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OPINIÓN

Ucrania y la membresía que nunca llega

Visión analítica desde Washington DC, la capital del país, donde el poder y sus efectos tienen otras perspectivas
Por SONIA SCHOTT

Desde su fundación el 4 de abril de 1949, la Alianza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha expandido, principalmente hacia el este de Europa, absorbiendo a tres países de la antigua Unión Soviética y otros de los que fueron sus satélites.

Fue el presidente estadounidense Harry Truman (1945-53) el encargado de firmar el Tratado del Atlántico Norte para asegurar la paz en Europa y contener el comunismo promovido por el Kremlin.

El Pacto de Varsovia, que fue la respuesta de la URSS a la OTAN, se disolvió en 1991 con el derrumbe de la Unión Soviética.

Sin embargo, tras un periodo de acomodo entre la nueva Federación Rusa y los países de occidente, el tema de la expansión ha vuelto al tapete, reavivando las difíciles relaciones entre Moscú y Washington.

Rusia, por su parte, acusa a la alianza político- militar occidental de representar una continua amenaza para su propia seguridad.

Y es que, la llamada política de “puertas abiertas” de la OTAN invita a todos los países de Europa a unirse a la coalición.

La Alianza que comenzó con 12 miembros fundadores, hoy cuenta con 31 países. Finlandia es la última membresía.

Washington ha tratado de asegurarle a Moscú que la intención de la expansión es la de difundir la paz y la estabilidad y que no tiene como objetivo debilitar o amenazar a Rusia.

Hoy, el panorama político y mundial ha cambiado drásticamente debido a la invasión de Rusia a Ucrania por lo que el persistente llamado del gobierno de Kiev para formar parte de la OTAN se ha convertido en uno de los temas más controvertidos y potencialmente riesgosos que enfrenta el presidente Joe Biden.

El líder ruso, Vladimir Putin, ha advertido que si Ucrania se une a la alianza occidental, será visto como una amenaza directa y habrá consecuencias.

La OTAN debate ahora este tema candente en la cumbre de Vilna, capital de Lituania y las decisiones que se tomen y el tono del lenguaje elegido para la declaración final de la cumbre tendrán un impacto duradero en las relaciones a largo plazo, con Rusia.

Bajo las reglas de la OTAN, ningún país que esté involucrado en una disputa territorial puede ser considerado para ser miembro de la alianza.

Biden ha asegurado que Ucrania aún no está lista para unirse a la OTAN y calificó de "prematura" la perspectiva de su membresía en medio de su guerra con Rusia.

El llamado de espera a Ucrania representa una prueba de fuego para Biden y la Alianza y, de hecho, saber que Ucrania no puede ser aceptada mientras haya una guerra, podría darle a Rusia un incentivo para continuar la lucha.

Salvo está circunstancia, la OTAN siempre ha dicho que no se debe permitir que ningún país impida que otro se una a la alianza. Hoy, este mensaje resuena más que nunca con Rusia intentando subyugar a Ucrania, que desesperadamente quiere ser miembro no solo de la alianza sino también de la Unión Europea.

Hace 15 años, el presidente George W. Bush, trató de persuadir a la OTAN para incorporar a Ucrania y Georgia. Sus esfuerzos durante la cumbre en Bucarest en 2008 finalmente fracasaron.

Francia y Alemania lideraron los argumentos en contra de Bush y, al final, la declaración de la Cumbre prometió que los dos países algún día se unirían a la OTAN, pero no hubo mención de un plazo.

Sería interesante saber qué diferencia habría hecho si Europa hubiera respaldado a Bush en 2008 y Ucrania hubiera emprendido el camino hacia su afiliación.

¿Habría conducido a una invasión rusa de Ucrania en ese momento de la historia, con Moscú tomando medidas preventivas antes de que Kiev se uniera a la alianza?

Tal vez si Ucrania, se hubiera convertido antes en miembro de pleno derecho de la OTAN, Moscú nunca habría lanzado la invasión el 24 de febrero de 2021, pues Putin habría sabido que un ataque habría sido una declaración de guerra a la Organización, de acuerdo con el artículo 5 del tratado.

Ahora, mientras hay una terrible guerra en Ucrania, se vuelve a prometer una suscripción sin fecha en tanto el conflicto continúe, y Putin estará aún más decidido a evitar que su vecino forme parte del club occidental.

Quizás Bush tenía razón y los líderes europeos estaban equivocados. Ahora es demasiado tarde para reflexionar sobre lo que podría o debería haberse hecho pero tal vez la cumbre en Vilnius pueda recoger las piezas de indecisiones pasadas y tratar de forjar un enfoque unificado para contener a Rusia, una vez más.

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