jueves 16  de  julio 2026
ANÁLISIS

Míster Trump y Cohen, su apañador ¡Se han reconciliado!

En cuanto al ejemplo de los señores Trump y Cohen, el tiempo ha demostrado cuán insinceras son esas lealtades hipertrofiadas y postizas

Las de maestro y pupilo. Las de confesor y pecador. Las de marido y mujer o de mujer y marido. Las de abogado y defendido, como ha sido el caso objeto de la presente crónica.

Nos referimos, en concreto, a las interrelaciones rígidas que en lugar de enaltecer, condenan a sus participantes por no apegarse a la deontología más elemental.

La tarde en que le preguntaron sobre sus vínculos con el entonces candidato a la Presidencia, Donald J. Trump su abogado neoyorquino, supuesto apañador (o “fixer”) y hombre de confianza, Michael Cohén, respondió que su lealtad hacia su entonces jefe era tal, que si alguien le disparaba, él, es decir, el propio Cohen, se interpondría entre la bala y el pecho de su cliente.

Pero la abogacía, no fue instituida para los que los letrados, sacrificasen las propias, en pro de las vidas de sus patrocinados. Sería antiético, poco profesional, servil, además de sospechoso de ataduras inconfesables. Claude François Chauveau-Lagarde, defendió con vehemencia a María Antonieta, en aquel juicio que se sabía perdido de antemano. El abanico, única posesión material que le quedaba a la reina y que el abogado aceptó en pago por sus servicios, aún se conserva en el Colegio de Abogados de París, como símbolo del digno ejercicio profesional. Sin embargo, Chauveau-Lagarde jamás hubiese solicitado subir, él, al cadalso para tomar el lugar de la monarca caída en desgracia.

En cuanto al ejemplo de los señores Trump y Cohen, el tiempo ha demostrado cuán insinceras son esas lealtades hipertrofiadas y postizas.

Cohen, después de ejercer el rol de matón contra todos aquellos que tuvieron divergencias con su ¿jefe? ¿carnal? ¿compinche? terminó con reñir con este último, por asuntos subalternos y, entonces ¡Adiós juramentos de fidelidad eterna! Acto seguido, para lucrarse de manera no muy ética que se diga, escribió dos libros de corte autobiográfico y mantuvo, por varios años, un streaming o transmisión vía la Internet, de lunes a viernes, en los que el único tema era ventilar las intimidades de su exempleador, falsas o no falsas, pero en cualquier caso, nada decorosas. Además, no hubo proceso judicial, declaraciones ante los medios de comunicación, ni interpelaciones parlamentarias, a las que Cohen no haya asistido en calidad de soplón, a confesar todo lo que sabía y no sabía, secreto profesional y secreto no profesional, contra su exdefendido y nuevo archienemigo.

A fuer de ser sincero, Trump tampoco permaneció inerme. Como consecuencia de verse envuelto en tal fuego cruzado, Cohen fue a parar a la cárcel. Además, la correspondiente Barra le suspendió de manera indefinida su ejercicio profesional. Para peores, el señor Trump convocó de emergencia a su temible laboratorio de guerra no muy limpia que se diga, cuyo trabajo consiste, mayormente, en producir, sobrenombres calumniosos y en serie, como quien produce salchichones. En el caso específico contra Cohen: “Sleazebag", "Rat”, “Doctor. Chimbín” (traducción libre del “Bad lawyer and fraudster”) y un interminable etcétera y etcétera, que no reproducimos en las presentes crónicas porque podrían resultar ofensivos a la decencia pública.

Tal tipo de enemistades, suelen transmitirse, por los siglos de los siglos, a través de los herederos de los herederos. Ocurrió con los muy shakesperianos Montescos y Capuletos. Con los güelfos y gibelinos; con los fanáticos de los “Leones del Caracas” y los aficionados del “Magallanes”. Las nuevas generaciones, siguen insultándose, odiándose y matándose, entre sí, sin estar muy seguros del tipo de ofensa que ha dado origen a semejantes disputas

Sin embargo, cuando todos dábamos por sentado que la inquina entre los dos señores, referidos anteriormente, sería hasta la muerte, he aquí que la prensa nos ha sorprendido con la noticia de su reconciliación, fin de semana gratis a jugar golf en Mar-a-Lago, incluido, más el lanzamiento de un nuevo programa radial en la emisora propiedad de otro amigote del señor Trump, en el que Cohen, vuelva por sus fueros. Es decir, a prodigarle loas a quien hasta ayer mismo insultó y despotricó.

¿Qué clase de confianza, credibilidad, de sinceridad, nos pueden merecer dos seres humanos, que se cambian, de amigos a enemigos y de enemigos a amigos, como quien se cambia un par de medias u otra prenda íntima de vestir? Me temo que hay algo podrido en la Dinamarca de tal clase de personas.

Ya nos lo advertía, la vieja coplilla castellana: “Tratándose de timadores/ desconfiad igual/ de sus amores/ que de sus rencores”.

Y por cierto: Lo que les espera a Delcy Rodríguez, su hermano, el Hombre del Mazo Dando y pandilla, con compinches de semejante calaña.

@omarestacio

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