MIAMI.- El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, acusó este jueves al régimen cubano de haber contribuido a construir una red de inteligencia e influencia ideológica que, según afirmó, favoreció el desarrollo de movimientos de extrema izquierda en EEUU y el resto del hemisferio.
Marco Rubio acusa al régimen cubano de impulsar redes de extrema izquierda en el hemisferio
El secretario de Estado afirmó que La Habana ayudó a crear redes de inteligencia e influencia ideológica vinculadas a la extrema izquierda en la región
Las declaraciones fueron pronunciadas durante la apertura de la Conferencia Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, organizada por el Departamento de Estado en Washington D.C. con la participación de delegaciones de más de 60 países. El encuentro estuvo centrado en fortalecer la cooperación entre gobiernos frente a organizaciones extremistas con operaciones transnacionales.
En su intervención, Rubio aseguró que “la vasta red de inteligencia e ideológica del régimen cubano ayudó a construir la extrema izquierda en nuestro país y hemisferio”.
El jefe de la diplomacia estadounidense sostuvo que esos grupos operan mediante redes transnacionales que les permiten recaudar fondos en un país, mantener sistemas de comunicación en otro, recibir entrenamiento en un tercero, reclutar militantes en un cuarto y ejecutar ataques en un quinto.
“Los terroristas de extrema izquierda de hoy pueden recaudar dinero en un país, alojar comunicaciones en un segundo país, recibir entrenamiento en un tercer país, reclutar militantes en un cuarto país y luego atacar un objetivo en un quinto país”, afirmó.
Asimismo, añadió que ese escenario obliga a replantear la respuesta frente al terrorismo político y a reforzar la cooperación entre los países para identificar las fuentes de financiamiento, las redes logísticas y los mecanismos que respaldan a esas organizaciones.
Una lectura estratégica
Para el comandante retirado de Inteligencia Naval José Adán Gutiérrez, las palabras del secretario de Estado reflejan un cambio de enfoque en la visión de seguridad de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe.
A su juicio, Washington ha dejado de considerar la región como un escenario periférico y vuelve a verla como un espacio de competencia geopolítica, donde convergen distintos modelos políticos, económicos y de gobernanza.
Bajo esa perspectiva, explica, Cuba trasciende el ámbito de la relación bilateral con Estados Unidos y es percibida como un centro de formación política, asesoramiento en inteligencia y articulación de alianzas ideológicas que durante décadas proyectó influencia sobre gobiernos y movimientos de izquierda radical.
“Las palabras de Rubio reflejan precisamente esa lectura estratégica: que Cuba constituye uno de los principales nodos de una red política e ideológica hemisférica que durante años ha proyectado influencia hacia países como Venezuela, Nicaragua y, en distintos momentos, Bolivia y otros regímenes afines”, subrayó.
El analista considera, sin embargo, que ese panorama comienza a modificarse. Según explicó, el avance de gobiernos de centro y centroderecha en varios países responde, en gran medida, al desgaste provocado por el bajo crecimiento económico, la corrupción, la inseguridad y la incapacidad de numerosos gobiernos para responder a las demandas sociales.
Ese proceso, sostiene, ha reducido progresivamente el margen de maniobra del modelo promovido desde La Habana. Aunque la isla conserva un importante peso simbólico para determinados sectores de la izquierda latinoamericana, enfrenta al mismo tiempo una profunda crisis económica, energética, demográfica y social que limita cada vez más su capacidad de proyección exterior.
Para Gutiérrez, esa es la principal paradoja que enfrenta hoy el castrismo.
“Si durante décadas exportó influencia política desde una posición de relativa fortaleza revolucionaria, hoy intenta mantener esa misma influencia mientras enfrenta una crisis estructural que amenaza las propias bases de sostenimiento del régimen”.
El especialista considera que la postura del funcionario trascienden el endurecimiento del discurso hacia la dictadura cubana y anticipan la dirección que podría seguir la política exterior en los próximos años.
“La afirmación de Marco Rubio debe entenderse menos como una descripción del pasado y más como una señal de hacia dónde se orientará la política estadounidense: considerar al Hemisferio Occidental nuevamente como una prioridad geopolítica y abordar el caso cubano como parte de una arquitectura regional de competencia política, ideológica y de seguridad, y no únicamente como un expediente bilateral entre Washington y La Habana”, concluyó.
Las declaraciones se producen en medio del endurecimiento de la política de la administración de Donald Trump hacia Cuba. Desde el regreso del mandatario a la Casa Blanca, el Ejecutivo ha ampliado las sanciones contra entidades vinculadas al aparato político, militar y económico cubano, al tiempo que mantiene a la isla en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
El secretario de Estado defendió además la necesidad de adaptar las políticas de seguridad a las nuevas formas de extremismo, al considerar que muchas de estas redes actúan más allá de las fronteras nacionales y requieren una respuesta coordinada entre los países.
La conferencia forma parte de la estrategia del gobierno de Trump para reforzar la cooperación internacional frente al terrorismo político y ampliar el intercambio de información entre gobiernos sobre organizaciones que, según Washington, representan una amenaza para la seguridad regional.
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