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Navidad 2018

¡Noche de Paz, Noche de amor! ¡ALTO AL FUEGO!

Hasta cuándo tantas guerras fratricidas, llenas de odio y canibalismo, por razones ideológicas, religiosas, políticas y raciales. El mundo necesita una esperanza de cambio en progreso
Por PEDRO MENA

El 24 de diciembre históricamente es la fecha más venerada del mundo, en especial de los católicos, por el resurgimiento y fortalecimiento de nuestra profunda fe y esperanza en el devenir cotidiano. El nacimiento de Jesús, el hijo de Dios hecho hombre, que vino a la tierra a redimir nuestros pecados, entregando su propia vida, pero a la vez dejando la gran enseñanza de que la muerte también es superable y que solamente es un escalón más a vencer, cuando se tienen claros los principios y valores del amor, la misericordia y la hermandad permanente.

Confieso que desde muy niño mi pasión y alegría por los tiempos de Navidad y de las fiestas pascuales era un punto importante de partida para agradecer a Dios su benevolencia y recibir los regalos del “Niño Jesús” en nuestros dormitorios, o en el arbolito de Navidad o en el pesebre de la casa. Todo un acontecimiento de júbilo y celebración que realizábamos en las calles al lado de nuestros amigos y vecinos, enseñando y mostrando los juguetes regalados y colocados por una “mano divina” en nuestras propias camas. Qué felicidad y qué bella fantasía adornaba nuestras vidas infantiles y juveniles. Tiempos de amor y hermandad.

Con el transcurrir los tiempos, el Niño Jesús fue reforzado con la presencia de las versiones de “San Nicolás, Papa Noel y Santa Claus”, un hermoso personaje, vestido de rojo, con barbas y cabellos largos teñidos de blanco, adornados con espejuelos y una gran barriga, que sobresalía a su humanidad, amarrada a un gran cinturón negro, descollantes de alegría, felicidad y amor al prójimo. ¡Sus características carcajadas o risas y sus jo!.jo.!.jo! eran las tarjetas de presentación, al lado de su trineo cargados de grandes sacos llenos de juguetes y llevados por los 6 hermosos renos, liderado por uno de ellos con una nariz de forma de “faro rojo”, a quien llamaban Rudolf, el cual, buen guía al fin, trazaba y recorría con acierto la ruta universal de la amistad y la alegría.

Sin duda los tiempos cambian y agregan cada vez nuevos elementos motivadores. Lo importante es que sea “Niño Jesús o San Nicolás”, ambos constituyen una parte imborrable de nuestras vidas infantiles y juveniles, por los descollantes colores de su fantasía siempre presente y desbordando emociones incontrolables y fraternas entre los seres humanos, porque todos, incluyendo los “cómplices” padres, disfrutaban a granel estos acontecimientos llenos de dicha, paz y amor fraternos.

Este ambiente propicio, oportuno, y contagiante en todo el mundo, debe motivarnos a quienes tenemos la responsabilidad de escribir en medios de comunicación, a orientar y fortalecer esos valores tradicionales, como un elemento unificador, expresión del amor sembrado por Jesús, para hacer de nuestras vidas el punto de partida para luchar y alcanzar los grandes sueños y anhelos de la humanidad.

Hasta cuándo tantas guerras fratricidas, llenas de odio y canibalismo, por razones ideológicas, religiosas, políticas y raciales. El mundo necesita una esperanza de cambio en progreso, con actitudes más humanas, comprensibles y tolerante, para hacer más felices y alegres a los nuevos viajeros de la historia.

¡Alto al fuego! Toda guerra tiene su tregua, bien para recuperar espacios, reabastecerse, evacuar heridos y tener más provisiones y medicinas, para afrontar con éxito el final y desenlace del conflicto. Esta analogía la aplicamos actualmente para exigirle al liderazgo político mundial, a los medios de comunicación y las redes sociales, a los sectores involucrados en temas belicistas militares, a replegarse por estos días navideños y sentar las bases para la construcción efectiva de una sociedad más libre, más justa, más humana, más feliz, y más unida en la solución de los grandes temas de este siglo, que nos afectan a todos por igual.

Más diálogo, más comprensión, más inversiones en la búsqueda de las soluciones a las graves enfermedades que afectan a la población mundial, como el cáncer, la leucemia, la drogadicción, el tabaquismo y el alcoholismo desenfrenado, y otras enfermedades, así como también el hambre, las migraciones descontroladas de refugiados producto de las guerras fratricidas y de enfrentamientos inútiles, que solo conducen a nuevos y más conflictos estériles, que no alejan cada vez más del concepto humanístico y religioso de la paz, el amor y la esperanza.

A mis compatriotas venezolanos, sumergidos en la mayor crisis humanitaria, social, política y económica de toda su historia, va nuestro mensaje de fe, esperanza y valentía. Tengamos confianza en el renacer de nuestro liderazgo político, en el rescate democrático definitivo del país y la reconstrucción económica, social y política de la Venezuela de siempre. Unidos todos, lo lograremos.

Un mensaje de paz, alegría y amor para todos los hombres de buena voluntad en todo el mundo. Que el mensaje de Jesús al momento de su nacimiento ayude a fortalecer nuestros espíritus y almas, para que la prédica de la unión, la comprensión, el respeto y la tolerancia, nos lleve a un nuevo ciclo de la humanidad, mucho más beneficioso y productivo para todos los seres humanos, de hoy, mañana y siempre. Bendiciones. ¡Dios Bendiga América!

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