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OPINIÓN

Las disculpas de un español

Nosotros, la mayoría de los españoles, reconocemos a Guaidó como presidente, estamos comprometidos con la democracia, mucho más allá de nuestras particulares diferencias políticas
Por ITXU DÍAZ

Queridos venezolanos. Amigos, lectores, familiares lejanos, luchadores, profesionales llenos de dignidad y tantos desconocidos pero también cercanos. Amigos todos. En esta hora de la libertad, de la liberación del yugo que injustamente habéis padecido y del que hemos sido testigos de excepción, a la inmensa mayoría de los españoles nos emociona la dignidad y el compromiso pacífico y decidido de vuestra lucha.

No es una lucha de igual a igual. Es una batalla frente a ideas obsoletas, que en el pasado arrojaron al mundo miles de muertes, miseria, pobreza y aislamiento, y dolores conjuntos sostenidos a duras penas por muchas generaciones en un largo proceso de recuperación de la identidad y de la libertad, al fin por vía democrática.

No es una lucha de igual a igual. Porque vosotros portáis el estandarte de la libertad y quienes os quieren someter solo entienden la libertad cínica de su autoritarismo. No lo es, tampoco, porque a vosotros os acompañan profundos sentimientos democráticos y el adversario solo admite la democracia en la medida en que le permite mantenerse en el poder.

No es una lucha de igual a igual, no, porque vosotros no tenéis más medios que vuestras manos –los de comunicación os los han cerrado–, que lo que poco que tenéis lo habéis ganado con la audacia de quienes se han visto obligados a abrirse al mundo desde un país que poco a poco ha ido perdiendo la luz y la alegría para degenerar en las sombras grises de una inmensa prisión.

No es una lucha de igual a igual, porque habéis demostrado la altura moral de la que los chavistas carecen, porque respetáis los derechos humanos que ellos pisotean, porque habéis viajado, os habéis abierto al verdadero progreso mientras quienes os oprimen se han limitado a esgrimir la violencia como una ambición intelectual.

A pesar de todo, ahora con Guaidó a la cabeza –ayer con tantos otros–, habéis defendido vuestro derecho a disfrutar de una democracia del siglo XXI en un país riquísimo que os pertenece, aunque hoy se muestre empobrecido por la brutalidad y la incapacidad que despliega el régimen de Maduro.

En el momento más trascendental de la historia de las presentes generaciones de Venezuela, habéis reclamado apoyos a la comunidad internacional, esa que ampara mediante alianzas y constituciones, instituciones transatlánticas y globalizaciones, los principios básicos de la libertad, la justicia, la democracia y la paz.

Como era de esperar, la mayoría de las naciones que no están contaminadas por la lacra envilecedora del comunismo, las que no están anuladas, han salido en tromba a respaldar vuestra causa y a reconocer, en el histórico día de ayer, al presidente interino Juan Guaidó.

Los españoles tenemos motivos para enorgullecernos de nuestra historia, la reciente y la pasada. Y tenemos también motivos para avergonzarnos de algunos de los errores que, en conjunto, hemos cometido a lo largo de los siglos. Asumimos con naturalidad esa doble condición inherente a cualquier país de larga historia. Y sin embargo, no esperábamos que una de las mayores vergüenzas fuera a golpearnos en este momento del curso de los siglos, cuando la mezquindad, la incapacidad y la inconsciencia de nuestro presidente del Gobierno nos ha arrebatado del lugar que nos correspondía, por el sentimiento mayoritario de todos y por el compromiso con la libertad del pueblo de Venezuela que tradicionalmente hace de España la cabeza de Europa en esa lucha por la libertad.

Nosotros, la mayoría de los españoles, reconocemos a Guaidó como presidente, estamos comprometidos con la democracia, mucho más allá de nuestras particulares diferencias políticas. Por desgracia no es el caso del señor Sánchez, que se mantiene en el poder gracias al pacto de la vergüenza, con los golpistas que quieren destruir nuestra nación y con los comunistas y amigos del dictador venezolano.

Hoy estamos mucho más cerca de las palabras que han vertido en las últimas horas Felipe González y José María Aznar, así como toda la oposición, que de los malabarismos del Gobierno de Sánchez para no enfadar a sus socios radicales. No se tomen la cobardía de Sánchez como algo personal porque, a fin de cuentas, es un presidente que desconoce lo que significa alcanzar el poder ganando unas elecciones y esa tara, por lo visto, le condicionará toda la vida, incluso en esta ahora en que hay que elegir entre la libertad o la cárcel. Avergonzado pero firme, el pueblo español está inquebrantablemente con el venezolano.

¡Viva Venezuela libre!

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