La asamblea anual de la Organización de Naciones Unidas este año ha sido un reclamo a la comunidad internacional de reordenamiento en la capacidad de respuesta ante conflictos regionales. Muchas voces coincidieron en advertir los retrasos del tiempo de reacción ante la inmediatez de exigencia para aumentar la presión necesaria sobre gobiernos que oprimen a su gente. Mientras mas tiempo transcurre por algún pronunciamiento, mas daño es causado en esas víctimas de violación constante de derechos humanos.

Otro alerta que cobró fuerza en la ONU fueron señalamientos del discurso del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien hizo un llamado a la sensatez al bloque regional sobre la justicia social en los pueblos que integran la gran comunidad del hemisferio.

El mercado común de Centroamérica es impulsado por la iniciativa de zona de libre comercio, en la que Honduras encabeza el impulso para sumar apoyo y confianza hacia otras naciones que integran la propuesta, como El Salvador y Guatemala, países del “Triángulo Norte”.

Este puente con facilidades arancelarias, la “Unión Aduanera Centroamericana”, acorta las distancias de otros mercados cuya demanda ocupa la operatividad. Solo hace falta la atención y credibilidad de capitales emergentes o ya fortalecidos.

Esta fuente de oportunidades requiere del empuje de organismos internacionales. Por esta razón, Hernández instó al foro de las Naciones Unidas mayor beligerancia para la integración de otras naciones vecinas.

La equidad en la producción regional también fue reclamo en esta tribuna. El presidente hondureño asombró a los asistentes al comparar con un billete de $5 en la mano, representando el precio de un café servido en taza en la ciudad de Nueva York, con los centavos que reciben los productores locales de Honduras, al recoger cada grano de café. Este llamado de atención sobre la diferencia abismal en las proporciones de ganancias fue reconocida con el aplauso de los presentes.

No se podía dejar a un lado este fenómeno mundial que preocupa a muchos gobernantes, el acorralamiento hacia los inmigrantes, quienes buscan un mejor porvenir, aportando todo el empeño y humanidad propia a cambio de oportunidad de empleo.

Sin mencionar a Estados Unidos, su discurso fue directo, al referirse a la dignidad atropellada de aquellos hondureños recluidos en centros de retención fronterizos estadounidenses, tras atravesar la “ruta de terror” por Centroamérica. La esperanza de “la institución mas sagrada de la humanidad”, es decir, la familia, se diluye en ese impulso de escapar de la miseria. La exigencia fue explícita, ante la presencia de mandatarios mundiales.

La discreción proporcionada por Juan Orlando Hernández no solo a nombre de su país, sino de las naciones centroamericanas hacia el reclamo de la ONU a favor de estas injusticias sociales, resulta un elemento de cambio entre la comunidad hemisférica. Sin duda, genera confianza hacia la capacidad de autogestión creciente en potencial pero con demanda de apoyo en bloque de parte de estados poderosos.

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