La República de Cuba vive en el tejido invisible que corre subterráneo dentro de la Isla, renaciendo en los miles de cubanos que hoy piensan, sufren y luchan por la libertad. Ese espíritu invisible ha permeado la diáspora, adonde hemos venido a reconstruir el alma de la Patria para regresar a ella en el amor y el servicio.
La lucha del Directorio
El Directorio Democrático Cubano, fundado por jóvenes cubanos y cubanoamericanos nacidos en las décadas del sesenta y el setenta, recibió el legado de lucha por la libertad
El Directorio Democrático Cubano, fundado por jóvenes cubanos y cubanoamericanos nacidos en las décadas del sesenta y el setenta, recibió el legado de lucha por la libertad de los otros Directorios que en 1929, 1930, 1955 y 1960, fueron organizados por jóvenes cubanos de otras generaciones, también cuando la República martiana, fue azotada por las dictaduras autoritarias que rompieron la constitucionalidad, y luego, cuando en nuestra Patria fue impuesto el régimen comunista que hasta hoy esclaviza a Cuba.
Los fundadores del Directorio Democrático Cubano somos los hijos de una generación escindida por la represión y el destierro. Una generación de resistencia al mal, y de sueños rotos, que supo transmitir a sus hijos la Cuba profunda que sobrevivió en sus corazones.
Podría parecer extraño para algún observador foráneo, este fenómeno de transmisión invisible, inspiración histórica y renacimiento espiritual de una República que a todas luces el sistema comunista ha querido desmembrar y sepultar. Sin embargo, es el proceso natural de una nación fundada en el sacrificio y la esperanza de miles de hombres y mujeres, que también sufrieron represión y destierro, y retornaron o permanecieron para lograr el nacimiento, en 1902, de su República, engendrada en el quehacer de ilustres pensadores y poetas, y delineada por uno de los más grandes hombres de la historia: José Martí.
Con este legado inmenso, nace en 1990 el Directorio, con el deseo de ser parte del esfuerzo de rescate de la República. Para ello, habiendo nacido en suelo extranjero, comenzó desde sus inicios el camino de búsqueda y estudio de nuestras raíces, con la dicha de tener como maestros a hombres y mujeres extraordinarios, historiadores, filósofos, arquitectos, poetas, políticos, empresarios, todos ellos parte del destierro, y de la República perdida en 1959. En aquel quehacer, nos lanzamos a buscar nuestros iguales dentro del naciente movimiento de derechos humanos en la Isla. Intuíamos, como así fue, que dentro de aquellas voces valientes encontraríamos a jóvenes inspirados, como nosotros, por esa corriente invisible de resistencia y rescate. Conocimos a los jóvenes de un Directorio fugaz y valiente, fundado en la Universidad de La Habana, y cuyos miembros fueron brutalmente reprimidos.
Y poco a poco, fuimos reconociéndonos en aquellos dentro de la Isla, creando nexos de colaboración y respaldo, retroalimentándonos con la certeza de que la República invisible seguía más viva que nunca. La labor del Directorio dentro de Cuba no solamente se ha llevado a cabo en la distancia, también los miembros de este Directorio han caminado las calles de nuestra Isla, abrazando y animando al creciente movimiento interno de resistencia cívica. Desde la humildad de los hogares hasta la rudeza de las cárceles, el Directorio ha podido alcanzar con su voz y su aliento a nuestros compatriotas. Con respeto y mucha humanidad, hemos tendido la mano para que sepan que no están solos, y que el futuro en Cuba libre es posible y nos pertenece a todos.
Con la misma determinación, este Directorio ha salido al mundo a informar lo que ocurre en nuestra Isla. No sólo hemos hecho de la denuncia una práctica necesaria de documentación y protección para los que luchan internamente, hemos además buscado solidaridad en parlamentos, instituciones internacionales, y en la sociedad civil de países de América Latina, Europa, Asia y África. De esta forma, hemos tendido puentes de colaboración con países libres, y también de empatía y coordinación con aquellos que enfrentan el mismo mal que nosotros los cubanos.
Por último, el Directorio ha logrado aunar voluntades en la diáspora y dentro de la Isla, para plantear un mapa de liberación y transición a la libertad y la democracia, que pasa por el reconocimiento de que no puede haber Patria sin justicia, pues la virtud emana de la caridad, como nos enseñó el Padre Félix Varela desde tiempos coloniales.
Ante el inminente desplome del modelo implantado en Cuba, y ante el plan de aniquilación del pueblo cubano de intramuros, por parte de los militares narcotraficantes y criminales que controlan el país junto a la familia Castro, el pueblo cubano es la variable decisiva en esta ecuación. Por ese pueblo, y frente al paredón de fusilamiento, murieron Alberto Tapia Ruano y Virgilio Campanería, líderes y mártires del Directorio de 1960 con un llamado a las nuevas generaciones de no aceptar el yugo. El pueblo de Cuba no ha dejado de luchar por su libertad en estos 66 años de terror y represión.
Convencidos que aquellas palabras de José Antonio Echevarría, líder y mártir del Directorio de 1955, en el Puente de Luz, fueron una sentencia lanzada hacia el futuro, estamos seguros de que la solución está en el corazón de cada cubano, dentro y fuera de la Isla: el pueblo de Cuba tiene la palabra.
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