Todavía siguen sedientos de sangre. Del elixir de la vida, exigen sus espantosas manos. Sangre pide la revolución castrocomunista y suenan los tambores de los pelotones de fusilamientos y de los desaparecidos; y dicen que hay paz. Sí, una paz amarga y sanguinolenta, llena de podredumbre, que se extiende por el país.
La sangre inocente derramada por el régimen comunista de Cuba
Una situación muy crítica, la crisis más severa como nunca jamás en el país, adjunta a las injusticias, la falta de la verdad y de libertad; pero siempre hay razones para la esperanza en los militares dignos
Aquella carnicería humana es la herramienta de la violencia política de la revolución castrosocialista para destruir la libertad y las instituciones democráticas cubanas de la sociedad libre. No solo es un conflicto de clases (PCC), sino una guerra contra el pueblo cubano; cuyos artífices son los carniceros de Birán, Fidel y Raúl Castro.
Este proceso sanguinario es una geopolítica agresiva que ha creado una inmensa mortandad en Cuba. Una copia fiel de los regímenes socialistas de Vladimir Lenin y José Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la China comunista de Mao Tse Tung. Todos en sus records con muchas víctimas mortales, según el Libro Negro del Comunismo.
Crímenes de lesa humanidad, ha cometido el régimen castrocomunista al forzar la salida del país de millares de personas a través de los éxodos de Camarioca (1965), el Mariel (1980), Guantánamo (1994) y por los cruces de las selvas centroamericanas en busca de la frontera sur de Estados Unidos (2021-2025).
En realidad, estas emigraciones masivas forzadas de cubanos hacia EEUU son un arma política para desestabilizar a ese país e introducir a sus agentes del servicio de inteligencia, células durmientes y provocadores, con el objetivo de destruir la cultura occidental.
Matanzas de balseros
La dictadura cubana ha presentado un grave problema político, cuando su población vota con sus pies, arriesgando sus vidas, lanzándose al mar en embarcaciones improvisadas. En muchas ocasiones el régimen castrista ha dado la orden a la Guardafronteras del Ministerio del Interior (MININT) de impedir esto a cualquier costo, usando la violencia policial extrema.
Algunas de esos actos brutales y alevosos, donde se han convertido en viajes peligrosos por el hundimiento frecuente de embarcaciones y asesinatos de sus tripulantes, son: la masacre de Barlovento, 1962; la matanza de Río Canimar, 1980; Masacre del Remolcador 13 de Marzo, 1994 y la matanzas de Bahía Honda, 2022.
Sin embargo, un verdadero genocidio fue la orden del narcotirano Fidel Castro, abrir las fronteras marítimas y en una actitud fría, pasiva y criminal de las autoridades dejaron salir miles de personas por cualquier punto de las costas cubanas y más de 35 000 almas, en embarcaciones rusticas o balsas, llegaron a la Bases Naval de Guantánamo (Gitmo) y 60 mil entre muertos y desaparecidos, llamada la Crisis de los balseros de 1994. Víctimas recogidas en el libro de Estadísticas de Democidio: Genocidio y muertes en masa desde 1900, de Rudolph Hummel (1997).
En 1996, dos años después de la crisis de los balseros, la soberbia y la venganza contra los salvadores de cubanos en el Estrecho de Florida y con el testimonio viviente de los innumerables muertos, los humanistas de la organización civil Hermanos al Rescate fueron derribados dos de sus avionetas, desarmadas y en aguas internacionales, y asesinados cuatro de sus pilotos, por órdenes de los carniceros de Birán, el comandante Fidel y el general Raúl.
Los paredones de fusilamientos
Del mismo modo, en la categoría de genocidio, son los fusilados por el régimen castrosocialista, por ejemplo: la Masacre de Santiago de Cuba, se fusiló en una fosa común a 71 prisioneros de un juicio amañado, el 12 de enero de 1959. Algunos textos científicos describen más de 15 mil personas muertas por fusilamientos, incluso más víctimas mortales según el libro, Muerte a manos del gobierno, de Rummel (1994).
La sed de sangre de la revolución castrosocialista aún está vigente y exacerbada en la actual narcodictadura de Castro Díaz-Canel. El designado gobernante Díaz-Canel y su esbirro el canciller Bruno Rodríguez han prometido un baño de sangre si tienen que combatir directamente con los libertadores del pueblo cubano, los estadounidenses.
El baño de sangre, una promesa de la cúpula gobernante, si observamos y analizamos sus sucios y sanguinarios métodos de ejecuciones extrajudiciales, los desaparecidos y los asesinatos enmascarados en suicidios y accidentes de autos, posiblemente tomarán a gran parte de la población como escudo humano y carne de cañón.
En la primera reunión pública que asistió el general Raúl, después de una acusación y prófugo de la justicia por un tribunal en EEUU, los medios oficiales y sus voceros esbirros alabaron la farsa valentía de este al asistir; no obstante, en la sala estaba acompañado de muchos militares muy jóvenes -carne de cañón- y, sobre todo, tres féminas, dos niñas y una joven junto a él, y otros niños; acaso, esto sería el escudo humano.
El poder político está débil y no sabe cómo salir de la inmensa miseria del pueblo cubano. Esta es intrínseca, propia de su estructura inviable sistémica, asociada a las flagrantes violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales; una catástrofe humanitaria, un crimen de lesa humanidad.
Una situación muy crítica, la crisis más severa como nunca jamás en el país, adjunta a las injusticias, la falta de la verdad y de libertad; pero siempre hay razones para la esperanza en los militares dignos. Un paso heroico y moral sería tomar el ejemplo imperecedero de nuestros padres patrios, del Ejercito Libertado Mambí contra la opresión colonial, que hoy es la nueva esclavitud, el comunismo, y liberar a su pueblo.
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