Lo que vivió Venezuela es lo que están viviendo o podría tocarles vivir a muchos países latinoamericanos. Hace 20 años los venezolanos no pensaban que un gobierno electo democráticamente, que prometía gobernar “para el pueblo” y reivindicar los derechos de todos podría convertirse en el totalitarismo que viven hoy día.
Lo que no vieron venir los venezolanos
Hoy lamentan no haberlo visto venir, ni haber podido frenarlo. Padecen por haber caído en la trampa de la polarización, en el juego de ser divididos para la conquista del poder y atornillarse.
En los últimos meses se ha producido un aumento aparentemente excesivo de protestas alrededor del mundo. Desde China Taipéi, Francia, Ecuador, Bolivia, España, Chile hasta Colombia hemos observado a grupos de personas que, supuestamente, toman las calles para exigir un cambio a quienes están en el poder.
Pero las protestas encierran una paradoja. Vemos que las manifestaciones son cada vez más frecuentes en todos los países, como si fuera un tornado que nadie pudiera parar.
Aunque estas manifestaciones sean constantes, no existe garantía de que las demandas sean cumplidas. En algunos casos porque no tienen una petición concreta. Cada uno de los sectores que participa en las protestas busca su propia conveniencia y, en otros casos, el objetivo es desestabilizar el gobierno de turno, sin aceptar ninguna solución concertada.
Es evidente que esas manifestaciones están basadas en juicios de valor, lo que aumenta los traumas de un país, no importa cuán legítima o no sea la posición de quienes las alientan.
No basta con tener la razón, hay que tener la voluntad de enamorar e incluir, no necesariamente convencer, al que piensa, siente y se identifica distinto. Uno de los errores más importantes que cometió la oposición venezolana fue pensar que denunciar el proyecto hegemónico con ambición dictatorial del chavismo era suficiente.
Los populistas son muy astutos, y aprovechando las señales de confusión, las revueltas, distraen a su pueblo. Hemos visto cómo muchos gobernantes que quieren usurpar el poder aparecen hablando de equidad, prometiendo asistencia social, basados en la promesa democratizadora de devolver el poder secuestrado por las élites a los ciudadanos. Así politizan el manejo del fisco, como una economía política que favorece intereses de clase, con la promesa de ser los salvadores de la democracia.
Es justo en este momento cuando se debe abrir los ojos y, sin temor a ver lo que viene, alzar la voz masivamente para que no se instaure un gobierno totalitario y autoritario, como le sucedió a Venezuela, en los países recientemente sacudidos por la violencia en sus calles.
Se debe actuar con justicia sin caer en la venganza. Es vital dejar mensajes claros a los políticos sobre la base de que una nación instruida y con valores éticos y humanos jamás será doblegada.
Pero también no acceder a las provocaciones de vándalos o delincuentes participantes de asonadas, que lo único que buscan es desestabilizar el orden y la democracia de un país. De tal manera, no seamos cómplices de la devastación económica. Ejercer los derechos y deberes de la ciudadanía evitará que se tome a los ciudadanos como borregos, engañándolos, encegueciéndoles el intelecto y el accionar humano.
En estos casos, lo más importante es un movimiento ciudadano tejido, organizado y resistente, amparado en la Constitución y fortalecido en sus herramientas democráticas.
Nuestros países requieren mejores seres humanos y más ciudadanos en ejercicio para cosechar progreso, libertades y, sobre todo, líderes en servicio, y no cúpulas elitistas de poder y resentidos sociales. Estos últimos son los más peligrosos.
Jamás olvidemos a Hugo Chávez, Fidel Castro y Nicolás Maduro.
Abogada MSc-PhD (c) Universidad de Barcelona- España
Docente Universitaria
Fundadora Mujeres Exitosas Latam
@paolaonzagaabogada
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