La libertad de prensa está hoy peor que hace tres décadas. A los asesinatos y agresiones contra periodistas, males que la región nunca logró erradicar, se suman nuevas amenazas. El acoso desde el poder político se ha agravado y la crisis de sostenibilidad provocada por internet se profundiza ahora con la inteligencia artificial.
Más dolorosa que hace 33 años
Hace 33 años habría sido difícil imaginar que países considerados faros regionales perderían posiciones año tras año en los índices de libertad de prensa
Y hay razones para pensar que el deterioro continuará. Cada crisis deja un nuevo piso desde el cual comienza la siguiente. Es una dinámica conocida en las ciencias sociales como el ratchet effect, un avance difícil de revertir.
En América Latina, los ataques verbales contra la prensa no se moderaron con el cambio de signo político. Chávez, Correa y los Kirchner convirtieron la hostilidad en una práctica de sus gobiernos, y ahora Trump, Bukele y Milei muestran que esa actitud se repite desde la derecha. La tendencia indica que los próximos gobiernos, cualquiera sea su ideología, encontrarán terreno fértil para profundizarla.
Pensé en este deterioro acumulativo desde que, hace unos días, César Coll, director jurídico del diario ABC Color de Paraguay, me envió digitalizado “La dolorosa libertad de prensa: en busca de la ética perdida”, el libro que publiqué en 1993 y que utiliza como texto en su cátedra universitaria de Derecho a la Información. Ahí señalaba que la libertad de prensa se venía dañando desde hacía décadas.
Hace 33 años habría sido difícil imaginar que países considerados faros regionales perderían posiciones año tras año en los índices de libertad de prensa. Estados Unidos, durante décadas una referencia mundial, cayó al undécimo lugar entre 23 países en el Índice Chapultepec de la SIP de 2026. El deterioro coincide con la retórica y las acciones judiciales de Donald Trump contra los medios.
Reporteros Sin Fronteras confirma la tendencia desde otro ángulo. Estados Unidos pasó del puesto 42 en 2022 al 64 en 2026. Y Costa Rica, que siempre se la consideró un baluarte de la libertad de prensa, cayó al puesto 38 a nivel mundial, después de ocupar el puesto 8 durante largo tiempo.
En 1993, la violencia del narcotráfico contra la prensa se asociaba sobre todo con Colombia. Hoy el crimen organizado se ha extendido por México, Ecuador y buena parte del continente. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Se estima que 150 periodistas fueron asesinados y 28 desaparecieron desde 2000.
A esta violencia se sumó un instrumento que entonces tampoco existía y que genera una ola de autocensura. Se trata de las demandas SLAPP, litigios contra periodistas y medios que buscan silenciar mediante el desgaste económico y emocional.
Tampoco existía en la imaginación de 1993 el doble castigo que hoy representan las plataformas digitales y la inteligencia artificial. Primero, utilizan contenidos periodísticos sin pagar para alimentar sus servicios y modelos. Segundo, resumen esa información sin llevar al usuario a los medios que la publicaron ni a los que invirtieron dinero para crearla.
El Reuters Institute reportó que el tráfico procedente de Google Search cayó un 33 % a nivel global. Y los responsables de medios prevén una caída adicional del 43 % en los próximos tres años. ¿No es esta otra vuelta del ratchet effect?
El periodismo también arrastra sus propias cuentas pendientes, las mismas de hace tres décadas. Ganar la confianza del público exige independencia editorial real y una conducta profesional que todavía no siempre se cumple. Frente a la confrontación con el poder político, el periodismo a menudo acepta sumarse a la polarización, cuando debería hacer lo que más sabe hacer: periodismo.
33 años después, los ataques contra la prensa persisten. Pero ahora llegan desde más frentes y adoptan formas que entonces resultaban inimaginables.
Gracias a César Coll, en breve podré poner el libro para su descarga en mi web, www.ricardotrotti.com
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