El siguiente artículo de opinión de María Corina Machado fue publicado inicialmente en inglés en The New York Post:
Millones de venezolanos esperan el regreso de Machado para canalizar las tensiones sociales y sentar las bases de un país estable.
El siguiente artículo de opinión de María Corina Machado fue publicado inicialmente en inglés en The New York Post:
El 3 de enero, el presidente Trump cambió nuestra historia: Nicolás Maduro, jefe de la estructura criminal que mantuvo a Venezuela como rehén durante casi tres décadas, fue capturado y llevado ante la justicia. Ocurrió lo que muchos creían imposible.
Desde entonces, nuestros países han tenido una oportunidad histórica: desmantelar los cárteles, revertir la influencia cubana, rusa, iraní y china, construir una alianza energética y lograr que millones de venezolanos regresen a casa.
Estamos decididos a aprovecharla, sabiendo que, para que este proceso tenga éxito, una fuerza debe estar plenamente involucrada: el pueblo venezolano.
Venezuela no es Irak ni Afganistán. Somos una sociedad cohesionada, sin profundas divisiones étnicas o religiosas. Alguna vez tuvimos la democracia más estable y la economía más dinámica de América Latina. Perdimos ambas a manos de un régimen socialista criminal. El resultado fueron la miseria, la violencia, el Tren de Aragua, el Cartel de los Soles y la mayor crisis migratoria de nuestro hemisferio.
Ese régimen todavía conserva mucho poder. Si la presión disminuye mientras mantiene el control de facto, volverá a sus viejos métodos.
Los venezolanos queremos que nuestros hijos regresen a casa, un futuro luminoso y una alianza duradera con Estados Unidos basada en valores comunes. Millones de venezolanos en el extranjero solo regresarán si existe un camino claro hacia una transición democrática. Solo un gobierno electo puede ofrecer esa confianza.
Eso fue lo que votamos el 28 de julio de 2024. Maduro censuró los medios de comunicación, me impidió competir y encarceló a mi equipo. Pero los venezolanos se organizaron, votaron, verificaron los resultados y superaron el fraude y la represión. Ganamos de manera abrumadora.
Maduro encarceló a más de 2.000 personas, pero no pudo ocultar la verdad. El 28 de julio se convirtió en nuestro mayor movimiento cívico y demostró que los venezolanos son una garantía de estabilidad democrática y el mejor socio de Estados Unidos en la región.
Somos una nación occidental y pacífica, comprometida con la libertad y la democracia, devastada por el socialismo, pero dotada de más de 300.000 millones de barriles de petróleo, vastas reservas de gas, potencial hidroeléctrico y minerales críticos… todo ello a apenas tres horas de Florida.
Estados Unidos ha sido nuestro socio natural durante un siglo. Las empresas estadounidenses nos enseñaron a producir petróleo y nos trajeron nuestro deporte nacional: el béisbol.
Después de 27 años de destrucción socialista, queremos que Estados Unidos vuelva a ser nuestro principal socio comercial y queremos que Venezuela sea una fuente energética confiable para Estados Unidos.
Venezuela puede producir mucho más de 5 millones de barriles diarios con una inversión de unos 200.000 millones de dólares. Las compañías petroleras pueden perforar bajo prácticamente cualquier gobierno, pero un capital de esa magnitud requiere contratos de entre 20 y 30 años que comprometan a los gobiernos futuros. Mantener esa inversión requiere un marco jurídico predecible, cumplimiento de los contratos y un régimen fiscal competitivo, todo ello posible únicamente bajo un Estado de derecho occidental.
El desafío va más allá de los recursos. Esa misma certeza a largo plazo es necesaria para reconstruir la red eléctrica, los puertos, los sistemas de agua y la infraestructura digital, así como las instituciones, el control territorial, la justicia, la educación y la salud. Tenemos los planes y los equipos.
Instituciones sólidas deben ofrecer a los inversores garantías a largo plazo, sustentadas en el Estado de derecho y no en presiones externas. También impiden que el chavismo regrese a sus viejos métodos.
Un gobierno legítimamente elegido puede ofrecer esa certeza sin costarle un solo dólar a los contribuyentes estadounidenses. El capital privado puede financiar nuestra recuperación de manera transparente.
Queremos todo esto en libertad y democracia, con ambos países beneficiándose. Como líder del movimiento cívico que millones hicieron suyo, he asumido este compromiso: Venezuela respetará los contratos, protegerá la propiedad privada y construirá una alianza estratégica duradera con Estados Unidos.
Esa es también la razón por la que mi regreso es urgente. Mi deber es acompañar a nuestro pueblo y canalizar pacíficamente las crecientes tensiones sociales. Debo estar allí, profundizando la organización ciudadana, fortaleciendo nuestra red cívica y forjando un acuerdo nacional entre civiles y militares.
Regresaré y recorreré el país, preparando a Venezuela para reconstruir sus instituciones, su economía y su democracia, y para convertirse en el socio más fuerte de Estados Unidos en el hemisferio.
Por eso, el próximo paso estratégico es establecer una fecha para las elecciones presidenciales dentro del próximo año, junto con una hoja de ruta para las reformas necesarias para garantizar que sean libres y justas.
Una fecha firme dará a los venezolanos un horizonte para organizarse y participar, incorporando a la sociedad al proceso iniciado con el arresto de Maduro. Para quienes temen que unas elecciones puedan generar inestabilidad, ocurre lo contrario: unirán al país y aportarán certeza. La elección anterior demostró que millones pueden y están dispuestos a organizarse pacíficamente para lograr un cambio democrático.
La estabilidad duradera se basa en compromisos asumidos con un gobierno legítimo respaldado por los venezolanos. La cooperación en materia de seguridad requiere un mando legítimo. Nuestra visión es convertir los acuerdos gubernamentales en políticas de Estado que puedan sobrevivir a los cambios de gobierno.
En última instancia, la estabilidad depende de la participación de nuestro pueblo. Eso no puede esperar hasta que termine la transición; es la mayor garantía de que tenga éxito.
El secretario de Estado Marco Rubio ha declarado que Venezuela debe celebrar elecciones libres. Estamos de acuerdo. Los venezolanos necesitan saber cuándo.
El 3 de enero, el presidente Trump hizo lo que muchos creían imposible. Ahora podemos convertirlo en una victoria estratégica duradera: una Venezuela estable, democrática y próspera, aliada con Estados Unidos, abierta a la inversión estadounidense y contribuyendo a la seguridad del hemisferio.
Los venezolanos estamos preparados para hacer lo que sea necesario. Hemos demostrado que podemos organizarnos, votar y defender pacíficamente nuestra voluntad. Incorporar esa fuerza al proceso mediante un calendario electoral no pondrá en riesgo los avances. Los consolidará.
El 3 de enero abrió la puerta. Los venezolanos estamos preparados para atravesarla y no mirar atrás.
María Corina Machado ganó el Premio Nobel de la Paz 2025 por su lucha para restaurar la libertad en Venezuela y derrotar al régimen autoritario de Nicolás Maduro.
