el momento apropiado para hacer lo correcto”. Henry David Thoreau: “La ley jamás hizo a los hombres un ápice más justo; y, en razón de su respeto por ellos, incluso los mejor dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia”.
Unas huellas imperecederas malvadas catalizaron en sus leyes algunos regímenes en el mundo. La dictadura hitleriana, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (nazi), legitimó la discriminación y la persecución de la población judía en las Leyes de Núremberg de 1935. Tal como fue en Sudáfrica del apartheid, la Ley de Registro de Población de 1950. Estas leyes fueron consideradas crímenes de lesa humanidad.
El apóstol José Martí fue un paladín de la justicia y desde muy joven, casi niño, condenó y despreció las leyes coloniales de la esclavitud y honró a la humanidad al manifestar que “¡La esclavitud de los hombres es la gran pena del mundo!”, y en su amplia sapiencia iluminó a sus futuros conciudadanos de la nueva esclavitud, el socialismo.
Acataremos una inmoralidad porque sea una ley, no podemos ser cómplice de una ley que atente contra la dignidad de la persona, no podemos hacer nuestra una ley injusta. La justicia desde el punto de vista moral es un valor superior a la ley, por ser un equilibrio entre la moral y el derecho. Las leyes humanas no son consideradas inmaculadas ni absolutas y muchas se alejan de lo ético-moral. Por esto el pastor Mayhew sabía que esas leyes apartadas de la virtud no eran justas, que 'Toda injusticia es pecado' y debe cambiarse las imperfecciones de la ley y buscar, en lo posible, la perfectibilidad legalista en la sociedad para el bien de la humanidad.
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