Resulta fascinante observar cómo desde las gradas se instruye al gladiador sobre cómo sostener la espada.
Sobre la arrogancia de los espectadores
María Corina Machado lleva dos décadas navegando un laberinto político que pocos comprenden en su complejidad total
María Corina Machado lleva dos décadas navegando un laberinto político que pocos comprenden en su complejidad total. Ella conoce cada pasillo, cada trampa, cada rostro detrás de cada máscara. No necesita que le recuerden quién es quién en esta historia, ese directorio lo escribió ella. A quien hay que recordarle que sume es a ustedes, que con cada crítica destructiva parecen aliados involuntarios del narcorégimen.
Mientras ella convoca a construir ese frente amplio que puede obligar a elecciones creíbles en meses, ustedes gritan traición y el narcorégimen aplaude cada tweet, porque están haciendo gratis el trabajo de fragmentación que a ellos les costaría millones.
Hay una palabra para quien sabotea al único liderazgo capaz de convertir legitimidad en poder real: cómplice. Involuntario quizás, pero cómplice al fin. Aunque leyendo la constancia de sus ataques, uno empieza a dudar de la inocencia.
La realidad sigue siendo brutal y simple: o se construye esta unidad ahora, o se pierde la ventana histórica que abrió la captura de Maduro. La oposición no necesita más analistas de Twitter. Necesita combatientes que entiendan que en política de alto riesgo, la unidad no es debilidad, es la única forma de ganar.
Así que decidan: o bajan a la arena, o dejen de gritar desde las gradas. Punto.
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