El sistema de sanciones es una poderosa herramienta coercitiva con la que la comunidad internacional enfrenta amenazas como el terrorismo, la proliferación nuclear, el narcotráfico, el crimen organizado, los conflictos armados, la corrupción, las violaciones a los derechos humanos, entre otros.
Sentando los límites al autoritarismo ruso
Los programas de sanciones se han convertido en la respuesta de facto ante las crisis globales porque envían un mensaje más contundente que el lenguaje diplomático, aunque sea un paso por detrás de la intervención militar y se consideran efectivos hasta cierto punto, para presionar a quienes incurren en actos contrarios al Derecho internacional.
Cuando se declara un embargo, se le revoca al actor o al país los privilegios en su relación con la sociedad global.
Generalmente deben ser temporales para no perder su fuerza, y es que hay numerosos regímenes autoritarios, por ejemplo, que han sobrevivido a largos periodos de sanciones sin mostrar un cambio político social significativo, como Cuba, Irán o Venezuela.
“Durante más de medio siglo, sucesivas administraciones estadounidenses aplicaron políticas de aislamiento económico y diplomático al país insular. Estados Unidos ha sancionado a Cuba por más tiempo que a cualquier otro país”, destacó el Council on Foreign Relations.
En cuanto a Venezuela, durante la presidencia de Barack Obama se implementaron las primeras sanciones en 2014.
Desde entonces, Estados Unidos lidera con más de 300 designaciones, seguido por Canadá con 113, la Unión Europea con 93 y Suiza con 36, contra miembros del régimen de Nicolás Maduro.
Originalmente fueron dirigidas de forma individual, tanto a personas naturales como jurídicas, públicas y privadas, evolucionado gradualmente desde 2017 a sanciones sectoriales, según detalla un trabajo del Banco de Desarrollo Interamericano realizado por Nizar El Fakih.
Sin embargo, hasta ahora no hay cambios significativos en el Estatus Quo político de esos dos países latinoamericanos.
Entonces ¿funcionarán las sanciones contra Rusia esta vez?
El presidente Joe Biden ha prometido castigos históricamente severos contra Rusia, a cambio de que desista de cualquier forma de intervención militar en Ucrania.
El Kremlin, de manera provocativa, envió al vicepresidente ruso Yuri Borisov en visita a Venezuela, Cuba y Nicaragua para estrechar lazos y firmar acuerdos de cooperación militar con los gobiernos de esas naciones.
El desafío para Washington y sus aliados es que mientras el presidente ruso Vladimir Putin es el único a cargo de tomar las decisiones, en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se debe trabajar por lograr acuerdos con sus 30 miembros, algunos de los cuales, como Alemania, se verían muy afectados por las sanciones a Moscú.
No es solo que la mayor economía europea depende del gas procedente de Rusia como fuente de energía esencial, sino que se trata de unas sanciones que a largo plazo impactarán a la Unión Europea fuertemente y ni qué decir sobre la economía mundial.
Las sanciones propuestas por la Casa Blanca incluyen restringir la exportación de tecnología estratégica como microchips, prohibición a los bancos rusos de acceso al sistema bancario internacional y mantener cerrado el gasoducto de Nord Stream 2 recién terminado, aunque esto vaya en contra de los intereses económicos de Berlín.
De cualquier manera, Alemania suspendió el proceso de conformidad del gasoducto tras la entrada de tropas rusas a Ucrania el lunes.
Estados Unidos ha pasado semanas buscando acuerdos alternativos para el gas natural ruso, en África y Medio Oriente, así como con empresas estadounidenses.
La gran pregunta es ¿hasta cuándo Alemania y el resto de Europa, aguantarán las consecuencias de las sanciones a Rusia?
Entonces, ¿habrá un límite de tiempo o tendrán que acordarse sanciones secundarias para mantener las penalidades?
El Senado estadounidense ha estado reflexionando sobre este asunto y parece haber diferencias de opinión.
El tema es que unas sanciones secundarias a más largo plazo tendrían efectos aún mayores en la economía mundial, pero, por otro lado, si las sanciones están limitadas en el tiempo, Putin tal vez les reste importancia.
En cualquier caso, el líder ruso ha buscado reducir su dependencia del dólar estadounidense y ha impulsado un acercamiento estratégico con China.
Desde que llegó al poder, Putin ha tratado de dividir la alianza de la OTAN, pero más allá de considerar a Ucrania un botín de guerra, lo que está buscando es reafirmar su liderazgo internacional, aunque para ello sea necesario poner en jaque el equilibrio mundial.
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