Hoy que escuchaba el discurso que Melania Trump daba desde Pensilvania me pregunté qué tan popular podría llegar a ser si se convirtiera en la Primera Dama de Estados Unidos.
¿Primera Dama o Caballero?
Si bien es cierto que tiene una exitosa carrera como modelo, creo no equivocarme al decir que, en la clase media y baja en Estados Unidos, no todos la conocen. Aunque se identificaría con la clase inmigrante, no es sencillo comparar a la señora Trump con la mujer promedio en el país.
Hay que reconocer, sin embargo, que la alternativa por el Partido Demócrata también tiene sus cosas. Si bien es cierto que Bill Clinton fue un presidente que tuvo aciertos en materia económica, sus escándalos por amoríos extra maritales creo que todavía lo hacen más reconocido.
Ahora, si tomamos en cuenta la imagen de Michelle Obama, la actual Primera Dama, diría que tanto Melania Trump como Bill Clinton tendrían un monumental reto a cuestas. Desde antes de que Barack Obama ganara las elecciones, Michelle se ganó la simpatía de un gran número de estadounidenses por su sencillez. Era fácil identificarse con alguien que usa, por ejemplo, las marcas de ropa accesibles para la mayoría de los residentes del país.
Hay que reconocer, por otra parte, que dejando a un lado los periodos presidenciales de Bill Clinton, su trabajo posterior ha dejado huella en distintos ámbitos sociales, claro, con su respectivo cobro a través de sus conferencias. También es cierto que tener a Bill en la Casa Blanca otra vez, podría ser una fuente de asesoría para Hillary si gana el 8 de noviembre.
Si Melania Trump se convirtiera en Primera Dama, no dudo que aparecería en portadas de revistas, que se involucraría en programas sociales y en proyectos en pro de la educación pero no sé qué tan “cercana” llegaría a sentirla el ciudadano común. No digo que a la actual Primera Dama haya sido sencillo visitarla pero, por lo menos, no es difícil sentirla cercana.
Con Michelle Obama me siento identificada, creo que podríamos sentarnos a tomar un café y tener una conversación interesante sobre política, salud, educación, empoderamiento de la mujer, igualdad salarial y hasta programas de prevención del consumo de drogas entre los jóvenes.
Con Bill Clinton hablaría de la situación en Medio Oriente, de cómo crear más empleos en Estados Unidos, de los acuerdos comerciales y hasta le preguntaría que modificaría hoy del NAFTA que firmó en los noventa.
Pero con Melania no sé qué tan cómoda me sentiría si conversaremos. No sabría de qué tema podríamos platicar. Estoy segura de que tiene opinión sobre los asuntos más importantes en el país pero no es lo mismo ver “los toros desde la barranca” que “desde dentro del ruedo”.
Entiendo que tanto Melania como Bill tienen lista su receta de galletitas para navidad y sería bueno probar ambas. Lástima que no se puede hacer lo mismo con lo que podría ser la presidencia de sus medias naranjas. Lo que me parece difícil de digerir es el cómo, con los casi mil millones de dólares que se han gastado en sus campañas, podremos tener una Primera Dama o un Primer Caballero que represente al ciudadano promedio, a ese que le toca hacer sus galletitas de navidad porque no le alcanza para comprarlas.
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