¿Podrá alguien todavía poner en duda el carácter dictatorial y militarista del régimen de Nicolás Maduro? Desde la llegada el poder del coronel de paracaidistas devenido en golpista Hugo Chávez, a la sombra del chavismo han muerto todas las instituciones democráticas de la nación sudamericana.
La noche venezolana
El ejemplo más reciente de la clara esencia autocrática del desgobierno de Maduro es su empeño por anular (eliminar, si pudiera) a la Asamblea Nacional, en manos de la oposición.
A la par de la represión contra cualquier destello de disidencia política, el “heredero de Chávez” ha invertido parte de los cada vez más escasos fondos del Estado para adquirir armamento.
Según un informe preparado por la organización no gubernamental Control Ciudadano, la gravísima crisis económica y la caída de los precios del petróleo obligaron a Maduro a disminuir la compra de equipos y armas para la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. De acuerdo con la misma entidad, durante el período 2015-2016 el país redujo sus adquisiciones militares en un 90% en comparación con los años 2013- 2014, pero durante el año que acaba de terminar, las compras se dispararon 5% en relación con el 2015.
A ello se suma, que Maduro –o sus padrinos políticos de La Habana- ha colocado en puestos clave del régimen a las figuras más radicales dentro del chavismo, muchas de ellas acusadas de tener lazos directos con el narcotráfico.
El año ha comenzado mal para Venezuela y la larga noche que vive esa hoy empobrecida nación hermana parece no tener fin.
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