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OPINIÓN

¿Será la guerra con Irán el nudo gordiano de Trump?

Visión analítica desde Washington DC, la capital del país, donde el poder y sus efectos tienen otras perspectivas

Cada vez que el presidente Donald Trump se refiere a la guerra en Irán expresa optimismo respecto a su victoria y el colapso del régimen de Teherán. Sin embargo, a pesar de las sucesivas noches de ataques contra Irán, el ejército iraní aún parece capaz de responder con ataques de drones y misiles contra países del Golfo Pérsico, en los que se encuentran tropas estadounidenses.

La guerra lleva ya casi cinco meses y, a pesar de las esperanzas de un acuerdo de paz tras el alto el fuego de 60 días acordado el mes pasado, el conflicto no muestra señales de terminar; por el contrario se agudiza.

Este es el peor mensaje posible tanto para la administración actual como para los republicanos.

La pregunta es: ¿qué hacer al respecto?

El mandatario debe mantenerse firme y decidido a derrotar a Irán, pero, al mismo tiempo, buscar vías para negociar un acuerdo que traiga estabilidad a la región de Oriente Medio.

En la actualidad, cualquier tipo de acuerdo parece inalcanzable, ya que Irán está decidido a tomar el control del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo y el gas natural del mundo, y los gobernantes de Teherán parecen más interesados en reafirmar su posición que en buscar un acuerdo de concesiones con Estados Unidos.

Si esta situación persiste durante los próximos meses, el aumento del costo de vida, en parte debido al alza del precio del petróleo, afectará a todos los hogares. Las encuestas ya muestran que la mayoría de la población estadounidense se opone a la guerra.

El único aspecto positivo de este conflicto, que parece interminable, es que los países que dependen del estrecho de Ormuz para el transporte de energía están buscando alternativas, como oleoductos y rutas terrestres. Sin embargo, esto llevará años y, mientras tanto, Irán ha demostrado su capacidad para bloquear este punto estratégico a su antojo.

No hay duda de que es un momento de profunda frustración para la Casa Blanca.

Si bien el Presidente afirma que los líderes iraníes siguen buscando el diálogo, los negociadores de Teherán han demostrado en cada ocasión, incluidas las reuniones anteriores, que no están interesados en llegar a un compromiso.

No hay una salida fácil a este estancamiento.

El repentino fallecimiento del senador Lindsey Graham ha dejado al Congreso sin una voz experta en esta materia y no hay suficientes figuras destacadas del Partido Republicano que propongan opciones viables para poner fin a la guerra. Quizás el Presidente, de todos modos, no quiera escucharlas.

Trump parece seguir convencido de que Irán cederá en algún momento y se verá obligado a buscar un acuerdo debido al daño que la guerra y las sanciones petroleras causan a la economía iraní.

Sin embargo, algo que Teherán ha demostrado desde el inicio del conflicto es su resiliencia y su disposición para soportar las consecuencias económicas, independientemente de las medidas que tome Washington.

Esta es, quizás, la mayor sorpresa desde que Estados Unidos e Israel iniciaron esta guerra.

Ante la principal superpotencia militar del mundo, Irán se ha mantenido firme, lo que augura que podríamos enfrentarnos a muchos meses más de acción militar, algo que, al parecer, el mandatario no calculó al decidir el ataque a Irán.

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