Es difícil imaginarse qué dirían ahora Groucho Marx, el genio de la comedia estadounidense, o Mafalda, la precoz niña rebelde de la historieta argentina de los años 1960, a quienes une la frase “Paren el mundo que me quiero bajar”, como una crítica a la realidad, en busca de alternativas.

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Su deseo se cumplió. El mundo se paró, aunque bajo las actuales circunstancias sea más fácil plantearse interrogantes que respuestas.

Y es que con la aparente desaceleración de las tasas de infección por el coronavirus, Washington empieza a hacer cálculos para responder a una pregunta crucial: ¿Cuándo podrá el país retomar su agenda económica y volver a los negocios?

El presidente Donald Trump ha dicho que quiere que la economía estadounidense comience a salir de su letargo obligado lo más pronto posible, y ha sugerido que para principios de mayo las empresas se preparen para llamar a sus empleados a trabajar.

Lo difícil está en que nadie sabe realmente cuándo vamos a llegar al ansiado pico de esta pandemia y empezar a bajar la llamada curva.

Los expertos en salud siguen siendo cautelosos ante la posibilidad de que se tomen medidas demasiado pronto, pues temen que podría haber una segunda ola de infecciones.

La doctora Deborah Birx, miembro del equipo coordinador de la Casa Blanca para la emergencia sanitaria nacional, ha dicho que “por alentadores que sean los esfuerzos no hemos alcanzado la máxima requerida. Y así, “todos los días debemos seguir haciendo lo que hicimos ayer y la semana anterior”, en clara alusión a que la distancia social y el confinamiento obligatorio es por ahora la estrategia más razonable.

Este mismo enfoque fue compartido por la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien consideró prematuro fijar una fecha para abrir nuevamente la economía.

Para el gobernador demócrata de Nueva York, Andrew Cuomo, cuyo estado se convirtió en el epicentro de la pandemia, "Lo peor ya pasó ... si seguimos siendo inteligentes en el futuro" advirtiendo que se debe pensar en una apertura coordinada y progresiva. “Si se abre la válvula demasiado rápido, veremos que los números crecen otra vez", señaló.

Trum, por su parte, está comprensiblemente preocupado por hacer que la economía vuelva a funcionar, para demostrarle al país que bajo su administración la situación está bajo control, especialmente ahora que sabe que enfrentará al exvicepresidente Joe Biden como rival electoral y que puede utilizar cualquier desliz político en su contra.

Si la economía permanece bloqueada durante meses, el jefe de Estado habrá perdido su ventaja comparativa más significativa antes de la crisis: que la economía de Estados Unidos estaba más fuerte que nunca.

Por eso, con el fin de concretar su oferta de una posible apertura en mayo, Trump está creando una fuerza especial que le asegure al país que la normalidad económica está cerca, especialmente ante las enormes cifras de desempleo.

En este intento contará con la ayuda de dos nuevos altos funcionarios en la Casa Blanca: Mark Meadows, como cuarto jefe de Gabinete, y Kayleigh McEnany, su nueva secretaria de Prensa.

Se espera que Meadows, quien tiene fuertes relaciones con el Congreso, tanto republicanos como demócratas, tenga buen margen de negociación para adelantar la agenda presidencial.

McEnany, quien fue su vocera en la campaña anterior y una firme defensora del Presidente, optará por el mismo mensaje a los medios, aunque se espera el nombramiento de otros integrantes.

Si en las próximas semanas se confirma una disminución en los contagios seguramente aumentará la presión para relanzar la economía pronto.

Sin embargo, no se descarta una batalla política entre la Casa Blanca y el Congreso.

El mandatario ha dicho que está escuchando atentamente a sus asesores médicos y científicos y que determinará sus acciones en base a las últimas estadísticas. Pero en última instancia, esto será una decisión política pues ya ha adelantado que no se debe permitir que la crisis dañe la economía del país.

En esta encrucijada, Estados Unidos no está solo. Todos los gobiernos del mundo están desesperados por ver el final de la pandemia, pero la vía de cómo regresar a una vida normal será la prueba de fuego para todos ellos.

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¿Debería el gobernador DeSantis emitir medidas sanitarias de carácter obligatorio para todo el estado? 40.85%
¿Las medidas deberían ser potestad de los gobiernos locales según se requieran? 32.23%
¿Las medidas sanitarias deben ser decisión individual de cada persona? 26.92%
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