“Nos los están metiendo por los ojos, luego de años sin siquiera saber que existían, ahora los nietos son la presencia obligada”. Nelly cree que hay un plan oficialista para que los herederos de Fidel y Raúl se ganen un espacio en el incierto futuro cubano.
La nueva ola de los Castro
Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión
Desde la sala de su apartamento en Cuba, Nelly tiene una visión directa de lo que sucede en la isla, acopia información de todo el que presume cercanías o acceso a los verdaderos círculos del poder, “te hablo de Gaesa y el grupito de militares, porque Díaz-Canel es solo un número, una cucharita, que ni pincha ni corta”.
Me habla con tremenda propiedad, segura de lo que dice: “El cangrejo es por decreto oficial, pero el payaso de Sandro viene con un plan alternativo, no los quieren colar por las redes sociales”.
Para ella todo es un montaje, “aquí nada es casualidad, recuerda lo que decía Lisandro Otero en su libro Árbol de La Vida, aquí lo que no está prohibido, es porque es obligatorio”.
La pregunta es ¿por qué a los nietos y no a los hijos?, ¿Qué pasó con Mariela Castro y su hermano Alejandro, quienes habían colado baza durante el mandato de su padre, Raúl Castro?
Nery tiene su explicación, “están pensando a futuro, en cavarle un refugio al nieto favorito de Raúl, al que ha impuesto como oficial de primer grado sin haber tirado un tiro, o jefe de su seguridad personal sin hacer otra cosa que acompañar al abuelo a todas partes, pero el tipo por dinero se deja guiar, lo han llevado de la mano para que se crea empresario, lo enviciaron”.
No entiendo por qué cree que la ofensiva de Sandro Castro en redes sociales pudiera tener también la mano del castrismo guiando sus desordenados pasos. Hasta ahora el más visual de los nietos de Fidel había trascendido como un díscolo tomador de cervezas, defendiendo su negocio privado, con comentarios imprudentes y sin la disciplina o control con que habitualmente se presionaba a los hijos de Fidel.
Yo recuerdo el chisme recurrente de las calles de La Habana de los 90 con lo que le había pasado a Alexis Castro: El padre de Sandro se había comprado un Chevrolet, un modelo muy viejo, buscando colarse en las conversiones de autos, el invento del momento que permitían a unos pocos convertir esos “almendrones” en un moderno Chevrolet Lumina de los que las empresas de turismo daban de baja de su parque de renta.
Pero se lo picaron al medio, lo encontró cortado en dos mitades en el taller a donde lo había llevado a reparar, de paso le mostraron un pequeño Lada, ya registrado a su nombre y con el recado de su padre que ese era el que le tocaba.
Nelly cree que esas eran cosas de Fidel, que los principios han cambiado y con Sandro hay una tolerancia total, “fíjate que no le han picado el Mercedes, ni le han roto las cajas de cerveza de las que presume”, ella cree que lo están vendiendo como el Castro de los nuevos tiempos, cubriendo todas las bases para que no queden huecos por donde colarse.
“El bitongo salió en televisión despotricando de Díaz Canel y nadie se atrevió a tocarlo”, Nelly me pone otro ejemplo, “Al chivato del programa Con Filo lo emplazaron para que diera su opinión, pero el tipo sabe que eso es jugar con candela, se puso el traje de foca y le resbalo a la pregunta como si estuviera en el acuario, el tipo dice que sí lo criticó pero que lo censuraron al aire”.
Le comento que a Alejandro Castro Espín lo mandaron de inmediato a México cuando la captura de Nicolás Maduro. “lo pusieron como pescado en tarima y no se lo compraron, fue un intento fallido, así que el plan B fue mover el cangrejo, con fama de bruto y ‘bisnero’ y esa carnada si la mordieron”.
Según Nelly el único hijo varón de Raúl Castro es temido por la cúpula de los militares, “el ratico que lo dejaron jugar con el poder, lo gastó en crear comisiones que perseguían e investigaban a generales históricos como Furry, Polo y Gondín. A los dos primeros los tienen en plan piyama, al tercero lo mató de un infarto”. Según ella los militares y millonarios del momento empujan porque se salte esa línea sucesoria y prefieren al nieto maleable. ‘lo menos que quieren los jerarcas es que llegue Alejandro a contabilizarles todo lo que se roban”.
A Mariela no le ve la mínima posibilidad, “demasiado díscola, esa no pasa de un proyecto social, como que no creció”.
Le pregunto cómo quedarían todos esos planes de sucesión ahora que Trump permitió la entrada de un barco ruso con petróleo. “muchos estamos decepcionados con ese cambio, en la televisión lo venden como una victoria de Putin y Díaz Canel, le dieron oxígeno al régimen”, se queda en silencio por unos segundos, reconsiderando, “aunque la debacle sigue, el remolino tiene vida propia”.
Me encanta la alegoría de Nelly, ve a Cuba como un enorme rabo de nube, una espiral de tormenta que sigue acabando con todo lo que toca, con vida propia, a pesar de que la tormenta original pudiera haber perdido la intensidad de los últimos días.
Una tempestad en forma de cono, en cuyas paredes, por momentos, se alcanza a ver la cabeza de Sandro Castro vendiéndose como el Delcy Rodríguez de “la nueva Cuba”.
En otros instantes las ráfagas del tornado dejan ver al cangrejo, “la única vía para hablar con el verdadero dueño de los caballitos”: se refiere a Raúl Castro, el senil general que, aunque más muerto que vivo, sigue siendo el causante de todos los miedos. “Es como el Cid Campeador, que después de muerto lo subieron al caballo para espantar a los moros”, asegura Nelly, “no veo la hora en que lo metan en su piedra, el seboruco ese que subió a la montaña para esconder sus cenizas, pero hasta allá arriba lo van a ir a buscar para romperle el monumento a mandarriazos”.
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